Crecimiento InSOStenible: La dependencia a los combustibles fósiles nos está pasando factura
| Por Kelly Alfaro
La falta de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) en nuestro país ocupa las actuales portadas de noticias y muchos análisis, el PBI actual acumula dos trimestres consecutivos en rojo; “necesitamos seguir creciendo” manifiesta el actual ministro de Economía, pero de lo que no se habla es del cómo se viene creciendo. El actual paradigma de crecimiento económico en nuestro país, supone un crecimiento también de nuestras emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) (emisiones que explican el calentamiento global) y es momento de plantear la necesidad de descarbonizar nuestra economía; es decir, reducir nuestras emisiones en todos los sectores de bienes y servicios, a fin de cumplir con nuestros compromisos climáticos, como país nos comprometimos a no exceder nuestras emisiones en 208.8 mil GgCO2eq (denominado límite no condicionado) y en caso de tener financiamiento externo para reducir nuestras emisiones, éstas serían como máximo 179.0 mil GgCO2eq (denominado límite condicionado).
El último informe del MINAM sugiere que la forma en la que estamos creciendo no es sostenible. El MINAM publicó los datos sobre los GEI en nuestro país para el año 2019 (con 4 años de retraso), y los resultados son alarmantes. El componente de tierras, que incluye el uso de la tierra, cambio de uso de la tierra y silvicultura (UTCUTS), representa la mayor proporción de GEI en nuestro país, generando el 47.9% del total de emisiones de GEI (la principal fuente de emisión en este sector es la conversión de tierras forestales y pastizales en cultivos). Esta cifra resulta preocupante, ya que además de contribuir a la pérdida de biodiversidad, pone en evidencia la urgente necesidad de prestar atención a este sector y promover una transformación radical.
El segundo sector con más emisiones es el de energías, que representa el 30.1% del total de emisiones de GEI en nuestro país (el transporte, es la principal fuente de emisiones en este sector). Juntos, los sectores de Tierras y Energías suman más del 77% de todas las emisiones de GEI, y lamentablemente carecen de políticas concretas que busquen desacelerar estas emisiones, la falta de acciones inmediatas agrava aún más la situación.

Además, al evaluar el cumplimiento de nuestros compromisos climáticos, los datos reflejan una tasa de crecimiento anual promedio de 1.62% en las emisiones de GEI (entre 2010 y 2019). Si esta tendencia persiste, será imposible alcanzar nuestros compromisos climáticos al 2030. De hecho, ya hemos excedido las metas. Pues, para llegar a la meta condicionada (con financiamiento externo) para el año 2030, necesitamos reducir nuestras emisiones anuales a una tasa del 1.32%, y para alcanzar la meta no condicionada, deberíamos decrecer a una tasa del 0.06%. Estamos en rojo, y es hora de actuar con urgencia.

El Estado debe tomar en serio sus compromisos climáticos y comenzar a incidir de inmediato en la reducción de las emisiones de GEI. Para ello, se puede promover incentivos positivos para el uso de energías limpias y sostenibles, así como invertir en un sistema de transporte público eficiente. La eficiencia energética debe ser una prioridad en todas las esferas de nuestra sociedad, y es fundamental reducir e incluso eliminar la deforestación en regiones como la Amazonía.
La pregunta sobre si es posible un crecimiento económico con reducción de GEI es lo que actualmente se debate en el mundo; en todo caso con los pocos datos que tenemos (aún) desde el año 2010 podemos observar que en nuestro país existe una relación de crecimiento del PBI y crecimiento de GEI. Es necesario cambiar nuestra perspectiva y considerar la medición de los GEI tan importante como la del PBI; es decir actualizarla cada año. Los datos actuales (año 2019) nos muestran la urgencia de conservar nuestros bosques, especialmente en las regiones amazónicas. La dependencia de los combustibles fósiles en nuestra economía debe cesar de inmediato. La transición energética, es una alternativa posible e imperativa a la descarbonización de nuestra economía. Es uno de los caminos hacia un futuro sostenible, donde podamos cumplir con nuestros compromisos climáticos y preservar el planeta para las futuras generaciones. Es un llamado a la acción de todas las personas. Sin embargo, la responsabilidad recae principalmente en las empresas y el Estado quienes tienen la responsabilidad de migrar a la descarbonización. Ello supone una serie de acciones como: transitar a energías renovables, mejorar la eficiencia en el consumo y producción de energía, usar y promover la movilidad sostenible, agricultura sostenible, industria limpia, conservación de bosques, uso sostenible del suelo, entre otras acciones. El Estado debe tomar enserio sus compromisos climáticos y empezar a reducir ya mismo las emisiones.

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