El fujimorismo está golpeado. Y sin argumentos, sin elementos de convicción, con una defensa abatida exigiendo solo 8 horas de audiencia y su derecho a irse a dormir; obviamente, para dilatar la audiencia y ganar tiempo.

El fiscal José Domingo Pérez, en cambio, no solo ha argumentado y convencido. Ha demostrado con documentación que el fujimontesinismo de los 90’ nunca se fue y persiste, incluso, no ha cambiado de estrategia con operadores políticos, aliados, testaferros, medios de comunicación.

Varios golpes certeros del fiscal Pérez. Un alegato contundente que termina vinculando los casos Lava Jato, Cócteles y Cuellos Blancos del Puerto, además de asociar a Fuerza Popular con lo que considera el vigente brazo operativo de Vladimiro Montesinos, a través de la figura del abogado Vicente Silva Checa, señalado como asesor de Keiko, quien tenía en su casa documentos revisados por la comisión investigadora del Congreso, que preside la fujimorista Rosa Bartra. Silva Checa, según el fiscal que lideró el allanamiento a su vivienda, poseía los resúmenes y ayudas memoria de las megaobras como Tren eléctrico, Chavimochic, entre otros.

Otro golpe fue la revelación del fiscal Pérez quien citó el testimonio brindado el 16 de octubre por el presidente del directorio del Grupo RPP, Hugo Delgado, señalando que José Chlimper entregó 210 mil dólares al Grupo RPP (Radio Programas del Perú), para publicidad a dos semanas de terminar la campaña de Keiko Fujimori en el 2011.

Pérez Gómez citó: “En ese momento (Chlimper) me entregó 210 mil dólares en efectivo y me dijo que este dinero era para la continuidad de la campaña hasta el 5 de junio del 2011″. El Grupo RPP lanzó un comunicado admitiendo que recibió esa cantidad en efectivo, y aunque señalan que la operación se realizó facturó y bancarizó toda la pauta publicitaria de ese año, si estuvo bien o mal  deberá ser determinado por el Ministerio Público. En opinión de algunos ciudadanos a través de las redes sociales, la figura ha recordado las épocas en que Montesinos entregaba torres de dinero en efectivo a diversos personajes.

Lo que es una certeza es que lo revelado por el fiscal José Domingo Pérez es convincente y comprobable. Siendo apenas una audiencia de pedido de prisión preventiva y no un juicio, ha logrado que el Grupo RPP confirme que no es solo una hipótesis sino que el hecho existió. Seguidamente José Chlimper renunció a la secretaría de Fuerza Popular.

El fiscal va demostrando que la prisión preventiva tiene asidero.

Otro golpe a Fuerza Popular ha sido la carta de Rolando Reátegui reconociendo que está colaborando con la fiscalía, los cuestionamientos a la lealtad de Keiko y el pedido de cambio de dirigencia. No es un acto que lo redime, pero siendo un personaje íntimo, cara conocida del escuadrón de escuderos de los Fujimori, su colaboración hace explosión en el partido naranja.

El fiscal Pérez basándose en el estatuto del partido también ha mencionado que Keiko designa a quienes son responsables del financiamiento. Y esta es una pieza importante que la deja sin escapatoria. La defensa no ha podido argumentar en contra. Ese manejo se hace evidente también en el accionar de los integrantes de Fuerza Popular con los chats de ‘La Botica’.

Pero, ojo, pare, aún no se puede cantar victoria, eso sería un error. Ya hay periodistas que califican como “un cambio” que algunas caras hasta ahora visibles se oculten o se nombre un Comité de Emergencia en Fuerza Popular. No seamos tan ingenuos.

La renuncia de Francesco Petrozzi, la de José Chlimper, la licencia tibia de Daniel Salaverry, el ‘ya no quiero ser vocera’ de Úrsula Letona, Alejandra Aramayo y Karina Beteta, además de la carta de Rolando Reátegui pidiendo cambio en la dirigencia y hablando de lealtades tardías, no significan la desaparición de Fuerza Popular.

Petrozzi se aleja pero era solo un invitado. La renuncia de Chlimper no le quita poder, porque sigue siendo parte del directorio del Banco Central de Reserva. Lo mismo Daniel Salaverry, quien pretende salvar su imagen de fujimorista, pero sigue siendo presidente del Congreso. Es decir, en la práctica, no ha cambiado mucho. Que las voceras ahora no sepan cómo ser voceras o si seguir quemándose, tampoco las aleja de la serie de conspiraciones de las que seguimos siendo testigos en los chat de La Botica.

Cuando Alberto Fujimori se fugó del país, varios de sus amiguísimos, sus exasesores, sus escuderos comenzaron a fugar también de cualquier asociación con su partido. Se escondieron tras la coyuntura convulsionada que dejó y personajes como Martha Chávez y Luz Salgado, por ejemplo, jamás dejaron la escena pública, pues hasta participaron de las mesas de diálogo que culminaron en la elección de un gobierno de transición. El fujimorismo nunca fue proscrito, se recicló como pudo. Tiene brazos operativos y legales que siempre actúan para limpiarlo.

No hay que confiar en sus pedidos de tregua después de escuchar al fiscal José Domingo Pérez. Si no es Keiko será Kenji, mientras Alberto sigue mimado en la clínica Centenario sin que se cumpla con devolverlo a la prisión. El fujimorismo no es solo el fujimorismo, siempre fue y sigue siendo el fujimontesinismo. Hay que estar alertas, y sobre todo, hay que defender y exigir una justicia real, porque sin justicia, no hay democracia.