Marcela Huaita, ex Ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables

Hace unas semanas publiqué un artículo sobre la importancia de defender la autonomía del MIMP alertada por las declaraciones del Presidente que anunciaba su posible fusión con el MIDIS pasadas las fiestas patrias. Por ello creí saludable que, en el acto de la transferencia, al recibir el sector la Ministra y congresista Ana María Choquehuanca zanjara este tema anunciando que en su gestión no se fusionará el sector sino que se fortalecerá.

Ya que se enfriaron los ánimos por el lado del Ejecutivo, en el Congreso no han perdido el tiempo y un grupo de congresistas, incluyendo a uno de los vicepresidentes de la Mesa Directiva y a la actual Presidenta de la Comisión de la Mujer del Congreso han presentado un proyecto de ley para que se “Declare de necesidad pública y preferente interés nacional la creación del Ministerio de la Familia e Inclusión Social”* .

Debo decir que a lo largo de todas estas semanas, he escuchado diferentes voces y consideraciones acerca de las ventajas y desventajas sobre tal fusión, desde diferentes perspectivas. Desde las que justifican la fusión enfatizando al máximo el tema económico “un ministerio sin presupuesto no tiene fuerza”  hasta las más autónomas “tengamos un ministerio de la mujer e igualdad de género, exclusivamente”; sin mencionar las posiciones más ultras que proponen subsumir el ministerio de la mujer en un ministerio de la familia, o las que se asumen como más “modernas” argumentando que la perspectiva debe ser transversal en el Estado  y por tanto no requiere de un ministerio, que se suman a  las más “liberales” que argumentan la necesidad de reducir burocracia para hacer un estado más ágil,  y aquellas posiciones “pragmáticas” que ven la fusión como una  oportunidad para trabajar con fuerza el enfoque de género en los programas sociales y llegar de mejor manera a las mujeres que más necesitan la presencia del Estado,  y así, podría seguir enumerando.

Foto: Juan Zapata Sánchez

Mientras esto se discutía en diferentes ámbitos, fueron surgiendo voces, cada vez más fuertes que hacían conocer su opinión en contra de dicha fusión, generándose un consenso sobre lo poco pertinente de la propuesta de la fusión, especialmente cuando estamos a un año de la movilización nacional #Niunamenos -la movilización más grande que ha habido en el Perú en contra de la violencia hacia la mujer-, en donde además participó el presidente y todo su gabinete y, estando nuestro país nada menos que en la Presidencia de la Comisión Interamericana de Mujeres (2016-2019), lo cual hacía suponer que el compromiso con “la lucha de las mujeres” significaría más bien el fortalecimiento del sector y no su debilitamiento. Lo que más extraña es que ello parecía no haber sido evaluado políticamente por el Presidente y su entorno cuando se pronunciaron a favor de la fusión y desencadenaron este incierto vaivén.

Todo ello parece indicar que en realidad se necesita profundizar en el debate y el convencimiento de lo legítimo y necesario que resulta ser un Ministerio de la Mujer en un país como el Perú. En esa línea, creo pertinente insistir en reflexionar sobre la importancia, centralidad y carácter diferente de un Ministerio de la Mujer respecto de otros sectores. Veamos, el principal mandato de un Ministerio de Inclusión Social es la lucha contra la pobreza y por eso ahí están concentrados los principales programas sociales. Que las mujeres estamos sobre representadas en este segmento poblacional, sin duda; que para la lucha contra la pobreza, el Estado debe considerar a las mujeres como principales socias en el desarrollo -porque ellas invierten todo lo que tienen en favor de sus familias-, sin duda. ¿Superar la pobreza, significará entonces para las mujeres superar la subordinación y la violencia? Lamentablemente NO.

Foto: Juan Zápata Sánchez

La discriminación y la violencia que sufrimos las mujeres, en todas sus modalidades: Violencia doméstica, Acoso escolar, Acoso Callejero, Acoso laboral, Acoso Político, Feminicidio, y un largo etc. no tiene su raíz en la pobreza sino en el persistente mandato de la sociedad de mantener a las mujeres en una situación de subordinación y garantizar los privilegios masculinos.  Por ello la vocación fundamental de un Ministerio de la Mujer es construir las herramientas necesarias para eliminar la discriminación contra la mujer.

El Ministerio de la Mujer necesita ser un interlocutor fuerte y tener un asiento en el Consejo de Ministros que le permita estar en las mismas condiciones que los demás sectores porque las políticas públicas para erradicar la discriminación y la violencia serán siempre multisectoriales, y la labor del MIMP es transversalizar el enfoque de género en el Estado Peruano. De igual manera, se ha pronunciado la Defensoría del Pueblo rechazando tal fusión y respaldando la institucionalidad.

A lo largo de los últimos 20 años, desde la creación de este sector, ya se ha pasado por  varias apuestas, ha sido PROMUDEH -Ministerio de Promoción de la Mujer y Desarrollo Humano en  la década de los 90, MIMDES – Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social en los 2000; ahora MIMP – Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. Sin embargo, es recién desde el 2012 que la temática de la mujer dejó de recaer sólo en una Dirección General en este sector para pasar a ser un Viceministerio de la Mujer que tiene centrado su mandato en la lucha por la igualdad de hombres y mujeres y la erradicación de la violencia.

Foto: Juan Zápata Sánchez

Necesitamos más bien que desde los Poderes del Estado, tanto Ejecutivo como Legislativo, se fortalezca al Ministerio de la Mujer dotándole por ejemplo con un “Fondo para la Igualdad” –iniciativa impulsada desde el propio sector–. Ello permitiría que a través de incentivos presupuestarios los gobiernos locales, regionales y los sectores trabajen de manera efectiva por la igualdad y la no violencia hacia la mujer. Tengamos claro pues que estar por la causa de las mujeres es apoyar la lucha por la igualdad y al Ministerio de la Mujer.

*(Proyecto de Ley Nª1782/2017-CR)

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