Con una extensión de más de 200 hectáreas, el ecosistema de los Pantanos de Villa, ubicado en el distrito de Chorrillos (Lima, Perú), brinda descanso hasta alrededor de 40 mil aves migratorias que provienen del hemisferio norte.

Por Milton López Tarabochia

En la segunda ciudad más grande del mundo localizada en un desierto, se encuentra un oasis que sobrevive pese a todo. El crecimiento urbano de Lima, la capital peruana, ha ido aniquilando los pocos espacios naturales que tenía, sin embargo, aún se conserva un gran humedal en su zona sur, en el distrito de Chorrillos. Es un área protegida llamada Refugio de Vida Silvestre los Pantanos de Villa (RVSPV).

Los Pantanos de Villa son un reservorio de aguas subterráneas que provienen de lluvias y deshielos de la cuenca del río Rímac. Es por eso que su ecosistema es de vegetación inundada o, también llamado, de tierras húmedas. Este atributo le permite a los pantanos albergar hasta 211 especies de aves (entre migratorias, residentes y de registros eventuales), según información del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP).

Los Pantanos de Villa
Las gaviotas de Franklin es una de las especies migratorias que más masivamente llegan a los Pantanos. Foto: PROHVILLA.

Un bosque sumergido para las aves americanas

La condición de bosque inundado de los pantanos lo vuelve un espacio ideal para diferentes aves migratorias que provienen del hemisferio norte (Estados Unidos, Canadá, incluso el Ártico). La presencia de cientos de aves en un solo gran humedal supone para los visitantes una experiencia indescriptible. Más aún cuando todas vuelan al unísono y juegan en el cielo hasta ocultar un poco la luz natural.

“Los pantanos sirven de corredor biológico para cientos de aves que vienen del norte y vienen a descansar y alimentarse en esta parte del continente, algunas todavía continúan más al sur”, cuenta Carlos Bramón, responsable del mantenimiento de los Pantanos de Villa.

Carlos lleva más de 20 años conservando esta área protegida. En 1995 comenzó su actividad, cuando el gran humedal era, legalmente, un parque zonal. Eran tiempos diferentes. “Yo vivo en Chorrillos. Comencé (en Pantanos de Villa) cuando era un parque zonal. No había mantenimiento. Existía desmonte de basura, los residuos sólidos eran arrojados a los canales de los pantanos”, recuerda.

 La investigación científica es una de las actividades que se promueven en el gran humedal. Foto: PROHVILLA.

Debido a diferencias entre autoridades responsables, no había quien afrontara el abandono ambiental de los pantanos, pero finalmente se llegó a un acuerdo, recuerda Carlos Bramón. La administración del área protegida es compartida. 80% del área total es administrada por PROHVILLA, autoridad municipal. El otro 20% es responsabilidad del SERNANP (Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado).

Gracias a la mejor administración de los pantanos, ahora se promueven actividades ecosostenibles como la visita programada de investigadores científicos, turistas, avistadores de aves o el público curioso en general.

De acuerdo al biólogo especialista en biodiversidad de PROHVILLA, Alejandro Cotillo Mendoza, la gran temporada de presencia de aves migratorias inicia en septiembre, en octubre empieza a elevarse. Recién en abril disminuye la presencia de aves migratorias porque abandonan el lugar, pero permanecen las especies residentes o locales.

Flamencos andinos o parihuanas. Aves cuyos colores inspiraron, según el mito popular, los colores de la bandera nacional. Foto: PROHVILLA.

Son decenas las especies de aves que se encuentran. Muchas de ellas sufren de algún grado de amenaza como el pelícano peruano (Pelecanus thagus), el guanay (Phalacrocorax bouganvilli) y el piquero peruano (Sula variegata). Incluso se encuentran los famosos flamencos peruanos o, como se conocen localmente, las parihuanas (Phoenicopterus chilensis).

También encontramos a las gaviotas de Franklin (Leucophaeus pipixcan), que vienen del norte y continúan su viaje hasta el sur argentino. Por temporada, pueden llegar hasta 40 mil individuos de gaviotas de Franklin al área protegida, sin contar a las otras aves y las más de 60 especies de plantas que las rodean. Una experiencia llena de vida en medio de un desierto.