Frontera Perú – Chile: Discurso contra inmigrantes de candidato presidencial chileno Kast alerta a defensores de derechos humanos
Por Silvia Bardales
La tensión entre Perú y Chile volvió a escalar en las últimas semanas, luego de que discursos políticos en el país sureño —incluyendo los del candidato presidencial José Antonio Kast— reforzaran narrativas antiinmigrantes y la idea de un endurecimiento fronterizo. Sin embargo, especialistas advierten que estas respuestas securitistas no solo carecen de efectividad, sino que podrían agravar los riesgos humanitarios en la frontera Tacna–Arica, una de las más sensibles de la región.
Michael Shifter, expresidente del Diálogo Interamericano sostuvo en una entrevista para en CNN, en relación con el Cono Sur, que las tensiones migratorias se están instrumentalizando políticamente: “La migración en la región se ha vuelto una herramienta electoral. Se exageran amenazas o se fabrican para movilizar apoyo político, aun cuando los datos no sustentan esas narrativas.”
Este fenómeno regional, que en elecciones aviva discursos que, frecuentemente, resultan oportunistas opacan dramas humanos, así lo afirma Francesco Rocca, presidente de la Federación Internacional de la Cruz Roja, que en la BBC advirtió que los cierres fronterizos terminan generando rutas más peligrosas en el sur andino: “Cuando un país cierra sus fronteras, la migración no se detiene. Solo empuja a las personas hacia los traficantes de personas y hacia rutas más letales.”
Para comprender este escenario, Wayka conversó con Nancy Arellano, investigadora y fundadora de Veneactiva en Perú. Arellano, quien también integró el Grupo sobre Movilidad Humana de la CNDDHH, advierte que la región está fallando en articular una respuesta coherente frente a los desplazamientos forzados.
Fronteras cerradas, riesgos abiertos
Según Arellano, las posiciones políticas que promueven cierres fronterizos totales o “mano dura” contra personas migrantes se basan en una premisa equivocada: asumir que la migración es un problema en sí mismo. “Los procesos de movilidad humana trascienden a la mera realidad de un país”, explica. Para la especialista, las personas provenientes de Haití, Nicaragua, Cuba o Venezuela —nacionalidades frecuentes en los flujos actuales— provienen de Estados con fallas estructurales en su capacidad de protección consular y documentación.
Esto implica, señala, que los estados de tránsito y destino no pueden exigir requisitos imposibles de cumplir: “Yo no puedo pedirle a un venezolano en Chile o en Perú que tenga un pasaporte vigente si en estos países no hay consulado”, afirma. En estos casos, Arellano recuerda que el principio pro homine obliga a los estados a generar mecanismos alternativos, como salvoconductos o visas de tránsito temporales.
Saskia Sassen, socióloga y referente global en estudios migratorios, ha advertido que las fronteras militarizadas no solo son ineficaces, sino que generan economías criminales:
“Las fronteras militarizadas producen mercados. Cuando los Estados cierran, otros actores abren rutas clandestinas que son extremadamente lucrativas.” señaló en una entrevista para DW.
Las políticas de cierre generan un efecto contrario al buscado: fortalecen las redes criminales. Según muchos especialistas, la frontera no produce dinero por el solo hecho de existir. Dado que los Estados no pueden cubrir todo el territorio —como el desierto de Atacama o las zonas amazónicas—, las organizaciones de tráfico y trata llenan ese vacío. “Las rutas del tráfico de personas son las mismas rutas del narcotráfico y del contrabando”, subraya. Para los expertos en el tema, pretender acabar con el tráfico de migrantes sin controlar esas economías criminales es irreal.

Discursos que construyen enemigos imaginarios
Para los activistas de derechos humanos, uno de los mayores riesgos es cómo los discursos antiinmigrantes moldean percepciones, políticas públicas y relaciones binacionales. “Los líderes políticos, funcionarios y medios de comunicación son formadores de opinión pública, y sus narrativas pueden generar ciclos peligrosos”, advierte la presidenta de Veneactiva.
Arellano recuerda que en Perú ya se vivió un episodio de desinformación grave: una declaración oficial sobre 55 mil verificaciones de identidad a extranjeros terminó convirtiéndose —en medios y discursos políticos— en “55 mil delincuentes detenidos”. “No hay forma de que existan 55 mil delincuentes extranjeros detenidos; sería más de la mitad de la población penitenciaria del país”, señala.
Ese tipo de narrativas, fomentadas también desde algunos espacios mediáticos chilenos, incrementan el miedo social y empujan medidas de corto plazo que no resuelven los problemas de fondo. En Perú, por ejemplo, los delitos donde la población migrante aparece con mayor frecuencia son hurtos y delitos contra la propiedad, con tasas más bajas que las de la población nacional, según registros del INPE.
Analistas consultados por El Mostrador y La Tercera recuerdan que este tipo de narrativas no son nuevas: en 2023, un tono similar desde sectores conservadores chilenos derivó en el cierre temporal de pasos fronterizos, militarización de zonas limítrofes y un incremento de detenciones y devoluciones express que afectaron especialmente a personas venezolanas y haitianas.
Las narrativas erróneas no solo afectan la convivencia: deterioran la democracia. “Se genera un estrés innecesario en la población, mayor desconfianza en las instituciones y un círculo vicioso que alimenta decisiones políticas fallidas”, afirma.

Una salida regional, no una guerra de fronteras
Ante el riesgo de que discursos con fines electorales se conviertan en medidas permanentes, Arellano insiste en la necesidad de coordinación binacional y regional. Tanto Perú como Chile —dice— tienen la capacidad técnica y jurídica de resolver ordenadamente los flujos.
La clave estaría en reconocer los destinos finales de las personas que transitan, facilitar documentación temporal, implementar sistemas biométricos compartidos y establecer rutas seguras. “No podemos generar requisitos de imposible cumplimiento. El reto es tratar a las personas como personas, no como amenazas… migrar es parte de la historia de las Américas. El problema no es la migración: es la incapacidad de los Estados de dar respuestas coherentes”, sostiene.
Además, los expertos sostienen que la migración no es una carga, sino un fenómeno que también produce dinamización económica: en el Perú, las remesas de peruanos en el exterior ya superan los US$ 5,400 millones anuales, equivalentes al 1.7% del PBI, según el Banco Central de Reserva. Mientras tanto, según RENIEC desde 2018 hasta noviembre de 2023 la suma asciende a 89 686 niños nacidos de padres venezolanos o de alguno de ellos que son parte del tejido social y económico del país.

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