• En Putina Punco, localidad ubicada dentro de la zona de amortiguamiento del parque, los cultivos ilegales de hoja de coca alcanzan las 2900 hectáreas. Y dentro del área protegida, se han invadido 400 hectáreas más.
  • Al noreste del Bahuaja Sonene, se han detectado 500 hectáreas deforestadas por la minería ilegal en la comunidad harakbut de Kotsimba y en las orillas del río Malinowski.
  • En Alto Inambari, distrito puneño ubicado al sur del parque, se han identificado 18 puntos de minería ilegal que colindan con la zona de amortiguamiento

Si se localizan en un mapa los puntos en los que estas actividades ilícitas han sido detectadas, es posible entender la magnitud del problema, comprender cómo la minería ilegal y el narcotráfico atacan por distintos flancos al Parque Nacional Bahuaja Sonene.

Esta área natural protegida que abarca 1,1 millones de hectáreas y que se extiende principalmente sobre la selva de Puno, y el sur del departamento de Madre de Dios, protege “la única muestra del ecosistema de sabanas húmedas tropicales del Perú y su fauna característica”, como lo señala el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp).

Y es este espacio único el que está en peligro. Las dos actividades ilícitas se desarrollan en la zona de amortiguamiento del parque y, en algunos casos, han cruzado los límites. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), el Parque Nacional Bahuaja Sonene es el área protegida que posee la mayor superficie cultivada con coca ilegal: hay 118 hectáreas de este cultivo dentro del parque. Sin embargo, las autoridades del área natural señalan que existe una deforestación de 473 hectáreas, cerca de 5 kilómetros cuadrados dentro del área protegida, sobre todo relacionada con el narcotráfico.

Desde el 2012, los cultivos ilegales de coca se apoderaron de más territorio, en muchos casos donde antes se producía uno de los mejores granos de café del mundo. Foto: Vanessa Romo.

Pedro Gamboa, jefe del Sernanp, señala que esto se ha convertido en una amenaza para el personal de guardaparques, tanto así, que uno de los jefes del Bahuaja Sonene se vio obligado a renunciar. A esto se suma que, según un reporte del Sernanp elaborado en el 2015, se detectó una pista de aterrizaje clandestina dentro del área protegida.

En el 2015, los guardaparques del Bahuaja Sonene identificaron una pista de aterrizaje clandestina dentro del parque. Fuente: WorldView de Digital Globe.

En el caso de la minería ilegal, tanto en la zona sur como norte del parque esta actividad sigue avanzando. En Alto Inambari, distrito puneño ubicado al sur del Bahuaja Sonene, la fiscalía provincial especializada en Materia Ambiental de Puno identificó en una visita hasta 18 puntos de minería ilegal que colindan con la zona de amortiguamiento del parque. Y a este panorama hay que agregarle el tráfico de combustible que se evidencia a simple vista con la cantidad de grifos que se han instalado en la zona.

David Araníbar, jefe del parque Bahuaja Sonene, confirma en uno de los reportajes que iremos publicando a lo largo de la semana que la minería ilegal esté presente en todo el recorrido del río Inambari, el cual limita naturalmente con la zona de amortiguamiento del parque.

La minería ilegal que acecha la parte sur del Parque Nacional Bahuaja Sonene es migratoria: abre un campamento, saca el oro con mercurio y lo deja cuando termina la abundancia de oro para abrir otro espacio en el mismo lecho del Inamabri. Foto: Vanessa Romo.

En el sector noroeste del área protegida, se han detectado 500 hectáreas deforestadas por la minería ilegal en la comunidad harakbut de Kotsimba y en las orillas del río Malinowski. Esto ha generado un impacto significativo en la población de lobos de río, por ejemplo, porque las operaciones ilegales en la cabecera del río han propiciado la migración de esta especie en peligro de extinción. “Los lobos han quedado aislados en el río Heath, el único límite del parque que no tiene amenazas de minería”, explica Araníbar.

Lobos de ríos registrados en un tramo del río Heath, dentro del Parque Nacional Bahuaja Sonene. Daniel Resengren/Sociedad Zoológica de Fráncfort – Perú.

Autoridades, pobladores y expertos consultados señalan la expansión de estos delitos alrededor del Bahuaja Sonene como una consecuencia del llamado ‘Efecto globo’. A lo que se refieren es a cómo las acciones de fiscalización o las interdicciones realizadas en un punto pueden muchas veces trasladar el problema a otro.

En el caso de los cultivos ilícitos de hoja de coca en el distrito de Putina Punco, selva montañosa de Puno, autoridades del Ministerio de Agricultura y de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida) señalan que el incremento, de 1662 a 2880 hectáreas, coincide con el aumento de las erradicaciones en el Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAEM), y la aparición masiva de migrantes de Ayacucho y Apurímac en el valle de la provincia de Sandia, al que pertenece el distrito de Putina Punco.

Devida precisa que han detectado incluso patrones similares a los observados en el VRAEM. Existen clanes familiares tomando el control de varios sectores del distrito, además de laboratorios de pasta básica y clorhidrato de cocaína ubicados a pocos metros de las plantaciones. Muchos de los caficultores asentados cerca del parque, que no han querido dedicarse a cultivar hoja de coca, viven asustados.

Noé es uno de los pocos jóvenes caficultores que tienen esperanza en el futuro y en que se puede recuperar el café. Cree que la unión de agricultores y convencerlos de migrar al café, aunque sea lentamente, puede ser la solución. Foto: Vanessa Romo.

Pero además del ‘Efecto globo’, en el caso de Sandia hay que mencionar también otro detonante: la plaga de la roya que atacó las plantas de café hasta secarlas. De contar en el 2012 con 8400 hectáreas de café en producción, en el 2017 solo quedaban 2330. Los agricultores asentados en la zona de amortiguamiento del Bahuaja Sonene dependían de esta actividad, pero tras esta crisis muchos se vieron obligados a buscar otro ingreso, y encontraron una salida fácil y más rentable sembrando hoja de coca.

La minería ilegal en el Alto Inambari tiene una explicación similar. Las autoridades señalan que uno de los detonantes fueron las interdicciones contra esta actividad realizadas entre el 2009 y el 2012 en Madre de Dios. Esto provocó el desplazamiento de la población minera hacia zonas como Quincemil en Cusco, y San Gabán y Alto Inambari en Puno. Además, se identificó que las interdicciones en el distrito de Ananea, ubicado en la zona altiplánica de Puno, también provocaron la llegada de mineros a Inambari.

La historia de Kotsimba es distinta pero ni las autoridades ni los pobladores pueden ignorar el desastre ambiental causado a lo largo de casi diez años de explotación minera ilegal. Aunque los relaves mineros, dragas y retroexcavadoras forman parte hoy del paisaje de esta comunidad, existe también un interés de parte de los pobladores de Kotsimba por abandonar la minería ilegal en un año y dedicarse a actividades ecoturísticas. ¿Podrán lograrlo?

En el límite del parque con la zona de amortiguamiento, los mineros ilegales han removido la tierra y desviado el cauce del río Malinowski. Donde están los árboles comienza el parque. Foto: Vanessa Romo.

Mongabay Latam publicará por los próximos días, tres informes especiales que retratan una problemática que va en aumento y que se desarrolla alrededor de uno de los parques nacionales más biodiversos del Perú. En algunos casos, hemos tenido que cambiar los nombres de algunos de los pobladores para proteger sus identidades, porque viven hoy en espacios muy peligrosos que los convierte en blancos fáciles.