Escribe Pedro Francke, economista

En recientes entrevistas, como la publicada este lunes 1° de octubre, la ministra Claudia Cooper, rebosa optimismo. Se trata de entrevistas fáciles, pero aun así no deja de llamar la atención la escasa sustentación del rumbo de la política económica, y en especial la política fiscal, cuando tenemos un nuevo gabinete.

Lo más importante son los anuncios de política económica. En este terreno, la pregunta fundamental es si realmente se pisará fierro a fondo con la inversión pública para reactivar el empleo y la economía, o si este aumento de la inversión estatal será limitado.  Es ciertamente muy probable que las cifras de inversión pública de los próximos meses, comparando con el mismo periodo del año anterior muestren crecimientos positivos, en especial porque la base de comparación es muy baja debido al brutal recorte de la misma que impulsó a sus inicios este gobierno (Zavala dixit). Pero la cuestión es que no se necesita un aumentito sino un buen empujón para volver a poner en marcha la economía y el empleo en las ciudades.

Algunos creen que la lentitud que ha tenido la inversión pública es principalmente un asunto de mala gerencia por parte del “gabinete de lujo”, o en la versión del gobierno el problema es que los proyectos estaban muy “trabados” y recién estén logrando destrabarlos. Pero si realmente hubieran querido aumentar la inversión pública, no hubieran dado medidas especiales de austeridad y recorte del gasto en agosto del 2016 ni hubieran apostado todas sus balas al relanzamiento de las APPs o Alianzas Público-Privadas donde Odebrecht y demás socias tienen rol destacado. En último caso, hubieran podido, en realidad todavía pueden, facilitar la inversión descentralizada a cargo de gobiernos locales y regionales sin corrupción, o apoyando proyectos de la sociedad civil. No, en realidad la principal razón por la que la inversión pública es baja, y va a aumentar a cuentagotas, es política. Se trata de una decisión política, tomada cuando lo que se necesita es un shock de inversión de 10 mil millones de soles que desde la izquierda hemos reclamado desde la campaña electoral pasada.

Recientes declaraciones de Claudia Cooper al respecto son alarmantes. El jueves pasado, en una presentación pública, Cooper dijo que “en los últimos meses tuvo presiones “desde dentro y fuera del Estado” por aumentar el gasto”, como si ella hubiera sido ministra los meses anteriores. No es difícil adivinar cuál fue la principal de estas presiones: la huelga de los maestros, así como las de los médicos y profesionales de la salud. El mensaje está claro: ella resiste esas presiones, manteniendo los sueldos, gastos corrientes y de inversión controlados y limitados. El mismo MEF de siempre, el del puño apretado hacia las necesidades populares y la inversión pública descentralizada, pero como siempre, generoso con los de arriba, con los grandes poderes económicos.

Sí, porque como ha dicho Cooper en reciente entrevista, no quiere hablar de reducir o eliminar exoneraciones tributarias. Qué importa que los casinos se lleven casi 400 millones de soles al año mientras promueven la ludopatía, qué importa que las universidades- negocio se lleven más de 1,000 millones de exoneraciones cada año aunque no cumplen con los requisitos básicos de calidad que exige la ley y no tienen licenciamiento y que universidades como la USIL aun sin certificaciones de calidad reciban más de 30 millones anuales del estado y sigan sin pagar impuestos. Mientras Cooper “resiste las presiones de gasto” de maestros, médicos, enfermeras y la ciudadanía desde las regiones reclamando inversiones, la bolsa del MEF está bien abierta para permitir que 9 grandes empresas mantengan deudas tributarias por 7 mil millones de soles, nuevamente con la SUNSAT fujimorista como responsable.

Con esta política económica, el crecimiento y el empleo carecerán en los próximos meses y años de un motor interno que los empuje. Quizás algún tiempo mantengamos la suerte de precios internacionales de los minerales más favorables, de tal manera que los vientos del norte empujen nuestro velerito un poco hacia adelante. Con esa suerte, los cofres fiscales tendrán más ingresos y algo más de inversión pública podrá haber. Pero eso estará muy lejos de lo necesario.  Sin una reforma tributaria y fiscal profunda, y sin una diversificación productiva que reactive la industria, el agro y los servicios, no llegaremos muy lejos ni en empleo digno ni en derechos sociales.

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