La semana pasada “El Comercio” insistió en su viejo credo neoliberal contra las empresas púbicas, en este caso, criticando un proyecto presentado en el Congreso por Marisa Glave y la bancada del Nuevo Perú.

Además de reiterar que el modelo neoliberal es sumamente exitoso olvidando que tenemos 44% de anemia, altísima desigualdad, informalidad que aún supera el 75% y una industria raquítica, su principal argumento es que el estado es “mal empresario”.

Es posible que la calidad de los servicios públicos sea mala. Pero si ese fuera un argumento válido, el estado tampoco debiera tener colegios, ya que las deficiencias en su gestión están a la vista. Tampoco hospitales o carreteras, ni debiera brindar seguridad ciudadana con decenas de miles de policías. Pero si todos dejáramos de hacer aquello en lo que tenemos deficiencias y no lucháramos por superarnos, dominados por “Don Pésimo” no estaríamos yendo a Rusia 2018.

Tampoco parece el mejor momento para salir a pregonar las inmarcesibles virtudes de la empresa privada, cuando sabemos que Odebrecht y sus consorciadas armaron un multimillonario esquema de corrupción, incluyendo a Graña y Montero, propiedad de uno de los accionistas de El Comercio y sobre quien Marcelo Odebrecht ha declarado ya que participaba en las coimas. ¿Será esta la “comprobada eficacia” a la que se refiere El Comercio en su editorial?

Pero vayamos a argumentos más de fondo. Inglaterra, Alemania, Francia e Italia usaron extensamente empresas públicas en su proceso de desarrollo, y todavía Volkswagen, AirBus, Alitalia o Enel (una trasnacional italiana de electricidad que opera en el Perú) tiene un buen porcentaje de acciones de propiedad del estado. China, el país de mejor desempeño económico en las últimas 4 décadas, mantiene muchas y poderosas empresas públicas. Pero basta que usted voltee la mirada a su Smartphone: este usa tecnología de GPS, touchscreen y reconocimiento de voz todos hechos por el estado, como reveló la académica Mariana Mazzucatto en “El estado emprendedor: desmontando mitos del sector público vs sector privado”, libro que Martin Wolf del Financial Times señaló que estaba básicamente en lo correcto porque “no reconocer el rol del gobierno en promover innovación puede ser la mayor amenaza a la prosperidad futura”.

¿Y por qué tanto salto de ”El Comercio”? ¿Se ha propuesto nacionalizar empresas, expropiar monopolios o crear decenas de nuevas empresas públicas? No. Todo lo que plantea Marisa Glave y el Nuevo Perú es que en vez de la cerrazón ideológica establecida en la actual Constitución neoliberal que restringe el estado sólo a lo que los privados no quieren hacer, plantea que “El Estado ejerce su actividad empresarial con el fin de promover la economía del país, prestar servicios públicos y alcanzar los objetivos de desarrollo”. Es decir, nada menos que un poco de sentido común. Es verdad que eso implica romper con viejas ataduras ideológicas neoliberales, pero vamos amigos neoliberales, es tiempo de abrir un poco la mente.

 

 

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