Diana García / Juan Zapata

Hace calor. Y ellos van seis meses viviendo en una carpa. Dentro de un campamento itinerante que de día quema, donde el agua viene dos veces a la semana por solo dos horas al día, y cuyas noches son frías y oscuras porque aún no hay electricidad en su totalidad.

Eran las 7 de la noche del miércoles 1 de febrero cuando 10 horas de lluvia colapsaron los ríos La Leche y Motupe en la zona rural de Lambayeque. Lo mismo ocurrió un mes después, aunque con mayor intensidad, en la madrugada del 14 de marzo. Llovía tanto que los costeños pensaron que era el fin del mundo. El río ‘se rompió’ e inundó todo. Las consecuencias: cientos de personas damnificadas y afectadas en los distritos de Pítipo, Jayanca, Illimo, Tucume y Mórrope. En Jayanca, el río cubrió el sector de Pampa de Lino a tal punto que el Estado tuvo que rescatar a cada uno de los miembros de la comunidad en helicóptero porque quedaron aislados.

Dramático rescate en Pampa de Lino, caserío de Jayanca. Foto: RPP

En abril, mientras veíamos el fin de un Niño Costero que nos hizo llorar y sufrir, el gabinete del entonces premier, Fernando Zavala, anunciaba el plan  de reconstruir las zonas afectadas y con ello designaba a Pablo de la Flor como el director ejecutivo de la Autoridad Nacional para la Reconstrucción con Cambios. Sin embargo, al revisar este plan, nos encontramos que se enfoca en las zonas urbanas, y si bien no negamos que han sido afectadas, las áreas rurales han sufrido daños que coinciden con otras situaciones particulares, eso adicionando que la reconstrucción empezaba en octubre y al cierre de esta publicación (16 de octubre), de la anhelada reconstrucción no aparece ni sus luces.

Wayka visitó Lambayeque y encontró estas historias.

María y Alejandra: Mamás en carpas

(Pampa de Lino)

María y Alejandra en su vivienda temporal. Foto de Juan Zapata

En el caserío Pampa de Lino, distrito de Jayanca al norte de Lambayeque, las 28 familias que viven ahí recuerdan cómo el río se lo llevó todo y los dejó aislados. Niños, ancianos y embarazadas fueron rescatados entre el lodo y el agua que les llegaba a la cintura. Seis meses después, todo luce más ordenado, pero se trata de una solución temporal. Buscan concentrarse en lograr viviendas definitivas y estabilizar sus economías porque no tienen trabajo. Actualmente, se encuentran en módulos instalados por organizaciones como Oxfam y Predes. El objetivo de estas viviendas es que pese a las evidentes adversidades, las personas conserven el derecho a vivir con dignidad. Hoy sus viviendas no existen, ni la superficie donde estaban construidas.

– Nos quedaremos aquí hasta noviembre – dice María con una sonrisa mientras carga en brazos a Josué, su bebé de dos meses y mira a Samir que golpea contra el piso la tapa de un bidón de agua. Samir tiene tres años y tiene microcefalia.

“Tenemos agua de pozo, dejando un día y dos horas al día. Somos 30 familias que llenan sus bidones de agua lo que pueden. Hay poco zancudo pero aumenta con el almacenamiento de agua”.

Baldes a la espera de la llega del agua. Foto Juan Zapata

“Los niños ahora van al colegio, pero el clima los agripa. Hace mucho calor de día y mucho frío de noche, y a veces no pueden respirar. Hace dos o tres días ha llovido fuerte y tenemos miedo”.

