«La Amazonia es tierra disputada desde varios frentes: por una parte, el neoextractivismo y la fuerte presión por grandes intereses económicos que dirigen su avidez sobre petróleo, gas, madera, oro, monocultivos agroindustriales. […] Hemos de romper el paradigma histórico que considera a la Amazonía una despensa inagotable de los Estados sin tener en cuenta a sus habitantes». Esta es la frase del papa Francisco que generó protesta por parte de quienes defienden el extractivismo, es decir, una minería y extracción petrolera exacerbada al extremo sin tomar en cuenta los efectos sociales y ambientales negativos que pueda traer.

Lo dicho por el papa Francisco estuvo refrendado por un fuerte acto simbólico: se convocó a Santiago Manuin para que, en nombre de los Pueblos indígenas amazónicos, saludara al Papa y lo ungiera con los símbolos de los apus, en su caso, del pueblo awajún al que Manuin pertenece. La fuerza de este hecho recae en que Santiago Manuin ha sido de los líderes indígenas que ha dirigido la resistencia al extractivismo.

Manuin estuvo en la protesta contra los llamados decretos del “perro del hortelano” promulgados por Alan García el 2008 para quitar derechos de los indígenas a su territorio justamente para beneficiar a esos grandes intereses económicos en petróleo y oro, los que aun a la fecha extraen recursos del territorio awajun sin que se haya hecho la consulta legalmente requerida. En esa oportunidad, la hoy primera ministra Mercedes Araoz era ministra de García y defendió públicamente esos decretos del “perro del hortelano” con el pretexto de que de ellos dependía la vigencia del TLC con los Estados Unidos, lo que se demostró falso. ¿Cómo estamos seguros que era falso? Porque después de más de 3 meses de protesta indígena y de un fuerte enfrentamiento en la llamada “curva del diablo” en Bagua en la que Santiago Manuin recibió una docena de balas que casi lo matan (estuvo hospitalizado casi medio año), finalmente el decreto que afectaba el derecho indígena sobre los bosques amazónicos fue derogado y nada pasó con el TLC.

El extractivismo está plenamente vigente y ganará peso este año. En años y décadas anteriores, hemos visto multiplicidad de casos en los que este extractivismo exacerbado ha llevado a contaminación de ríos por petróleo, a  asesinatos de líderes indígenas que defienden sus bosques de la deforestación, a corrupción para la salida de madera ilegal. En todos los casos, pasando por encima del derecho de los pueblos indígenas a ser previamente consultados antes de que se extraiga los recursos naturales de sus territorios, territorios que se impide tengan los títulos legales que les corresponden. Este año la presión por el avance en la explotación del oro, los minerales y el petróleo aumentará debido a que esos precios internacionales han aumentado, lo que eleva las ganancias potenciales de su extracción y mueve las ruedas de lobbies que buscarán menos protección ambiental aunque eso tenga como costo más corrupción y más violencia.

El modelo extractivista no debe seguir, ni tampoco la exclusión de los pueblos indígenas. Que no se nos olvide.

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