Los mitos, la práctica “en el campo” y el internet se convierten en las principales fuentes de información sobre métodos anticonceptivos para los adolescentes en un país donde la educación sexual y la anticoncepción son un privilegio.

“Aprendí a cuidarme en la práctica, y mis amigos me explicaron”. Así respondió un joven cuando le preguntamos cómo aprendió a usar un condón, y dio las gracias a que en los paquetes vinieran tres, porque siempre arruinaba uno o dos, y no sabía si el tercero estaba “bien puesto”. Lydia D., por otro lado, contó que aprendió leyendo revistas para adultos. ¿Y la escuela? ¿Y sus padres? Pues en la escuela nadie les habló de eso, o solo les colocaron un video de 1970 que decía que el sexo era malo y que debían abstenerse y les dio vergüenza preguntar a sus padres. Solo quedó hablar con amigos que estaban tan desinformados como ellos, o ir aprendiendo a tumbos, con errores, que muchas veces quedan para siempre.

La educación sexual no es un tema de juego. Creyendo en mitos como “la primera vez no quedas embarazada” o “si terminas afuera no pasa nada” los adolescentes continúan sin recibir suficiente información. En el Perú muchas escuelas no imparten Educación Sexual Integral (ESI) pese a estar en la currícula, y si lo hacen, está llena de prejuicios. El Instituto de Estudios en Salud, Sexualidad y Desarrollo Humano (IESSDEH) realizó un estudio en varios colegios del país y se llevó una terrible sorpresa: solo el 54% de escuelas afirma seguir la currícula del MINEDU para enseñar ESI, el 42% lo hace “a su manera” y un 4% dice no haber enseñado nada al respecto.

“Ya, pero ellos pueden leer en internet, ¿no? Si van a hacer cosas de grandes, pues que se cuiden como grandes, si hasta regalan condones”. Nos encantaría saber que pudiesen utilizar un condón… si tuvieran acceso a uno. En el Perú, los menores de 18 años necesitan acudir a los centros de salud con sus padres o tutores para acceder a anticonceptivos gratuitos. ¿Se imaginan a su hija de 15 años diciendo “papá, mamá, ¿me llevan a la posta? Necesito condones”? Nosotros tampoco.

Las dramáticas consecuencias

Las consecuencias por este limitado acceso a la información son muchas, y los jóvenes, justamente por ello, no las conocen. Desde mayor riesgo al contagio de infecciones de transmisión sexual (ITS) hasta embarazos no deseados, las jóvenes llegan a abandonar sus planes, a abortar clandestinamente y hasta morir en el intento por no ser madre.

Las estadísticas sobre embarazos no deseados son alarmantes: 15 de cada 100 adolescentes de entre 14 y 18 años es madre o está esperando un hijo, la mayoría de zonas rurales (12%) y regiones amazónicas.

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Entonces, si los adolescentes no reciben información suficiente y no pueden obtener anticonceptivos, pero, como es natural, desean experimentar con su sexualidad, lo único que se hace es empujarlos al abismo de las ITS, VIH y embarazos no deseados, cuyas consecuencias son catastróficas: según la investigación “Impacto del embarazo en la salud de las adolescentes” (Távara, 2015), el 6% de las jóvenes intentó suicidarse y 13,7% abortar sin éxito. El otro 63,3% experimentó infecciones urinarias, hipertensión o anemia. Que la tasa peruana de embarazo adolescente (14,6%) sea alta en comparación con la de Uruguay (9,6%) o Inglaterra (3%) indican que algo que estamos haciendo mal.

¿Cuál es el problema con las escuelas?

Las escuelas podrían enseñar correctamente a los jóvenes sobre su sexualidad. El MINEDU indica que la ESI debe ser “de calidad científica, ética y con equidad, que contribuya a la formación personal y social de los estudiantes, sin exclusiones de ningún tipo, favoreciendo el desarrollo de conocimientos, capacidades, actitudes y valores, que promuevan su desarrollo sexual saludable, placentero y responsable”.

