Hoy 08 de marzo, se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Más que un día para celebrar -se recuerda la muerte de 140 mujeres trabajadoras en una fábrica en Nueva York por paupérrimas condiciones laborales- debe servir para reflexionar si el sistema en el que vivimos y nosotros mismos estamos haciendo lo correcto en relación a las desigualdades de género existentes. Como tal consideramos importante esbozar el escenario de desigualdad que sufren las mujeres en nuestro país con algunas cifras y realidades, identificando las principales e inaceptables brechas de género que hay que tenemos que cerrar. Así, cuando hablamos de igualdad de género, coincidimos con la ex ministra Carolina Trivelli cuando dice que “no se trata de una agenda de las mujeres ni de las feministas. Se trata de una agenda de todos, donde todos tenemos algo que hacer”. Es por ello que nos enfocaremos en tres tipos de desigualdad que creemos son causales de muchas de las duras manifestaciones de desigualdad que giran en torno al machismo o a la violencia contra la mujer: la desigualdad educativa, la desigualdad laboral y la desigualdad política.

LAS CIFRAS DE LA DESIGUALDAD 

Como bien propone el investigador de Grade, Martín Benavides, “la educación es la institución que legitima socialmente procesos de diferenciación de estatus entre las personas, al mismo tiempo que proclama la igualdad relativa entre ellas”. Cómo estamos en el Perú al respecto: si bien se ha reducido la brecha de asistencia escolar a la primaria en el Perú, aún un porcentaje menor de adolescentes mujeres (casi 5%) termina el colegio a comparación de los hombres. Sea por un tema cultural o de necesidad económica, muchas niñas y jóvenes son formadas para realizar solo labores domésticas y no se les reconoce el derecho a la educación. Si se adiciona a ello, las pocas o nulas condiciones equitativas para que las adolescentes y jóvenes que quedan embarazadas puedan continuar con sus estudios, tenemos en el saldo un porcentaje menor de mujeres formadas en el nivel educativo superior en competir en similares condiciones que los hombres por un mismo puesto de trabajo.

Probablemente uno de los mayores resultados de ello sea que, hoy en el Perú las mujeres peruanas trabajan mucho más horas que los hombres pero perciben ingresos menores (Cepal, 2015): los hombres ganan en promedio 43% más que las mujeres (S/1341 versus S/.935 de ingreso promedio mensual), mientras la mujer dedica 25 horas más a la semana (40 versus 15) en realizar trabajo no remunerado (ENAHO, 2014). Algunas cifras más: la brecha salarial en el sector público es de 15% mientras que en el privado llega a 32%; y solo el 29% de propietarios de empresas son mujeres.

Que estas desigualdades de género no se hayan puesto lo suficiente en agenda en nuestra lectura tiene que ver con el nivel de representación política y de toma de decisiones en el país. Con solo 21,5% de mujeres congresistas y un 30,8% de puestos de responsabilidad del sector público (funcionarios y directores) no se tiene suficiente peso, ni siquiera para recibir una igual remuneración que la de un hombre para el mismo cargo (INEI, 2015). En los niveles regionales y municipales el panorama es aún más desolador: una sola Gobernadora Regional (4%) entre 25 a nivel nacional, 6 alcaldesas provinciales de un universo de 192 (3,13%) y 45 alcaldesas distritales de un total de 1618 (2,75%) son cifras que nos deberían preocupar aunque el escenario mejora un poco -y podría seguir mejorando- dada la mayor presencia de regidoras municipales y consejeras regionales que aumentó entre los comicios del 2010 y 2014, de 23 a 36%.

NUESTRA POSICIÓN

De todo lo revisado y discutido queremos dejar sentada nuestra posición: no existe razón alguna para que una niña peruana tenga menos oportunidades de desarrollo que un niño en cualquier lugar del país. Esto se logra antes que nada con una educación que erradique los estereotipos machistas y les permita a niños y niñas por igual a desarrollar plenamente sus capacidades para poder competir en similares condiciones de jóvenes y adultos. También se logra con legislación laboral que ayude a erradicar aquellas prácticas que reconocen sueldos distintos (menores para las mujeres) por un mismo puesto. Esto requiere que las mujeres tengan igual representación en la arena política, donde se defienden y votan decisiones trascendentales. En esta lógica nos interesa saber qué proponen los candidatos presidenciales. El Estado tiene aún mucho margen para reducir proactivamente estas brechas con acciones afirmativas enmarcadas en políticas de igualdad de género.

 ¿QUÉ PROPONEN LOS CANDIDATOS SOBRE LA IGUALDAD DE GÉNERO?

