Estimado Sr. Trump,

Cuando comencé a escribir esta carta, me encontraba mirando su último debate presidencial. Déjeme decirle, nunca pensé que ese momento llegaría. Para ser honesta con usted, mi primera reacción al saber que se postularía a la presidencia fue echarme a reír. Tenía que ser un chiste, ¿cierto? Error. Han pasado 16 meses de campaña, y falta solo un día para las elecciones. Sin lugar a dudas, esto ha dejado de ser divertido.

Ilustración de Estefani Campana para Malquerida

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Le contaré un poco sobre mí. Soy una estudiante universitaria, peruana, heterosexual, de 19 años. Mi familia es de clase media. Vivo con mis padres, y para pagar mis estudios dependo de becas, subsidios, ayuda familiar y un trabajo a medio tiempo en una lavandería. Desde muy joven estuve expuesta a diferentes idiomas, culturas y costumbres. De primaria a secundaria, estudié en colegios donde se incentivaba y celebraba la diversidad como parte de nuestra educación social. Desde el principio de mi etapa escolar, recuerdo mapas mundi colgados de las paredes con pequeños puntos de colores que representaban a mis compañeros procedentes de distintas partes del mundo. Nos enseñaron a estar orgullosos por ser diversos y a aprender, de cada uno de nosotros, una manera de crecer como comunidad desde el inicio de nuestras vidas. En los amigos que conocí y las personas que he encontrado en mi camino, he podido ver la belleza del mundo. Personas que se aman unas a otras sin importar su procedencia, etnicidad, raza, estatus económico, estado legal en el país o género. Personas que realmente se aceptan, porque después de años de haber estado sentadas una al costado de la otra en clase, hemos aprendido que somos más parecidos que diferentes. Ser parte de una comunidad así es el aspecto que más ha dado forma a mi plan de vida.

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Sin embargo, soy muy consciente de que, por supuesto, siempre habrá personas negativas que intentarán interponerse en el camino de uno, como la chica que me dijo frente a frente que la razón por la cual yo ganaba más becas no era mi esfuerzo sino las políticas de Affirmative Action y ser inmigrante. O como en los diferentes incidentes que se han dado en mi universidad, que incentivan el odio en el campus bajo la excusa de una supuesta libertad de expresión. Por más molestos que estos hechos hayan sido, yo elijo utilizarlos como un aprendizaje y probar que no están en lo correcto. Sin embargo, y a pesar de estar muy agradecida por haber vivido en esta comunidad, no puedo ignorar la terrible discriminación que otras personas han tenido que sobrellevar, una discriminación mayor que la que yo he podido experimentar alguna vez. La ignorancia alimenta el odio y el odio a la violencia. Crear un diálogo y seguir ampliando la consciencia social al respecto es la única manera de derrotar la ignorancia. Usted, señor Trump, alimenta esa ignorancia y valida el odio y miedo hacia los inmigrantes con verdades exageradas y mentiras descaradas.

 

Foto: Univisión

Foto: Univisión

Yo soy la hija de un padre que fue un indocumentado, pero que ahora es un muy legal ciudadano, que vino a este país en búsqueda de una vida con mejores posibilidades. En aquel tiempo, él solo había terminado la secundaria y no le era posible encontrar un trabajo estable en mi país de origen. Aunque fue un inmigrante indocumentado por algunos años, él pagaba sus impuestos y trabajó para obtener derechos en este país. Asimismo, soy la sobrina de un tío al cual encarcelaron y deportaron cuando su hijo, estudiante de Harvard en la actualidad, estaba por ingresar a primaria. Además, soy la hija de una mujer que luchó contra la brecha lingüística del inglés para poder trabajar y existir en un país donde la discriminación está enmascarada y hablar nuestra lengua materna puede incomodar a algunos. Soy un producto de todas estas experiencias, y de las que yo he creado para mí misma.

Al crecer como parte de la generación de inmigrantes conocida como generation 1.5., estuve inmersa en un mundo multicultural desde el inicio. Mi lengua materna es el español, pero nuestra mudanza a los Estados Unidos me obligó a aprender inglés lo más rápido posible. Mi hermano, quien sí nació en EE.UU., aprendió los dos idiomas simultáneamente. Mis padres no querían que sufriéramos la discriminación de la que fueron víctima en ocasiones por su acento, así que insistieron mucho en que aprendamos el idioma para facilitar nuestra vida en sociedad. De ello, una desafortunada consecuencia para mí fue que, mientras mi inglés mejoró, y hasta superó los estándares para mi edad, nunca aprendí a escribir apropiadamente en español y se me hizo difícil poder aprender vocabulario nuevo de mi lengua materna. Por otro lado, mi hermano, desde el principio, ha utilizado más el inglés. Ahora nosotros luchamos juntos para mantener nuestra lengua nativa y nuestra cultura; gracias al cielo, mis padres hicieron un gran trabajo preservando aspectos positivos de nuestra cultura peruana en nuestro hogar. Sin embargo, las diferencias entre generation 1, generation 1.5 y generation 2 son notorias. Conozco muchas personas que, en el pasado, han perdido o escondido ciertas partes de su identidad debido a la vergüenza o como una vía de protección contra la discriminación, y eso simplemente no está bien.

