Entre amenazas y urnas: el avance del autoritarismo y la resistencia de los «Jueves por Justicia»
Por: Raquel Palomino
Keiko Fujimori, hija del dictador Alberto Fujimori, viene gobernando de facto el país y pasaría a la segunda vuelta presidencial prometiendo “orden”, una estrategia política usada por su padre hace 36 años y que generó delitos de lesa humanidad. Los psicosociales electorales al estilo fujimontesinista y el autoritarismo crecen. Sin embargo, desde hace más de nueve meses, surgen decenas de fotos de sus víctimas entre velas y flores. Estas son trasladadas por sus familiares y colocadas frente al Palacio de Justicia, en Lima, cada jueves, como parte de los actos de protesta y resistencia que surgieron luego de la promulgación de la ley de amnistía. Nada ha impedido que salgan: “Seguiremos en las calles hasta que la justicia se haga costumbre”, afirman.
Memoria y resistencia
“Así juntos es más bonito resistir”, dice Marly Anzualdo, hermana de Kenneth, estudiante desaparecido por agentes del Servicio de Inteligencia en 1993. Ella llega con la foto de Kenneth, pone flores, exige justicia y baila, en una sonrisa colectiva, cuando la mandolina de Salvador Sotelo suena para cerrar el plantón con huaynos y carnavales. Él es padre de Inti, asesinado por la Policía en una protesta contra el gobierno de Manuel Merino. Salvador no falta a ningún plantón; tampoco Luzdilan Camargo, la madre, quien señaló estar orgullosa de Inti porque “defendió a su país”.
Cada jueves emerge una memoria que reivindica el compromiso social, político y la dignidad de los peruanos víctimas de violaciones a los derechos humanos. Es una memoria que reivindica sus aportes, como sujetos políticos por un país mejor. Se trata de una memoria poco difundida, según Víctor Vich, docente y crítico literario, que sigue siendo atacada por los discursos de odio. “¿Por qué desapareció Teófilo? Por querer un país mejor, sin oprimidos ni opresores, pero para los fascistas pensar así es una condena; sin embargo, vamos a seguir resistiendo”, señaló Doris Caqui, esposa de Teófilo Rímac Capcha, desaparecido.
También, cada jueves, llega Angélica Cantoral, hermana de Saúl Cantoral, dirigente sindical minero asesinado por el comando paramilitar Rodrigo Franco en 1987. En la conmemoración de su asesinato, señaló: “Yo vengo los jueves; para mí es como hacer catarsis, es recordar, pero también es sanar”. La larga espera por justicia y el paso del tiempo se expresan en los rostros de los hermanos de Saúl, quienes estuvieron presentes un jueves cuando se conmemoró la memoria de Saúl y Consuelo García; al final del plantón, se abrazan y se van cargando flores.






Jueves y la Amnistía
Los jueves nacieron un 14 de agosto de 2025, luego de que la Ley N.º 32419 fue promulgada, norma que otorga amnistía a militares denunciados, investigados o procesados por violaciones a los derechos humanos cometidas entre 1980 y 2000. Esta ley podría afectar 600 procesos en curso, según señalaron organismos de derechos humanos. Como se recuerda, en el país existen 22,250 peruanos desaparecidos —según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y Sitios de Entierro—, decenas de miles de asesinados y miles de mujeres esterilizadas forzosamente, entre otro tipo de víctimas.
Hasta la fecha, van 38 plantones autogestionados, y la ley de amnistía aún no ha sido aplicada por los jueces pese a las presiones y amenazas, especialmente del congresista fujimorista Fernando Rospigliosi, quien logró que la Junta Nacional de Justicia abriera una investigación preliminar contra el juez Richard Concepción Carhuancho por inaplicar la Ley N.º 32107, otra norma proimpunidad que prescribe los crímenes cometidos entre 1980 y 2000. En los casos de las masacres de Cayara, Accomarca y en el caso del asesinato de Hugo Bustíos, los procesados y condenados pidieron la aplicación de la ley de amnistía, pero los jueces se negaron ejecutando el control difuso de constitucionalidad. Cabe precisar que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha ordenado a los jueces no aplicar dichas normas.
A 36 años del golpe
Cada semana, Armando Amaro Cóndor, estudiante de la Universidad La Cantuta, llega junto al corazón de Carmen Amaro, su hermana. Él fue secuestrado y asesinado por el grupo paramilitar Colina, uno de los casos por el que Fujimori fue sentenciado a 25 años de prisión. No hay un solo jueves en el que no estén presentes. Carmen llega arrastrando el parlante y cargando las fotos. En el plantón donde se recordó el golpe de Estado del 5 de abril, ella, pese a su timidez, gritó: “¡Fujimori, nunca más!”. Ella dirige los jueves de resistencia.
También, cada jueves, llega —soportando el dolor en sus piernas y cadera, pero más fuerte que nunca— Norma Méndez, madre de Melissa Alfaro, periodista asesinada por Vladimiro Montesinos. “Siempre llevo conmigo a mi Melissa”, dice. El día que se reconoció la sentencia lograda contra el Estado por su asesinato, Melissa regresó multiplicada la igual que Ernesto Castillo Páez, el estudiante de la PUCP, desaparecido en 1990 hasta la fecha.
51 víctimas más
En la ronda que los familiares realizan alrededor de la pileta, cada jueves, se ve a Asunta Quispe Clarín cargando la foto de Sonia Aguilar. Sonia era rondera; luego de la vacancia del expresidente Pedro Castillo, salió a protestar en Macusani, Puno, pero recibió un impacto de bala en la cabeza disparado desde una comisaría. Asunta no habla español, pero la mirada de Sonia a través de sus ojos lo dice todo. Sonia es una de las 51 fotos de las víctimas del régimen gobernante. Su foto, junto a la de otros peruanos asesinados —entre ellos la de “Trvko”—, emerge alrededor de la pileta al son de los sikuris, entre trovadores y raperos.
Son pocas, pero son
Gisela Ortiz, familiar del caso La Cantuta, señala que la memoria y los votos no parecen valer lo mismo, pero afirma que seguirán resistiendo. “Jueves será”, como son los jueves de las Madres de Plaza de Mayo, en Argentina; y como fueron los jueves de 1999, cuando las mujeres vestidas de negro protestaban en Lima, también frente al Palacio de Justicia, para demandar justicia por las víctimas de la guerra interna. “Jueves será” y “son pocas, pero son”, como escribió César Vallejo.



Fotos: Walter Hupiu.
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