La semana pasada el gobierno PPK firmó el nuevo TPP, un “TLC ampliado” a una docena de países. El TPP incluye la llamada “protección de inversiones” mediante las cuales los inversionistas extranjeros de esos países tienen derechos especiales, que no tienen los peruanos, para enjuiciar al estado peruano ante tribunales internacionales.

El último caso de un juicio de este tipo, amparado en tratados internacionales “de inversiones” es el de Odebrecht, que por el caso del Gasoducto del Sur ha enjuiciado al estado peruano. El gobierno PPK ha contratado a un estudio de abogados neoyorquinos por US$ 6.900,000 dólares para que nos defienda, lo que deberemos pagar sí o sí, aun cuando ganemos el caso. Pero hay también la posibilidad de que la corrupta Odebrecht logre en estos tribunales ad-hoc un fallo a su favor.  Aunque es similar a otros casos, no deja de llamar la atención que Odebrecht se apara en un tratado del Perú con ¡Luxemburgo!, un minúsculo país que es un paraíso fiscal para traferos donde Eliane Karp tuvo una cuenta y donde su hermano fue nombrado alguna vez cónsul.

El Perú también enfrenta otros juicios de este tipo. Por el aeropuerto de Chinchero la empresa trafa Kuntur Wasi gracias a PPK nos está abriendo un juicio similar. Ya lo hizo Doe Run, la contaminadora de La Oroya por 800 millones de dólares. Otra empresa, la canadiense Bear Creek Mining por el proyecto Santa Ana, tras un problema generado por Alan García el 2011, nos ha ganado un juicio y debemos pagarle más de 30 millones de dólares.

Como ha dicho Dani Rodrik profesor de Harvard, en muchos casos los TLCs no se refieren al libre comercio sino que resultan ser instrumentos de protección de intereses de grandes empresas. Es el caso de esta protección de inversiones y también el de las ventajas dadas a las grandes farmacéuticas para actuar como monopolios y cobrar precios abusivos.

Este tipo de tratados no nos convienen. Menos aún cuando sirven para defender corruptos. Pero es particularmente absurdo que sigamos en esta política cuando toda la estrategia mundial de TLCs está en crisis con unos Estados Unidos que, con Donald Trump, desconocen todo lo firmado sin miramientos.