Escribe Paul Maquet.

Esta mañana, el noticiero de América TV presentó un caso policial bastante dramático: una pareja había sufrido el robo de 20 mil soles que estaba ahorrando para la operación de un hijo pequeño con problemas en el oído. Un par de semanas atrás, recuerdo otra historia similar: un “caso social” de una anciana con cáncer a la piel abandonada a su suerte, sin familia que la cuide, amparada solo por la solidaridad de sus vecinos en un asentamiento humano muy pobre.

Lo que me llama la atención de estos casos es que –más allá de los aspectos policiales o humanos- este tipo de historias tienen en común un elemento clave: se trata de ciudadanos sin acceso a un seguro de salud adecuado. Este hecho escapa por completo al reportero y a los presentadores, quienes se concentran en otros aspectos, por ejemplo, la destacable solidaridad de los vecinos o la ingenuidad de la pareja que sufrió el robo, la falta de bancarización de los ahorros o la actuación de la Policía.

La pregunta es sencilla: ¿Por qué una pareja humilde de Comas tiene que ahorrar durante años para poder operar a su hijo? ¿Por qué una señora con un cáncer avanzado no tiene una habitación digna en un hospital, medicinas y cuidado? En este último caso, recuerdo que la mujer había sido dada de alta en un hospital público, lo que implica que sí tuvo algún tipo de seguro pero cuya cobertura resulta insuficiente.

Nueve millones de peruanos no tienen acceso a ningún tipo de seguro de salud,  y el actual Gobierno quiere reducir el número de afiliados al ya de por sí limitado SIS. Estos son los temas de fondo que se vuelven invisibles con una cobertura mediática que no es capaz de enfocar lo estructural, que nos permite ver el árbol pero no el bosque.

Esto ocurre a menudo. Noticias sobre feminicidios enfocadas en el hecho violento, pero que no permiten entender que este es solo el resultado extremo de un sistema de pensamiento machista enraizado en nuestra sociedad. Noticias sobre accidentes de tránsito que pasan por alto el hecho de que en las pistas han muerto 60 mil personas en 20 años, casi tanto como en la época del terrorismo; un dato que debería permitirnos entender que este problema va mucho más allá de la tragedia individual, que es un problema social que está asociado a un sistema, a una forma de organizar nuestro transporte.

Dado que los medios tienen una influencia muy importante en la determinación de la agenda pública y de la agenda política, la manera cómo estos problemas sociales y políticos se re-encuadran como problemas individuales o policiales tiene una consecuencia: evita que estos problemas entren en la agenda. Así, la discusión se centra en la señora enferma, la mujer asesinada, el temible ladrón y los heroicos policías, el imprudente conductor. Y ni los políticos ni la ciudadanía discuten sobre el sistema de salud, el aseguramiento universal, la lucha contra el pensamiento machista o la revolución de nuestra movilidad.

 

Comentarios

comentarios