Laura tiene 7 años. Juega entre los módulos temporales. Foto: Juan Zapata

Cuando yo estaba embarazada el agua salía del río. Corrimos cuando nos dijeron que venía el huaico. Teníamos que sacar a los niños. Cuando ocurrió eso, en plena lluvia nos metimos en casa otros vecinos. En plena lluvia vinimos a hacer una arrimada, con calaminas que se cayeron, hemos plantado ocoña para ponerlas y con calaminas, rodeamos de plástico que nos prestaban por ahí. Nos amontonamos y ahí nos quedamos sentados, a la intemperie. Las carpas demoraron en llegar casi un mes y ese mes quedamos a la intemperie. Cuidando las casas que no se terminaban de caer, pasando frío y hambre porque no había. Lo que podíamos, comíamos. El río se llevó todo”.

En la emergencia nacieron Dana, Alexander y Josué. Dos de ellos en plena inundación. Una de las gestantes estaba para dar a luz y la otra se puso mal. María nos cuenta que fue por la presión de tanta agua y el desorden.

Alejandra y Josué, de dos meses. Foto: Juan Zapata

“INDECI  ya no nos está trayendo nada. Antes era un saco de alimentos: arroz, azúcar, fideos y aceite. Nada más. Y ahorita no nos está trayendo porque dicen que la prioridad a los que tienen modulos blanco. Estamos viendo. Todos necesitamos. Todos tenemos niños”.

Samir es el hijo de María y tiene microcefalia.

“No lo estoy llevando al médico. Lo llevaba al San Juan de Dios, pero es demasiado caro y no alcanza, aparte del pasaje, las consultas que nos cobran. Cada doctor que lo veía le cobraba 30 soles. Él tiene microcefalia. El Ministerio de la Mujer nos ofreció ayuda pero ya no sabemos nada de eso. Él tiene cuidados especiales: terapias para caminar, revisiones de su vista, bastantes terapias. Mi esposo está trabajando en lo que hay, pero terapias para Samir por el momento no hay”.

 

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El 6 de setiembre, el ejecutivo aprobó el Plan Integral de Reconstrucción con Cambios. En el país se invertirán en total, S/25,655 millones en la reconstrucción de la infraestructura dañada y destruida por las lluvias y huaicos. De ese monto, S/3,115 millones se irán a Lambayeque.

Según el Plan de la Reconstrucción, gran parte de la inversión estará enfocada a ejecutar obras de control de inundaciones en los ríos Chancay, La Leche, Motupe, Zaña y Olmos, además del sistema de drenaje pluvial en la ciudad de Chiclayo.

David Cornejo, alcalde de Chiclayo, declaró para un conocido medio local, que las labores aún no se inician y que el avance dependerá de las unidades ejecutoras asignadas. El jefe del COER, Carlos Balarezo, informó a este medio que la mayoría de personas que perdieron sus predios ya está siendo trasladadas a módulos de vivienda. De acuerdo con el Indeci aún hay 652 damnificados en siete albergues. El gerente regional de Vivienda, Julio Huerta, manifestó que a la fecha se han implementado 1,913 módulos. Igualmente, indicó que algunas familias han optado por volver a lo que quedó de sus casas, han alquilado predios o se mudaron a casas de sus parientes. Y ese es otro problema: No todos los damnificados tenían casas, las alquilaban.

Canal que redirige el Río La Leche en Jayanca. Foto: Juan Zapata

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Sarita no tiene una casa

(Illimo)

Sarita tiene 23 años, y ella pertenece a las 30 familias damnificadas de Illimo que no tiene vivienda propia, ella alquilaba su casita. El día que el río se salió, se llevó todo.

Niña jugando con restos de leña en Illimo. Foto: Juan Zapata

La carpa quema – nos dice.

“Nos hubiera gustado que nos den los módulos de frente pero debemos esperar. Aquí viven 5 personas. Y allá, en la otra carpa, somos cuatro. Mi esposo se ha ido con mi suegro a apoyarlo porque no hay trabajo. Por ahí buscan. Ella me cuenta esto mientras mece a su bebé, que está dentro de una de las acaloradas carpas colgado de uno de los soportes de metal de la parte superior, precisamente en el centro… Sarita lo mece de rato en rato, porque dentro la carpa, pese al calor, está más seguro que bajo el sol”.

