Escribe Angelica Motta.

“¡Les digo con claridad la lucha de las mujeres es mi lucha!” ha dicho PPK al cabo del primer año de mandato, destacando la labor de su gobierno respecto al álgido problema de la violencia contra las mujeres a través de medidas como la línea telefónica para mujeres en situación de emergencia y el mayor número de casas refugio.

Si bien PPK resalta medidas importantes, que deben seguir siendo reforzadas, se queda en la superficie del problema, se trata de paliativos para lidiar con la violencia ya consumada, ni una palabra sobre las transformaciones necesarias para atacar las causas de la violencia y así reducir drásticamente su ocurrencia. Y es que eso solo es posible hablando de género; ese sistema de ordenamiento social que estructura las relaciones de poder entre lo masculino y lo femenino (Scott, 1990) donde la violencia es un importante mecanismo de control, ese sistema que desafortunadamente nuestro presidente no se animó a mencionar.

La violencia contra las mujeres no es una serie de hechos fortuitos, responde a un sistema de opresión que es imprescindible nombrar y desmontar si de verdad, como lo anunció el presidente, quiere atacar frontalmente asuntos como el feminicidio y la violencia sexual. La violencia contra las mujeres es violencia de género.

Y PPK tenía para reportar sobre género, porque más allá de los reveses que ha sufrido la política pública sobre igualdad de género este año (sobre todo por la acción del legislativo); el ejecutivo, desde el MINEDU, hizo una defensa importante del enfoque de igualdad de género en una instancia clave para la transformación de la sociedad: la escuela. Se mantuvo firme en la implementación del nuevo currículo a pesar de la fuerte ofensiva contraria desde los fundamentalismos evangélico y católico.

Será que ahora más bien PPK no quiso molestar a los representantes y aliados políticos de los mencionados fundamentalismos, quienes andan queriendo convertir al género en mala palabra con el cuento de la “ideología de género”. Será que no quiso incomodar al Cardenal, tan protagónico en las celebraciones oficiales, y que contra toda lógica de Estado laico escuchaba el discurso en la primera fila del hemiciclo.

La lucha de las mujeres por igualdad plena y por la erradicación de la violencia pasa por la transformación de las relaciones de género. Esa es la gran apuesta libertaria a la que deben contribuir nuestras autoridades para que algún día el discurso presidencial de fiestas patrias más bien nos anuncie que las casas refugio y las líneas telefónicas de emergencia son cada vez menos necesarias.

*Angelica Motta es antropóloga e investigadora de la Unidad de Salud, Sexualidad y Desarrollo Humano de la Universidad Peruana Cayetano Heredia

 

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