“Aspiramos a Estados garantes de derechos, no violadores de derechos”: Tarcila Rivera y el llamado continental de las mujeres indígenas 

En un contexto de violencia, crisis climática y retrocesos legislativos, más de 180 lideresas indígenas de 21 países se reunieron en Lima, del 16 al 19 de octubre, para llevar a cabo el IX Encuentro Continental de Mujeres Indígenas de las Américas, bajo el lema “Sintiendo, pensando y haciendo el futuro”. El evento, organizado por Chirapaq y el Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas (ECMIA), marcó un momento histórico de articulación para las mujeres de los pueblos originarios, quienes reafirmaron su lucha por la vida, la paz y la justicia climática.

Tarcila Rivera Zea, quechua-chanka, presidenta de Chirapaq y coordinadora continental del ECMIA, destacó que el encuentro se enmarca en los 40 años de trabajo de su organización y los 30 años del ECMIA. “Chirapaq ha sido como un laboratorio desde donde hemos desarrollado iniciativas importantes para jóvenes, mujeres y comunidades. Hemos trabajado por la soberanía alimentaria, la identidad cultural y la autoestima de las niñas y niños indígenas”, explicó.

Desde 1993, Rivera Zea ha impulsado que las mujeres indígenas tengan presencia en espacios de decisión, desde los foros internacionales hasta los territorios. “Nos dijimos: las mujeres indígenas no debemos estar ausentes donde se tratan nuestros temas. Y así empezamos a construir nuestro camino hacia Beijing, en 1995, y más allá”, recordó.

Brechas y violencias persistentes

A pesar de los avances en visibilidad internacional, Tarcila advierte que en el plano nacional “las barreras no se han levantado”. Señala que la discriminación estructural sigue limitando el acceso de las mujeres indígenas a la justicia, la educación, la tierra y la representación política. “A veces las leyes retroceden y tenemos que defender lo logrado. Nosotras seguimos enfrentando racismo, exclusión y falta de oportunidades para vivir con dignidad”, afirmó.

Una de las prioridades de Chirapaq y del ECMIA es la erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas indígenas. Rivera Zea recordó que la violencia sexual y los embarazos forzados de niñas en zonas rurales constituyen violaciones graves a los derechos humanos. “Una niña violentada sufre un trauma que difícilmente supera. Y si el Estado permite que esas niñas sean obligadas a parir, está violando su derecho a la vida”, subrayó.

Criticó la falta de empatía y acción del Estado peruano frente a la violencia de género y los abusos cometidos en comunidades rurales. “Aspiramos a Estados garantes de derechos, no violadores de derechos. No puede ser que se archive una denuncia por violación sexual de un presidente mientras se abandona a las niñas de los Andes y la Amazonía”, enfatizó.

Territorio, vida y paz

Entre los ejes del encuentro, el derecho territorial y la defensa del medio ambiente ocupan un lugar central. Rivera Zea denunció la invasión de narcotraficantes en la Amazonía, la expansión de las industrias extractivas sin consulta previa y la aprobación de normas que favorecen la deforestación. “El narcotráfico destruye no solo la naturaleza, sino las relaciones humanas. Y la minería sin consentimiento vulnera la sostenibilidad de la vida y del agua dulce”, señaló.

Las lideresas discutieron sobre soberanía alimentaria, conocimientos ancestrales y bienes comunes, temas que vinculan la protección ambiental con la autodeterminación de los pueblos. “Hablamos de producir alimentos sanos, sin transgénicos ni pesticidas, y de valorar los saberes heredados de nuestros ancestros. El territorio es nuestra casa. Si se destruye el bosque, se destruye la vida”, afirmó Rivera Zea.

Un llamado continental

Con el lema “Un encuentro para construir la vida y la paz”, las mujeres indígenas de las Américas reafirmaron su papel como defensoras de la vida y de la democracia. “Creemos en la paz porque sin paz no se puede construir la vida. Hemos apostado por Estados democráticos y exigimos que los gobernantes hagan honor a esa palabra”, expresó Rivera Zea, haciendo alusión a la actual crisis política que viene atravesando el Perú.

Desde Lima, las voces de las mujeres indígenas recordaron al continente que no hay justicia climática ni democracia verdadera sin escuchar a los pueblos que defienden la tierra con su cuerpo y su memoria.

Por: Silvia Bardales Q.

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