Escribe Amada Meza

No hay que ser ingenuos ni perder la memoria ni apaciguar las responsabilidades. Hoy el escenario político es adverso y se cometen una serie de afrentas al sistema de justicia y a los derechos humanos que ante una aplastante mayoría fujimorista en el Congreso la reacción de la sociedad democrática se queda corta.

No es que ‘regresamos a los 90’ cuando el fujimontesinismo controlaba el Tribunal Constitucional, el Poder Judicial, el Ministerio Público, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), y la ONPE. Recordaremos figuras que fueron a parar a la cárcel como la exfiscal de la Nación Blanca Nélida Colán o el exvocal Alejandro Rodríguez Medrano. Recordemos también al patético José Portillo Campbell, exjefe de ONPE, gritando “papelito manda” para responder a las denuncias de fraude electoral de Fujimori.

Luego, ¿qué pasó? ¿qué permitimos que pasara? Al caer el régimen fujimontesinista en el año 2000, la OEA  convocó a una Mesa de diálogo con miras a un gobierno de transición. Sin embargo, personalmente, pienso que el fujimorismo no debió integrar esa mesa. Recuerdo que iban Martha Chávez y Luz Salgado cada miércoles a las instalaciones del Country Club donde las fuerzas políticas acordaban los próximos pasos para salir de una crisis política y social, de una historia de corrupción sin precedentes a la que nos llevó el fujimontesinismo.

Luego vino el gobierno de transición con Valentín Paniagua, pero el fujimontesinismo no dejó de cuestionarlo y arremetió con todo cuando llegaron nuevas elecciones enfrentándose a Alejandro Toledo. El fujimontesinismo seguía vivo y solo la Marcha de los cuatro suyos pudo con ellos.

Después tuvimos al gobierno de Alan García que siempre tuvo facilidad para aliarse con el fujimorismo y el de Humala se le enfrentó al naranjismo pero salió perdiendo. El fujimorismo o fujimontesinismo porque le sobreviven los que se sentaron en la salita del SIN, nunca ha dejado de buscar volver al poder. Debió en su oportunidad tener una sanción que no le permitiera volver a la arena política ante el daño descomunal que nos hizo la corrupción instalada en el gobierno de Fujimori. En tanto, la impunidad los protegió se han dado licencia para todo y sin hacer mea culpa de nada.

En todos estos años, desde los 90, el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) que elige a jueces y fiscales se ha visto envuelto en diversos escándalos, así mismo el Poder Judicial con fallos como el que favoreció el Grupo Colina y que tuvo que ser anulado por la Corte Suprema o los juicios por lesa humanidad que nunca llegan a término como El Frontón.

En la fiscalía los años de José Peláez a quien siempre se señaló de corazón aprista. En su gestión durmieron investigaciones contra Alan García y Keiko Fujimori; y luego Carlos Ramos Heredia destituido, cuestionado por su actuación en casos como el de Rodolfo Orellana, del clan Sánchez Paredes y de César Álvarez. Ahora Pablo Sánchez pasa las de Caín, pero su gestión reacciona muy tarde a una situación que era previsible. El Ministerio Público también tiene casos estancados que perpetúan la impunidad, como el caso Esterilizaciones forzadas  que lleva más de 14 años sin resolverse.

Entonces, hablamos de una vigente debilitación del sistema de justicia. De la dictadura pasamos a la transición democrática que fracasó porque los gobiernos de Toledo, García y Humala con algunos esfuerzos, pero no consistentes en el tiempo, no acabaron con la corrupción enquistada. Tenemos un sistema temeroso que no se ha rehabilitado, no se ha recuperado y ha afianzado la desconfianza. ¿Cómo hace frente a las intenciones de ser controlado nuevamente por el fujimorismo, si en casi 20 años no ha podido ponerse de pie, asumir sus responsabilidades históricas y deslindar de sus vínculos políticos?

Estamos viviendo las consecuencias de no haber logrado avances certeros y sólidos en justicia transicional, al punto que ahora se puede hablar de indulto en crímenes de lesa humanidad. Obviamente, el beneficiado es Fujimori.

Los peruanos y peruanas estamos siendo espectadores de la debilidad del gobierno de Kuczynski y del sistema de justicia frente a la mayoría congresal fujimorista y sus tentáculos en diversas esferas de poder. Toca a la sociedad a pesar de la decepción, la desconfianza y el malestar, defenderla en las calles, nuevamente. Porque hay que defender la democracia siempre. El momento es ahora.

 

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