COP30: ¿un punto de inflexión o una foto en la Amazonía?
Belém do Pará, en el corazón de la Amazonía brasileña, acoge entre el 10 y el 21 de noviembre la 30ª Conferencia de las Partes sobre cambio climático (COP30). La elección del lugar es simbólica: la cumbre llega a una de las regiones más biodiversas —y más amenazadas— del planeta, donde se cruzan intereses de conservación, extractivismo y comunidades indígenas. La organización del evento apuesta por convertir la cita en una “COP de implementación”, con la mira en acelerar compromisos nacionales y traducir el resultado del Global Stocktake en acciones concretas.
Sin embargo, según activistas y organizaciones de la sociedad civil peruana como AIDESEP y LCOY Perú, varios factores ponen en cuestión si la COP30 podrá cerrar acuerdos más integrales que los de años anteriores. En lo técnico, los principales puntos de negociación en Belém incluyen la operacionalización de indicadores para la meta global de adaptación, el cierre de la brecha de financiamiento climático para países en desarrollo, y mecanismos para acelerar la implementación de las NDC (contribuciones nacionales). Estos temas son complejos y requieren tanto recursos como voluntad política; la retórica de “implementación” puede quedar corta si no se materializan compromisos financieros y mecanismos de rendición claros.
La presencia clave de los pueblos indígenas amazónicos del Perú
Una de las novedades más destacadas de esta COP30 es la participación estratégica de los pueblos indígenas amazónicos del Perú, que llegan con propuestas construidas desde los territorios y exigen que sean tomadas en cuenta como actores centrales en la acción climática global.
Según la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), una delegación de 35 líderes y lideresas indígenas del Perú estará presente en Belém, con una propuesta integral basada en la justicia climática, los derechos colectivos y la sabiduría ancestral.
La agenda que presentan incluye once líneas de acción entre las que destacan el Programa REDD+ Indígena Jurisdiccional (RIJ); la vigilancia y monitoreo territorial indígena mediante el Sistema de Alertas y Acciones Tempranas (SAAT); la protección de los Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial (PIACI); estrategias de adaptación intercultural con liderazgo de mujeres indígenas; acceso directo y simplificado a los fondos climáticos; defensa de defensores indígenas; creación de plataformas climáticas regionales; y medidas frente a incendios, minería ilegal y contaminación.
El presidente de AIDESEP, Jorge Pérez Rubio, señala:
“Nuestra voz y propuestas deben escucharse en espacios globales como la COP30 porque allí se toman las decisiones que afectarán el futuro del planeta. Sin nosotros, los pueblos indígenas, no hay solución posible frente a la crisis climática.”
Y la lideresa indígena Tabea Casique Coronado agrega:
“Nosotras, las mujeres indígenas, vamos a la COP30 a expresar cómo desde nuestros territorios cuidamos la vida, los recursos naturales y la biodiversidad… Será una oportunidad para que el mundo escuche nuestras soluciones y reconozca que los pueblos indígenas somos los protectores y quienes aportamos a la conservación de la Amazonía y a la solución del planeta.”
Según AIDESEP, esta participación no es decorativa. La COP30 se celebra, por primera vez en la historia, en plena Amazonía, lo que añade un carácter simbólico y práctico al evento. “Este hecho marca un momento histórico y simbólico para los pueblos indígenas amazónicos, quienes son actores clave con propuestas propias desde los territorios en la lucha contra la crisis climática global”, agregan en su comunicado.
Las demandas sociales y juveniles que amplifican la agenda
Los movimientos juveniles y las juventudes latinoamericanas también llegan con demandas concretas y con una estrategia de movilización: no solo asisten, sino que organizan, facilitan y entregan propuestas ante la presidencia de la COP. Iniciativas como LCOY construyeron una Declaratoria Nacional que busca llevar las prioridades territoriales, la justicia intergeneracional y los saberes indígenas a la mesa política. Esto alimenta la expectativa de que la presión social pueda inclinar la balanza hacia medidas más justas y orientadas al territorio.













Por: Silvia Bardales Q.
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