Sin importar el rechazo de miles de ciudadanos, de diversas organizaciones y de la crítica especializada, la película del cuestionado personaje de Jorge Benavides se proyecta como uno de los estrenos más taquilleros del año debido a la afluencia especialmente de niños, algo que tiene una explicación.

Foto: Difusión

La Paisana Jacinta llegó el último jueves 23 de noviembre, en medio de la polémica, a la pantalla grande y volvió a mostrar esa personificación grotesca y un presunto humor abundante en estereotipos que denigran a la mujer andina.

La película “La Paisana Jacinta, en búsqueda de Wasaberto” es interpretado como siempre por su creador, el actor cómico Jorge Benavides, travestido de una mujer andina torpe, desorientada, ignorante, mal vestida, ajena a la modernidad, que incomoda a todo el que tropiece con ella y que recibe un trato irrespetuoso por todos, especialmente los de tez blanca.

Hijos de Chongomarca

El largometraje es una historia que arranca con la llegada de Jacinta a Lima para encontrar a su pareja Wasaberto, y hacer juntos los trámites para evitar que una constructora brasileña demuela su casa y la de sus vecinos en el ficticio pueblo Chongomarca, nombre que de por sí es una burla: en la jerga urbana de Benavides “chongo” es un burdel.

Así que desde el principio el tópico racista intrínseco en el humor fabricado por Benavides basado en chistes que se aprenden desde la escuela, se reproduce para todo público en la película.

Para empezar la distribución de roles en función a la etnia es contundente: un sacerdote, una funcionaria de notaría y una niña lustrabotas -los tres de tez blanca- la acompañan en esta suerte de “aventura urbana”, salvándola una y otra vez de los antagonistas de la trama, representados por dos afroperuanos zambos dirigidos por una maliciosa mujer de rasgos mestizos.

Jacinta acompañada de Rafaella, personaje que representa un ‘ángel’ que ayuda a la paisana. | Foto: Difusión

Varias escenas grafican la vigencia de los estereotipos. Un brasilero -representado por el ex futbolista Julinho, curiosamente, relacionado en la vida real en una trama de corrupción- que le dice a Jacinta “¡No me coma!”, como si fuese un animal salvaje.

Una turista representada por Jessica Newton -¡Qué mejor elección! Es la fabricante nacional de reinas de belleza-, con innegable gesto de asco al tener al lado a la Paisana.

Un sacerdote, para variar blanco y extranjero, haciendo bendiciones de hartazgo e implorando el “¡Dame paciencia!”, ante cada comentario desatinado de Jacinta. Un personaje con tan escaso sentido de razonamiento que no logra contestar una pregunta tan simple como:

-“¿Cómo se llama?”.

Son escenas que Jorge Benavides insiste en presentar como “humor”, una y otra vez, más de veinte años después de haber debutado en televisión.

René Farrait como el ‘Padre Bartolomé’, Jacinta interpretada por Jorge Benavides y Adolfo Aguilar, director de la cinta. | Foto: Difusión

En su intento por zanjar con el personaje racista de la televisión, Adolfo Aguilar, director de la película, dijo que “La Paisana Jacinta ha evolucionado, ya no es la misma”, pero tras asistir a su estreno, podemos decir que el personaje mantiene los principales rasgos que le dieron popularidad en la televisión: una mujer del Ande, analfabeta, repleta de prejuicios y con serias dificultades para la interacción social. Ni qué decir del pobre lenguaje cinematográfico, el bajo nivel actoral, y serias deficiencias del guión y la producción en general. Algo que no importa ni al director, ni al protagonista.

Si para algunos espectadores atraídos por el personaje de los 90 esto les parece humor, para algunas líderes indígenas, en cambio, la Paisana Jacinta no es más que una parodia que denigra su identidad.

Foto: Difusión

Racismo normalizado

Lo que llama la atención es que sector importante del público que asiste a las funciones de la película son niños en edad escolar, a los que les divierte la actuación de La Paisana Jacinta. El líder de los derechos civiles de los afroamericanos, Martín Luther King, solía decir que el racismo se alimenta de la  ignorancia o de la pobre educación. Probablemente sea cierto, si tenemos en cuenta que según la última Evaluación Censal de Estudiantes (ECE) de 2016, 5 de cada 10 escolares tiene un bajo nivel de lectura. De hecho, en el último año la población escolar que no lee aumentó.

La vicepresidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP),  Melania Canales, explicó que personajes como el que interpreta Jorge Benavides generan que los indígenas se avergüencen de sí mismos, además de desinformar a la población y al mundo sobre las culturas andinas peruanas.

