Escribe Carlos A. Bedoya

A estas alturas de la contundente movilización nacional del magisterio, ya se pueden sacar varias lecciones. Primero, que la política neoliberal educativa y su mal llamada “reforma”, además de ser un rotundo fracaso, está explotando. No es sostenible una educación pública sin suficiente financiamiento, ni infraestructura adecuada, con un currículo que no conversa con las necesidades reales del país, y con profesores con sueldos de hambre. Cada día se abre más la brecha educativa que separa al Perú hasta de sus propios vecinos. El modelo educativo que aplica el Minedu representa un abandono de la escuela pública. Obliga a las familias que pueden, a elegir la educación privada que es tan mala o a veces peor que la pública, con la excepción claro está, de los colegios de la pituquería.

Segundo, que los maestros tampoco tienen nada que proponer al país en materia de calidad educativa. No contraponen un modelo distinto al aplicado por el Minedu. Su reivindicación es meramente salarial. Y si bien no se puede negar la actitud heroica y digna de los maestros, sobretodo de los que han venido de sus provincias a la capital para hacer valer sus derechos, es un error que en sus plataformas de lucha no figure el objetivo de mejorar la educación en el Perú. Su resistencia es admirable, pero no es posible que la huelga se sostenga en el tiempo. Se va a agotar pronto, pero eso no significa tampoco una victoria del neoliberalismo. Lo único que queda en el corto plazo es el desastre del sector Educación.

Tercero, que Patria Roja ya no tiene el control real del Sutep, y lo más probable es que después de la huelga no puedan recomponer su hegemonía. Los dirigentes Patria-Sutep (CEN) son de los más chamuscados en este lío. Pero ni los pukas, ni los senderos, con la mala fama que traen a cuestas, van a poder reemplazarlos. Se va a abrir un espacio para que surja otra fuerza política que entre a tallar en el magisterio. Nuevos dirigentes podrían tener más chance de construir otra hegemonía en el sindicato si además de reivindicar salarios, proponen una alternativa al modelo educativo.

Cuarto, que es bien difícil que la huelga de los maestros se articule con otras luchas. Los maestros solo han pedido aumento para ellos. En general, la lógica gremial economicista impide la unidad de las distintas reivindicaciones y esa es una debilidad estratégica del movimiento social. Por eso, es una tarea de todas las izquierdas transitar a otra lógica de lucha, saltando del reclamo gremial, al reclamo ciudadano. Y el eje articulador allí es la corrupción y la impunidad.

Quinto, que el fujimorismo se está subiendo al coche de la huelga de manera oportunista. Junto al cogollo alanista saben muy bien como poner a PPK contra las cuerdas, pero no para que ocurra ningún cambio, sino para obligarlo a actuar juntos buscando impunidad en la administración de la crisis de régimen que abrió Lava Jato, en el que todos ellos están metidos.

Foto de portada: Rocio Silva-Santisteban / *Esta columna de publicó en la edición impresa de Diario Uno

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