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Angelica Motta, investigadora del Instituto de Estudios en Salud, Sexualidad y Desarrollo Humano (IESSDEH)

Es decir, la ESI no es solo información sobre métodos anticonceptivos. Angélica Motta, investigadora del IESSDEH lo explica con claridad: “La ESI va más allá de protegerse. Es educación emocional y afectiva, decisiones alrededor de la sexualidad, saber decir que no y saber aceptar esta negativa, y eso se logra con un enfoque de género y derechos humanos”. ¿Es decir que una correcta educación sexual también debería reducir la violencia sexual? Sí. También nos ayudaría a educar mejor a las personas frente al acoso, violaciones sexuales y tocamientos indebidos, además de impedir daños graves a la salud de las adolescentes que quedan embarazadas.

Pero hay dos problemas con las escuelas: el primero es que los docentes no están capacitados para enseñar. Puede ser por vergüenza o por ser religiosos o conservadores, con una moral restrictiva. El segundo problema es que no existe un mecanismo para monitorear a los profesores: si el MINEDU acepta capacitar a los maestros, ellos vuelven a clases, y continúan enseñando lo que consideran correcto, sin vigilancia ni retroalimentación.

 

 

Pero estos no son los únicos problemas. Según nos contó Rossina Guerrero, directora de Incidencia Política de Promsex, existirían fuerzas conservadoras que estarían impidiendo el progreso oficial en la materia: “hay personas abiertamente confesionales que han trabajado en el MINEDU con cargos altos. Está el caso de un ex cura marista que tuvo una dirección a cargo, e incluso el Consorcio de Colegios Católicos, que no permite que se dicte una educación espiritual en sentido amplio sino exclusivamente la religión católica”, afirmó.

La existencia de estos grupos no es un problema en sí mismo, el problema está en que desde una posición de poder, cedida por las propias autoridades del ministerio, se sienten con derecho a ejercer presión para impedir que se capacite a los docentes. Tal como afirmó Guerrero, “la autoridad es cómplice”. ¿Y qué tan cómplice? Tanto, que la dirección de Tutoría, encargada de monitorear y capacitar a los docentes, elaborar planes para enseñanza de ESI, según Guerrero, hace dos años y sin ninguna explicación, fue eliminada. Cuando quisimos comunicarnos con personal del MINEDU para que nos expliquen al respecto, no obtuvimos respuesta alguna.

¿Por dónde van las soluciones?

Motta afirma que “es necesario que el MINEDU haga capacitaciones con los lineamientos que existen desde el 2008, con una perspectiva integral incorporada. Si esto funciona, debe ser de manera masiva”, y añade: “es necesario garantizar un sistema de evaluación y monitoreo para ver si esta capacitación está funcionando”.

Rossina Guerrero

Rossina Guerrero, directora de Incidencia Política de Promsex

El tema tampoco ha sido una prioridad en la agenda electoral. De los diecinueve partidos políticos que se presentaron en el reciente proceso electoral, solo dos (Frente Amplio y Peruanos Por el Kambio) hicieron mención explícita al acceso a la información y programas de ESI. Por ello es parte de nuestra tarea como ciudadanos exigir que esto se vuelva una prioridad y parte indispensable del plan de gobierno de todo partido político y de la agenda del próximo Congreso de la República.

Esto, si no queremos que las dramáticas cifras actuales sigan subiendo y que solo podamos contar con los dedos de la mano casos de éxito como el de un colegio en San Juan de Miraflores  que logró reducir su tasa de embarazo adolescente de 15% a 0%. ¿Cómo lo hizo? Pues con ESI de calidad, y no solo para los alumnos, también para los docentes quienes lograron eliminar esa noción de que el sexo es algo negativo, sucio o pecaminoso.

Por tanto, necesitamos educación sexual integral como parte de los derechos de los y las adolescentes, capacitación para docentes, monitoreo, inclusión en la agenda mediática y sobre todo eliminar el prejuicio hacia el sexo.

Mientras menos se hable de esto, más crecerá el problema, esto está demostrado. Ahora nos toca hacer algo.

 

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