Hilaria Supa, excongresista y activistas se han pronunciado sobre la difusión de contenido racista en los medios de comunicación. | Foto: ElPopular.pe

Una opinión similar es la de la congresista ayacuchana de la bancada Nuevo Perú, Tania Pariona. Para la parlamentaria una de las consecuencias más nocivas de la emisión de la Paisana Jacinta en los cines es la forma en cómo nos relacionamos los peruanos, porque es “a partir de estas películas que surge el ‘bullying’ a los niños y niñas que no hablan bien (el castellano)”.

Tarcila Rivera, representante de la asociación andino-amazónica ‘Chirapaq’, añade que personajes como La Paisana Jacinta impulsan a las mujeres indígenas a ocultarse por temor a ser foco de risas.  “Lo primero que hacen varias dirigentes indígenas que vienen a Lima es quitarse el sombrero porque si lo tienen puesto no las atienden bien en las oficinas públicas, se burlan de ellas en las calles”, afirmó Rivera. Según la vocera de Chirapaq, la legitimación de un estereotipo hace que la gente normalice las características de ese personaje.

Tarcila Rivera, representante de Chirapaq junto a otras líderes indígenas han promovido en diversas oportunidades la campaña ‘#YoNoSoyJacinta’. | Foto: ElComercio.pe

Ofensa, insulto, denigración

El largometraje de la Paisana Jacinta ha sido estrenada después que la serie televisiva fuera suspendida luego que Organización de las Naciones Unidas (ONU) se pronunciara sobre la forma cómo el programa denigraba a la población indígena, tras acoger la acción legal de la excongresista andina Hilaria Supa, quien presentó 3 mil firmas al foro Racismo y Discriminación para retirar la serie del aire; además de los constantes pronunciamientos del Ministerio de Cultura y el Comité de las Naciones Unidas contra la Discriminación Racial, en 2014.

Como víctima de racismo, la congresista Pariona identifica un modelo de pensamiento instalado en la sociedad que consiste en despreciar lo andino.

“Se discrimina a quien es diferente o no responde a un modelo estándar”, explica la parlamentaria refiriéndose a la ropa y lenguaje del personaje. “Todo esto incrementa el racismo y discriminación en todo el país”, apuntó.

Tania Pariona, congresista de Nuevo Perú califica a este personaje como generador de estereotipos a la mujer indígena. | Foto: Congreso Perú

Pariona no se equivoca en el énfasis, pues con un 24% de población andina y amazónica, Perú es el tercer país con mayor porcentaje de personas indígenas, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), por lo que para algunos puede ser motivo de humor, para 55 pueblos indígenas es una burla a sus lenguas, vestimenta y tradiciones.

Por su parte, el antropólogo César Zamalloa sostiene que el personaje de la Paisana Jacinta está en el imaginario de mucha gente que ha recopilado una serie de estereotipos sobre la mujer andina.

La secretaria técnica del Consejo Consultivo de Radio y Televisión (ConcorTV), Miriam Larco, coincidió con Zamalloa al afirmar que los peruanos hemos normalizado los discursos racistas a través del humor o la ficción, siendo más grande en este caso, pues las mujeres indígenas, según organizaciones como Onamiap, Chirapaq y Servindi, sufren una discriminación triple en el Perú: por ser indígenas, por ser mujeres y por ser pobres.

Captura de una escena de la serie ‘La Paisana Jacinta’. | Foto: Captura Latina

Acción contra el racismo

En Perú, si un ciudadano se siente ofendido por un contenido emitido en radio o televisión, puede reclamar ante el medio, y como última instancia, ante el Ministerio de Transportes y Comunicaciones.

Pero a diferencia de los medios de comunicación tradicionales que cuentan con protocolos de autorregulación de la Ley de Radio y Televisión, el cine se ampara en un principio básico, explica la especialista en medios de comunicación Miriam Larco Sicheri. “Una película que atenta contra los derechos de la persona está enfrentándose con la libertad de expresión, pero acá tendríamos que hablar de dos derechos de igual importancia: libertad de expresión y los derechos de las personas. Hay límites a esa libertad expresión que el Estado debería proteger”, afirmó Larco.

Miriam Larco, Secretaria Técnica del ConcorTV. | Foto: Internet

En el caso de los contenidos ofensivos en el cine, a pesar de que la carta magna sanciona penalmente la discriminación y la incitación a esta, no existe una figura legal o institución pública que ponga límites a personajes como la Paisana Jacinta, lo que plantea un reto frontal a la ciudadanía, en movilizarse y pedir a las cadenas por ejemplo, en no exhibir determinada película por su contenido ofensivo.

Foto: Servindi.org

Nada tan cierto como lo que afirmó en sus redes sociales el escritor peruano Marco Avilés: “Los cines son empresas comerciales que deciden qué películas pasan y cuáles no.  El Perú es abiertamente racista y su humor es rentable. Muchos peruanos irán al cine a reírse y corroborarlo. Y las cadenas harán dinero con esto”.

La Paisana Jacinta no da risa.

 

 

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