Una de las sorpresas del escándalo de las conservas chinas de pescado contaminadas con parásitos, es que más del 70% de las conservas de pescado que se venden en Perú son importadas. Incluso programas sociales como Qali Warma compran conservas importadas. ¡Cómo es eso posible si tenemos uno de los mares más ricos del mundo!

La Sociedad Nacional de Pesquería ha salido con una propuesta similar a la defendida por el fujimorismo para LATAM (exLAN): que se les exonere de los impuestos a los combustibles porque sólo así pueden competir. ¡Pobrecitas, si la empresa TASA “apenas” vende 156 000 de toneladas de harina de pescado anuales facturando más de 370 millones de dólares! TASA pertenece a los Brescia, una de la apenas media docena de familias peruanas billonarias. Se la llevan fácil por cierto: a pesar de que el mar y los peces que ahí viven son un recurso natural que pertenece a la nación, las pesqueras apenas pagan entre 3 y 5 dólares por tonelada, menos de la tercera parte del 1 por ciento de su valor.

¿Es razonable que se den ventajas tributarias a los hiper-ricos, cuando al mismo tiempo la inversión pública, el mantenimiento de las pistas, la salud y la educación están hasta las cangallas? ¿Sería justo qué usted, yo y cualquier peruano compre su gasolina o diesel con impuestos pero las grandes pesqueras no paguen impuestos? Ya que hablamos de mar peruano y pesca, bien podemos decir que esta propuesta es merecedora de la ostra de la semana.

El problema de las conservas y el consumo nacional de pescado se ejemplifica bien con TASA: 75% de su negocio es harina de pescado. Es que las grandes empresas pesqueras prefieren exportar harina de pescado – cuyo destino principal es alimentar chanchos y piscicultura en Asia – antes que alimentar a los peruanos. Entre enero y setiembre de este año, las exportaciones de harina y aceite de pescado han aumentado 65%, llegando a 1,400 millones de dólares. La de siempre, en vez de industrializar y promover el mercado interno – como nos recomendó el economista de Harvard, Dani Rodrik en visita por Lima el miércoles pasado-, se prefiere seguir con el modelo primario-exportador.

La política del estado tampoco ayuda: ¿Cómo es posible que no haya controles adecuados de la calidad de las conservas de pescado que llegan importadas al Perú? Considerando que si hoy la fiscalización es mala antes era nula, mucho me temo que sin saberlo hemos estado comiendo conservas agusanadas por décadas. Tampoco hay promoción de la industria nacional.

Estos son los absurdos del neoliberalismo, de esa ideología que nos dice que el “libre mercado” y la empresa privada sin regulaciones es lo mejor que hay: en vez de promover industria nacional que alimente y de empleo a los peruanos, importamos conservas contaminadas, en parte pagadas con dinero del presupuesto público, es decir de nuestros impuestos. ¡Qué tal!

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