Entre 1988 y 1991, el sociólogo francés Louis Wacquant investiga a boxeadores amateur de un gimnasio negro de Chicago, para lo que se convierte en boxeador. Lo que él encuentra es que los más sobresalientes lo eran porque venían de hogares consolidados y tenían trabajos estables.

La trampa de esta época es que estamos llenos de pósteres de estrellas y nos hacen creer que para llegar a ser como ellas solo basta voluntad y esfuerzo, sobre todo cuando se trata de famosos (músicos, pintores). Uno triunfa por sus méritos, sí, pero sobre todo por sus condiciones.

Si en Chicago, un afro era boxeador brillante porque su sueldo como bombero le permitía tener una rutina en el gimnasio; en países más precarios, donde las artes y deportes garantizan pobreza a la mayoría de los que las ejercen, las oportunidades son vitales para educar el talento.

El francés señalaba que todos los afro de ese pobre gimnasio soñaban con ser como Cassius Clay, pero detrás de Cassius había un gran aparato de prensa, educación y estabilidad que ninguno de esos amateur tenían. No podían ser como él no por voluntad, sino por contexto.

Creer que a ‘Kukín’ solo le bastaba buena voluntad es anular su origen y condiciones. Pudo haber sido mucho menos, y aún con precariedad adolescente compró una casa y ayudó a su familia. No, no fue a la Bundesliga, pues, 11 hermanos y una adicción lo detuvieron. Eso no es poca cosa.

Fernando Ríos Correa, antropólogo.