Sarita mece a su bebé dentro de la carpa. Foto: Juan Zapata

Sarita nos relata que el agua viene los lunes y los jueves con los aguateros y les llenan los bidones, no me especifica si compra el agua o es donación. Me dice que se iluminan con velas por las noches porque no hay electricidad y esta situación es peligrosa porque la carpa es de material inflamable. Hace una semana, su carpa casi se incendia.

“Tenemos miedo porque la a veces creemos que el río se desbordará de nuevo. El río se salió esa vez a las 3 de la mañana y terminó de salir a las 6. Salí con mi barriga ese día. Estaba embarazada y me trasladaron. Me dieron de alta y luego retorne al hospital porque tuve infección con la cesárea. No sé por qué me pasó. Quizá la tierra o el calor de la carpa”.

“En Illimo ciudad la gente estaba indispuesta. Se portaban mal con nosotros. No nos apoyaban. Se le dijo al alcalde para movernos a otro lado y nos dijo que no había terreno. Predes y Oxfam consiguieron el terreno actual por unas gestiones nos lo están prestando por 9 meses. Aquí hay 65 personas que no pueden regresar a sus casas porque las alquilaban, eran inquilinos. ¿Los módulos que nos corresponden? Eso se les ha dado al dueño de la vivienda, pero no a nosotros los inquilinos que somos los damnificados.”

“Nosotros nos quedamos en la calle.”

Illimo en marzo del 2017. Foto: Flor Ruiz

El terreno en el que están no es seguro y lo que está haciendo PREDES, una organización de la sociedad civil junto a Oxfam, es drenarlo para evitar futuras inundaciones. Juan Manuel Cabrera, el alcalde de Illimo, responde que ha atendido a los damnificados pero que el problema de los módulos corresponde al Ministerio de Vivienda.

“Las familias que estaban en la plaza decidieron irse por su propia voluntad, ya tenían mucho tiempo en la plaza y la población misma ya les había pedido que se vayan a otro sitio. Illimo tendrá fondos directos del plan de reconstrucción. Lo que se ha asegurado son la atención de la zona urbana porque el río se salió y no tanto las zonas rurales. Sin embargo, el plan de  reconstrucción no especifica si es urbano o rural”.

“Illimo siempre se ha visto afectado en zona urbana y rural por la salida del río la leche. Aquí ingresó el agua el 14 de marzo. Las calles eran ríos. El distrito más afectado de la provincia de Lambayeque fue Illimo. Lo que se está viendo en el plan de reconstrucción es la descolmatación del río y en algunos puntos hacer reforzamientos. Y eso es lo que se tiene. Si viene un fenómenos nuevamente no tenemos un reforzamiento por parte del Estado”.

Juan Manuel Cabrera, alcalde de Illimo. Foto: Juan Zapata

La gente dice que el alcalde no ha ido a verlos ni se ha pronunciado. Pero él dice que siempre estuvo.

Carlos Balarezo, Jefe del Centro de Operaciones de Emergencia Regional, nos confirma que este problema de los inquilinos será mayor cuando se entre en etapa de reconstrucción o tengan que acceder a un bono habitacional o un proyecto de vivienda a traves de Techo Propio. Los lugareños denuncian que algunos propietarios reciben el módulo, pero como no son damnificados lo dejan ahí y se retiran. Balarezo nos dice que ellos no pueden seguir eso como COER porque rige al Ministerio de Vivienda o las ONG que instalan los módulos la supervisión de esa situación.

Es decir, estas familias están abandonadas en un hoyo negro no contemplado cuando se elaboró el Plan de Reconstrucción ‘Con Cambios’ ni durante la atención de emergencia. Ha dos semanas de la fecha en la que debió iniciarse la reconstrucción  y a seis meses de la tragedia ¿cuánto tiempo más deberán esperar para tener un vida digna? Sigue la segunda parte de esta historia en nuestra siguiente entrega.

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