Escribe Alexandro Saco

La aprobación legal del uso del Cannabis medicinal es un punto de quiebre para recuperar el sentido de la salud y de sus necesidades de atención. Esta lucha ha permitido identificar que son la persona y su familia, las indicadas para conocer y elegir la medicina que más bienestar le otorga. Se trata de una recuperación de la autonomía de la libertad en salud, frente al peso de la influencia médica y de los intereses de la industria farmacéutica; siendo además una cachetada a la hipocresía social que pretende convertir una planta en el chivo expiatorio de sus problemas.

Y es que al Cannabis se le responsabiliza casi de todos los males sociales relacionados a las adicciones y al comercio de las drogas; se le ha satanizado buscando ocultar los grandes daños que generan y producen otras drogas como el alcohol, y se le utiliza para no enfrentar el tráfico de cocaína que a pesar de los miles de millones invertidos sigue creciendo. El uso medicinal del Cannabis y su gran capacidad de alivio a decenas de padecimientos, es contrario y desmiente todo el aparato de propaganda levantado durante décadas en su contra.

Ciencia desnuda

Los testimonios e investigaciones sobre el poder de alivio del Cannabis son abundantes; hasta la Food and Drug Administration (FDA) ha debido reconocerlo en pocos casos, no habiéndolo hecho en más por el poder de las farmacéuticas en EEUU. Muchos países ya desarrollan industrias nacionales, que además les permiten acumular conocimiento y capacidad técnica para la elaboración de los distintos tipos de aceite. Y es que no se trata de una medicina homogénea y unidireccional, sino que estamos ante la posibilidad de que el paciente vaya identificando las cepas de esta planta que sirven para mejorar su salud.

Resulta estúpido oír a médicos, sociedades científicas y representantes de instituciones con nombre de árbol, deslizar la posibilidad de que el uso del Cannabis medicinal pueda llevar a adicciones, es decir convertir a un paciente en casi un “fumón”. Lo que sucede es que existe un fundamentalismo científico y otros intereses, que frente a la contundencia de lo que expresan los usuarios y sus familias, han quedado deslegitimados; el monstruo que han levantado contra la marihuana se va desmontando.

Ley completa

La ley que se apruebe no sólo debe permitir la importación que favorecerá a cierta industria que ya ha identificado la rentabilidad de esta medicina; la ley para ser justa debe permitir e impulsar: 1) Auto-cultivo organizado de las familias con asesoría de instituciones, instancias del sistema de salud o universidades; 2) Divulgación libre del conocimiento y efectos que el desarrollo de los diversos tipos de aceite permite; 3) Despenalización absoluta de toda situación que pueda llevar interpretar o definir el auto-cultivo como ilícito; 4) Competencia expresa para que el Instituto Nacional de Salud y las universidades desarrollen investigación y produzcan aceite de Cannabis; 5) Libertad de acceder al uso del Cannabis sin necesidad de prescripción médica, y la protocolización para un efectivo acceso a su uso en el sistema de salud.

El país ha visibilizado esta lucha; los usuarios y familiares han demostrado sin atenuantes que en ejercicio de su libertad, a pesar de ser perseguidos, el Cannabis medicinal es parte del derecho a la salud. No se han dejado encasillar, y como en pocas ocasiones hay un apoyo desde diversos espacios a una causa. Queda el debate en la Comisión de Salud del Congreso, que brilla por sus limitaciones y se ha dedicado a privilegiar intereses corporativos y gremiales. Veremos si la Comisión y el Pleno están a la altura de la responsabilidad.

Abriendo la puerta salud

El ejercicio de la medicina debe cumplir con un principio universal: la beneficencia; es decir hacer el bien. Lamentablemente por la presión de los intereses que buscan medicalizar la vida, el uso indiscriminado de medicamentos se ha normalizado. Los médicos y profesionales de la salud desde la universidad son influenciados y encuadrados para otorgar a los medicamentos industriales un valor superior, casi supremo en su relación con los pacientes. Esta lógica ha llegado a extremos como los de extirpar partes del cuerpo para no desarrollar algún tipo de cáncer o “identificar” propiedades preventivas en muchos medicamentos y así recetarlos alegremente.

El sentido del auto-cultivo del Cannabis, la libre elección de la medicina, la posibilidad de generar conocimiento intercalando lo artesanal con lo técnico, es volver al sentido original de las medicinas; eso es lo que se busca evitar. Si esta puerta se abre como se está abriendo, será un impulso para recobrar los conocimientos, saberes y propiedades de miles de plantas que se han invisibilizado para privilegiar a la industria farmacéutica.

No estamos ante un tema médico, estamos ante un asunto de salud, que son cosas distintas. El conocimiento médico, que sin duda tiene un enorme aporte en la recuperación de la salud y prevención de la enfermedad, no es absoluto ni infalible. Es un componente de los sistemas de atención de salud. Mientras que la salud, está conformada por un cúmulo de experiencias personales y colectivas, conocimientos ancestrales, prácticas sociales e individuales, influencias ambientales y culturales. Reconocer el Cannabis como la gran medicina que es y proteger su producción autónoma, será uno de los avances más importantes que tengamos como sociedad

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