Escribe Carlos A. Bedoya

No solo es pésimo en política, el gobierno de PPK también es muy malo en la parte técnica. Fernando Zavala debe irse no solo por su nula actuación política frente a la huelga de los maestros y a cada uno de los retos que se le han presentado en ese terreno, sino también por su fracaso como tecnócrata. Ya paso medio año de los huaicos y la reconstrucción ni suena ni truena en términos concretos.

La mayoría de los damnificados siguen esperando a los “reyes de la eficiencia” para reconstruir sus vidas. Y si sigue pasando el tiempo sin que la reconstrucción pase a otro nivel que no sea el de los negocios de los amigos del presidente y del premier, tendremos sin duda un nuevo frente de conflictividad social, además de los trabajadores estatales.

Zavala conduce el MEF y la PCM, dos carteras claves para relanzar la economía y manejar los conflictos sociales, y mira cosas como la movilización del magisterio desde lejos, como si con él no fuera. Lo más ridículo es escucharlo decir que el gobierno consulta a varios politólogos cuando le achacan su falta de muñeca. Daría risa si no fuera algo tan serio.

Por eso no es casualidad que PPK y Zavala estén haciendo un gobierno peor que el de Ollanta-Nadine, a pesar de que el marco general es el mismo: defender los intereses de banqueros, mineros y las demás élites del poder económico.

En el extremo, o no se dan cuenta, o no les importa, pero están permitiendo que el partido político de Keiko Fujimori se vaya apoderando del Estado peruano. Y ni siquiera podemos decir que sea fruto de una alianza para que los dejen gobernar. Todos los días el fujimorismo los golpea y ellos no reaccionan.

Ya no basta un simple cambio de gabinete. Si PPK no quiere ser vacado, casi su única posibilidad es conformar un gobierno con las fuerzas antifujimori que ganaron la segunda vuelta. Pero eso es pedir peras al olmo. Lo vimos claramente con el lío del LUM. En lugar de recordar los crímenes del fujimorismo de los noventa y jaquear con ello a Fuerza Popular, el gobierno se sumó al coro del negacionismo fujimorista.

En realidad, PPK y Zavala son expresión de una descomposición mayor de la dirigencia del país en los últimos años. La burguesía peruana ha influido en todos los gobiernos de la transición (y antes en la mayoría), pero nunca como hoy tienen acceso directo al Ejecutivo. Con PPK y Zavala gobiernan directamente y es ahí donde se nota su mayor problema: no tienen a donde llevar el país y están pagando la factura de carecer de un proyecto político.

Más que nunca en la historia reciente, se notan las limitaciones que tiene la derecha para gobernar. Tuvieron la enorme suerte de que les cayó el boom minero (como antes el del guano, el del caucho, el del algodón, el de la harina de pescado, etc.), y no pudieron, ni quisieron reconvertir nuestra base productiva para no depender del ciclo de las materias primas. Hoy prenden velitas para que el precio del cobre siga subiendo. Esa es toda la apuesta.

Esta columna fue publicada en la edición impresa de Diario Uno

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