Evaluamos los 9 planes de gobierno de los candidatos con mayores opciones a alcanzar la presidencia adoptando las tres categorías de desigualdad que nos parecen relevantes: educativa, laboral y política. Así, encontramos tres tipos de propuestas:

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TIPO 1: IGUALDAD EDUCATIVA, SALARIAL Y POLÍTICA

En este primer grupo tenemos a los candidatos Mendoza y Kuczynski. El plan de Mendoza propone en materia de igualdad educativa un “incremento del 50% en el número de niñas que culminan la educación básica y que acceden a la educación superior”, en relación a la igualdad laboral propone incorporar licencias de maternidad y paternidad hasta las 18 semanas para “promover la corresponsabilidad del cuidado en la primera infancia”, así como la ampliación del programa Cuna Más a un Sistema Integral de cuidados (SIC) que promueva la igualdad de género y reconocimiento de derechos laborales plenos a trabajadores del hogar según recomienda OIT. Promete explícitamente reducir la desigualdad de los ingresos al 10%. Finalmente en igualdad política propone paridad en todos los niveles y estamentos de gobierno, para cargos de elección popular y de designación. Kuczynski por su parte propone poner en marcha un nuevo Plan de Igualdad de Género que considere una reducción de la brecha salarial para la misma función, más centros Cuna Más y un Programa de Educación Básica Alternativa de Jóvenes y Adultos así como ofrecer créditos direccionados a mujeres emprendedoras. En cuanto a paridad política no llega a ser tan explícito pero propone alcanzar una presencia más numerosa en los puestos decisivos en el sector político, público y privado a través de la promulgación de la ley de cuotas de género para jueces y magistrados y la ley contra el acoso político y la discriminación por razones de género. En el caso de ambos y el de Guzmán (que está en el siguiente grupo) es meritorio que hayan especificado la necesidad de combatir los estereotipos machistas y de abuso de género tanto en las aulas como en campañas mediáticas lideradas por el Estado. Les tomamos la palabra.

TIPO 2: SOLO IGUALDAD EDUCATIVA Y APOYO LABORAL A LA MUJER

Aquí se ubica en solitario el candidato Guzmán, quien además de proponer varias medidas para apoyar a las víctimas de la violencia contra la mujer –como lo hacen casi todos los candidatos-, propone “crear espacios de educación adaptados a madres adolescentes dentro de los colegios” además de que “el 100% de adolescentes, hombres y mujeres culminen la secundaria en áreas rurales”. Además propone capacitar en igualdad de género a todos los directores y docentes del país. Finalmente considera que debe ampliarse el sistema de cuidado infantil como apoyo integral a las madres así como programas de capacitación laboral para las mismas. Muy poco en este tema y casi ni se pronuncia respecto a la igualdad en temas de representación, más allá de alguna terminología genérica. Tarjeta amarilla.

TIPO 3: (PRÁCTICAMENTE) NO PROPONEN NADA

Aquí tenemos al resto de candidatos, para quienes el tema es en importancia marginal o casi inexistente. Tenemos por ejemplo al candidato Acuña, quien propone con aparente precisión “reducir el nivel de desigualdad de género de 0.39 a 0.20” pero no especifica ni una sola medida concreta al respecto más allá de “incorporar contenidos de cultura de paz y prevención de la violencia contra la mujer”, una burla. Lo de García es aún más penoso, solo hace alusión a fortalecer la educación cívica en las escuelas públicas y a “fortalecer la familia como la principal institución para educar en respeto entre varones y mujeres”, casi casi un pastor evangélico. Por su parte Fujimori se preocupa, en lo poco que aborda el tema, del feminicidio, lo que no deja de ser trágicamente paradójico teniendo un congresista de su bancada que fue Ministro de Salud de su papá cuando se esterilizó de manera forzada a miles de mujeres pobres en los noventas, quizá algo tenga que ver cuando en su plan dice: “aprobaremos una política orientada a garantizar el derecho de la mujer a la definición de la oportunidad y el tamaño de su familia”, ¿raro, no? Casi por compromiso hace apenas mención a la educación de las niñas en las escuelas. Es nada para ser una de las dos candidatas mujeres, entre 19 candidatos presidenciales. Urresti y Toledo proponen casi lo mismo: promover la independencia económica de las mujeres (el primero con su programa “Emprende Mujer” y el segundo reduciendo las causas estructurales de la pobreza), poquísimo. Finalmente, el plan que presenta Barnechea es vergonzoso: la palabra “mujer” no se menciona ni una sola vez. Tarjeta roja para los 6.

Hasta la próxima entrega.

 

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