De todo aquello con lo que me identifico, considero que lo más importantes es el ser mujer, inmigrante y una ciudadana estadounidense. Sí, soy peruana de nacimiento y amo mi país de origen; no obstante, al haber hecho mi vida en Estados Unidos y conociendo el sacrificio que mis padres hacen para darnos la vida que tenemos a mi hermano y a mí, yo escojo ser estadounidense en primer lugar. Yo pertenezco a este lugar. Como también pertenecen mi familia y mis amigos. Los seres humanos no somos árboles que se enraízan en la tierra en la que nacen, pertenecemos a las personas que amamos y a las experiencias que creamos para nosotros mismos. Cuando usted hace horribles –sí, horribles- comentarios sobre los inmigrantes, las mujeres, y sobre cualquiera que se atreva a oponérsele, no creo que sepa de lo que habla. Los inmigrantes mexicanos no son violadores o asesinos, son personas. Los refugiados sirios no son posibles terroristas, sino personas. Las mujeres no somos un par de piernas o una vagina que usted puede agarrar a su gusto, somos personas también. Merecemos ser tratados como seres humanos, no como una molestia. Merecemos derechos, no opresión.

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Aunque esta carta se dirija a usted, mi principal preocupación está dirigida hacia ciertos seguidores radicales suyos. Usted no me asusta. Para mí, usted es solo un hombre con manos diminutas y una cuenta en Twitter a quien le gusta utilizar el miedo para convencer a las personas, incluso cuando sus declaraciones no son ciertas. Honestamente, no quiero pensar que usted tiene una remota posibilidad de ser elegido. Quiero creer que este país es mejor que eso, pero los escasos puntos de distancia con su competidora no me permiten hacer pronósticos claros. Usted ha atraído a un grupo enorme de seguidores que creen en usted y han demostrado su apoyo de manera violenta. Su discurso de odio ha convencido a algunos de que está bien tratar a aquellos que no son cisgénero, ni hombres blancos, como basura. Después de que no afirmara que aceptaría un escenario en el que Hillary Clinton lo venciera, el miedo me paralizó. El miedo a que hubiera ataques en la calles, como amenazaban seguidores suyos en Twitter. Aquello no estaría bien de ninguna manera y pondría en riesgo la vida de muchos de nosotros. Fue en ese momento que caí en la cuenta de que una presidencia de Trump, una presidencia suya significaría lo mismo. Sr. Trump, Mi familia no merece ser despreciada por hablar su lengua materna. Mis amigos no merecen ser maltratados por utilizar un hijab o por “parecer terroristas”. Mis compañeros de clase no merecen que les digan que no deben tener los mismos derechos debido a su orientación sexual.

Finalmente, quiero decirle que no votaré por usted. Aunque es obvio a estas alturas, no puedo imaginar un mundo en el que usted es el presidente de Estados Unidos. Un mundo como aquel sería uno de miedo y violencia. Y personalmente pienso que iría en contra de todo por lo que queremos ser reconocidos como estadounidenses. Existen muchos puntos en los que discrepo de ambos candidatos, pero en una presidencia como la suya sé que invertiría la mayoría de mi tiempo en temer por la seguridad de mi familia y amigos, en temer por sus vidas. De nuevo, usted no me asusta, Sr. Trump, lo que me asusta es el xenófobo y violento país lleno de odio que usted representa. Este no es el “sueño americano” que muchos de nosotros hemos buscado desesperadamente y esperado encontrar bajo el cuidado de la Estatua de la Libertad. Usted, definitivamente, no tendrá mi voto.

 

*Ilustración en portada de Estefani Campana para Malquerida
**La carta es una traducción del original en inglés que puedes leer aquí
Contenido publicado previamente en Malquerida, un newsletter femenino cuya consigna es trabajar todos los temas, como política, salud, arte, aborto, etc con la sola diferencia de que el staff son mujeres. Síguelas aquí.

 

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