Los amigos del estudiante Erik Arenas Sierra en la facultad de Psicología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos tomaron sus mochilas y casacas para bloquear el acceso de la prensa a imágenes de la madre que desesperaba perseguía la camioneta de la Dirección de Criminalística de la Policía Nacional que trasladaba a la morgue el cadáver de su hijo.

La escena es un acto de dignidad de los estudiantes universitarios frente a una prensa morbosa, no en vano llamada buitre, sensacionalista, ansiosa de muerte y dolor. Pero, ese acto reivindicativo por parte de la sociedad no se advierte siquiera como un mea culpa en la prensa.

El morbo reviste crueldad,  engaño, de alteración de la realidad. Y, sin embargo, los periodistas no hemos sido capaces de enfrentar el desafío por desterrarla porque todos cumplen/cumplieron/cumplirán la misión sin hacer un alto a sus jefes o jefas.

Escucho la narración de canal N sobre la acción de bloquear el morbo con un sentido lejano y luego veo en la web del diario Perú 21 una nota con titular en tercera persona señalando que los estudiantes protegen a la madre del menor “de la prensa” para evitar el morbo. Y otra nota en la web de La República hablando del “conmovedor gesto” que se ha viralizado en Facebook.

 

Pregunta  con obvia respuesta: ¿No son acaso el canal y los diarios parte de la prensa nacional? Lo son y, por tanto, la crítica al bloqueo del morbo también está dirigida a ellos. Está dirigida a todos los que somos parte de manera directa o indirecta. Hablar en tercera persona, sacando cuerpo de la responsabilidad, es también un acto canalla revestido de una superioridad moral para criticar a otros y no criticarse a sí mismo y dar a la vez una respuesta al problema ético: conmigo no es.

Quienes estamos en el periodismo desde hace años sabemos que sigue siendo un desafío deshacerse de tanto sensacionalismo, usaré la palabra morbo que es aún más terrible al oído; porque la respuesta natural debería ser cuestionarnos, hacer mea culpa, negarnos a seguir reproduciendo esa conducta que está muy lejos de los principios del periodismo. El morbo es crueldad, es mentira, es desinformación, es la humillación pública para obtener una ganancia económica.

Todavía recuerdo cuando trabajaba en una canal de televisión al inicio de mi carrera y detestaba cada vez que me enviaban a la casa de alguien que había fallecido en diversas circunstancias y tener que buscar una declaración de un familiar. Odiaba esas comisiones tanto que me fui poco a poco negando a hacerlas, así fui cambiándome del rubro de los ‘muertos’ a las notas políticas o informes especiales de otro tipo. También recuerdo que algunas veces me tocaban hasta tres comisiones de accidentes o muertes en un solo día, imagínense, una cosa es tener y perfeccionar el instinto de búsqueda de información, pero eso no era lo que les importaba, la crónica investigativa no era lo que importaba, era el morbo, cómo estaba el cuerpo, los detalles tenebrosos para captar audiencia.

Hace un par de años al frente de mi casa murió de un infarto el ‘Señor X’. Era un hombre sin hogar, dormía envuelto en una frazada con plástico. Cuando llegó la policía y el fiscal lo desvistieron para revisarlo. La gente se acercaba y se tomaba selfies. Me pareció doloroso, humillante e injusto.  Saqué una sábana y lo tapé. Los muertos valen aún menos que los vivos. La gente también se acostumbra y replica ese morbo porque siente que no está mal, porque “los medios lo hacen”.

Recuerdo que una vez le pregunté a un joven por qué grababa un accidente y me dijo: “Lo paso por Whatsapp y de repente sale en la televisión con mi nombre”. Y me lo decía emocionado. La civilización del espectáculo.

De hace 20 años a hoy lo veo igual o peor porque se han sumado las redes, la viralización. El morbo también es un virus que se extiende y corroe. A falta de espacios para nuestra propia reflexión periodística nos seguimos convirtiendo en  animales plumíferos carroñeros. ¿Hasta cuándo vamos a seguir comiendo de los muertos? ¿Hasta cuándo vamos a vivir de la comisión de sangre y muerte? ¿Hasta cuán importará más que metas la cámara? ¿Hasta cuándo buscarás tener una página más grande en cuanto más ‘ají’ tenga tu historia? ¿Hasta cuándo crearás una historia que nunca sucedió?

Podría seguir con los hasta cuándo y ustedes también. Siempre me pregunta cuándo llegará el momento en que el periodismo no solo sea un poder, sino un poder con verdadera conciencia. No uno que selecciona sus batallas justas según los privilegios que obtiene, sino que crea verdaderamente en sus batallas y defienda la justicia. ¿No era para eso que decidimos ser periodistas? El poder usado para el bien o para el mal. He ahí la cuestión. Sin fiscalización o compromisos y acuerdos no lo haremos. Necesitamos debatir y discutir nuevas formas de periodismo, de lo contrario seguiremos traicionado a la gente. Necesitamos despojarnos del gusto por el morbo y dejar de salivar por las desgracias ajenas que venden. El periodismo habla mucho de su supervivencia frente a nuevas plataformas pero su mayor enemigo es su propia credibilidad disminuida por el morbo, porque es más fácil crear mierda que mérito. Hasta cuándo.

 

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