Por Pedro Francke

La pobreza monetaria aumentó el 2017 en 1 por ciento, mientras en la sierra y selva rurales casi la mitad de los peruanos que ahí viven siguen siendo pobres según esta medida. Nuevamente salen las críticas porque la pobreza en realidad es mutidimensional, evidenciado por problemas serios como la anemia que afecta al 43 por ciento de los niños, el doble que la medida oficial de pobreza monetaria que publica el INEI y que considera que un comunero andino con 251 soles mensuales ya no es pobre. Mientras tanto, aumenta la desigualdad (medida como la distancia en el consumo entre el 20% más rico y los demás), como para recordarnos que la crisis es más del empleo que de las ganancias.

La pobreza aumenta por la ola de despidos y pérdida de empleos. Con unos 250 mil jóvenes entrando a buscar trabajo cada año y 200 mil venezolanos entrando, la presión sobre el mercado de trabajo es enorme y los salarios e ingresos caen. Hay desempleo y reducción de salarios, por cierto, porque eso de la inflexibilidad del mercado de trabajo levantada por los ideólogos de la Confiep es más falso que moneda de tres soles: si la regulación laboral fuera muy rígida ¿cómo ha habido cientos de miles de despidos con total facilidad?

Para los campesinos y agricultores, los menores empleos e ingresos laborales se traen abajo la demanda y hace que los precios de sus productos caigan. Las protestas de los productores de papa, arroz y maíz no son gratuitas; la mayoría de precios agropecuarios han retrocedido sin que el gobierno (ni PPK ni Vizcarra) tome previsiones como frenar el ingreso de alimentos subsidiados del exterior.

La causa de fondo del aumento de la pobreza es la recesión de la producción no primaria, de la industria, el agro y la construcción. Por seguir el modelo primario-exportador cuando los precios de los metales y las materias primas se vinieron abajo en el 2013-2014 el crecimiento se detuvo y los ingresos fiscales se cayeron. Se cortó la inversión pública, con lo que se instaló un círculo vicioso recesivo, afectando empleo, ingresos y producción. Los intentos de diversificación productiva, tardíos y carentes de una política macroeconómica que ampliara mercados y aumentara la competitividad, fueron paralizados por PPK y sus ministros-Confiep.

Ahora tenemos un nuevo gobierno, pero la política del ministro Tuesta de cortar el gasto corriente condicionando la inversión pública a ese resultado es lo mismo que hizo Alfredo Thorne con pésimos resultados. Lo que se necesita es un fuerte impulso reactivador de inversión pública, justicia fiscal y diversificación productiva, defendiendo el mercado interno de las importaciones dumping y promoviendo las innovaciones tecnológicas.