“Democracia cascarón”: Congreso peruano concentra el poder y erosiona las libertades

“En el Perú la democracia está muriendo sin dictador”, tituló recientemente The New York Times, en un análisis que alerta sobre el progresivo vaciamiento de las instituciones democráticas bajo la actual correlación de poder político . El artículo, advierte que el país vive una deriva autoritaria marcada por la captura de organismos electorales, el debilitamiento de la prensa y la impunidad frente a las violaciones de derechos humanos ocurridas durante las protestas.

Para el politólogo Andy Philipps Zeballos, la situación peruana refleja lo que en ciencia política se denomina una democracia cascarón: un sistema que conserva la forma institucional de la democracia, pero vaciado de contenido. “Formalmente existen elecciones, derechos y libertades reconocidas, pero en la práctica no se cumplen”, explica.

Philipps sostiene que el deterioro democrático se manifiesta en cada uno de los pilares que, según Robert Dahl —uno de los teóricos que más escribió sobre democracia—, deberían sostener un régimen libre: elecciones justas, pluralidad informativa, libertad de expresión y gobiernos que respondan a la voluntad popular. “En el Perú, desde 2016, los poderes fácticos han sido capaces de imponer ministros, vacar presidentes legítimos o manipular la voluntad popular mediante mecanismos cuestionables”, señala.Los índices de la International IDEA confirman la tendencia: el país retrocedió en varias categorías de “Democracia, Derechos y Estado de Derecho” en los últimos años.

Organismos y la prensa internacional señalan que en el Perú el desbalance institucional, la inestabilidad prolongada de los gobiernos y la repetida vacancia presidencial están minando la legitimidad de los procesos democráticos.

Al respecto, Philipps subraya que el Congreso es el epicentro de esta crisis. “Ha capturado organismos claves como la Junta Nacional de Justicia, la Defensoría del Pueblo y el Tribunal Constitucional”, afirma. Estas acciones, según el politólogo,responden a un patrón autoritario que busca concentrar el poder político, judicial y mediático.

En esa línea, el análisis del NYT citado subraya que la democracia puede morir no solo por tiranías y dictaduras, sino también por la erosión institucional silenciosa. Es el caso de un sistema donde el Congreso domina, los gobiernos se vuelven transitorios y las grandes reformas se bloquean, dejando vacío el espacio de gobernabilidad.

Un Congreso que se blinda

El especialistaadvierte que el actual Parlamento no solo ha socavado el equilibrio de poderes, sino que también ha diseñado un nuevo sistema bicameral que refuerza su dominio. “Este Senado será una especie de supersenado, más poderoso que el Congreso actual y además indisoluble”, explica. “Va a aprobar tratados internacionales, participar en el presupuesto y designar altas autoridades del Estado. Es decir, estamos frente a un sacha parlamentarismo muy a la peruana, que consolida un poder poco representativo y altamente concentrado”.

El nuevo Senado, compuesto por solo 60 integrantes elegidos bajo un sistema que favorece a los grandes partidos, tendría, según Philipps, una legitimidad cuestionable. “Este rediseño convierte al Congreso en una especie de asamblea constituyente ilegítima, que legisla a favor de sus propios intereses y de la impunidad”, agrega.

Libertades en retroceso

El informe de The New York Times menciona también la creciente represión estatal contra manifestantes y periodistas. Para Philipps, este es otro síntoma de un régimen híbrido con rasgos autoritarios: “Vemos cómo se persigue a quienes protestan, se les criminaliza, se les deshumaniza y hasta se les mata. La libertad de expresión y el derecho a la protesta están seriamente comprometidos”.

La concentración mediática agrava este escenario. “El 80% de los medios está en manos del Grupo El Comercio. Esa falta de pluralidad reduce el acceso a información independiente y fomenta la desinformación”, apunta. No obstante, reconoce el papel de los medios digitales alternativos, que “cumplen una función clave en democratizar la información y defender el derecho ciudadano a la verdad”.

¿Un régimen congresal?

Frente a la pregunta de si es correcto hablar de un “régimen congresal”, Philipps matiza: “No lo llamaría parlamentario en sentido estricto, pero sí un sistema donde el Congreso se ha convertido en el centro de poder, desplazando al Ejecutivo. Estamos ante un modelo híbrido: con fachada democrática, pero con prácticas autoritarias”.

El politólogo advierte, además, que este sistema busca perpetuar a los mismos grupos en el poder. “Hay partidos responsables de leyes pro impunidad y pro crimen, de la persecución a fiscales y de políticas que benefician a grandes multinacionales. Por eso, la ciudadanía debe mantenerse movilizada y vigilante”.

Finalmente, Philipps recuerda que la democracia peruana nunca ha sido plena. “Las enormes desigualdades sociales hacen imposible que exista una ciudadanía realmente igualitaria. Para aspirar a una democracia sustantiva, necesitamos redistribuir no sólo los recursos económicos, sino también el poder político y mediático”.

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