Lideresas de Lima Sur colocan la agricultura urbana en el centro de la lucha contra el hambre y la crisis climática

Mientras la campaña rumbo a las elecciones insiste en la inseguridad ciudadana y la corrupción como ejes casi excluyentes del debate público, en los cerros y barrios populares de Lima Sur se libra otra batalla: la del derecho a la alimentación. Y al frente de esa lucha están mujeres organizadas que han convertido la agricultura urbana en una respuesta concreta frente al hambre, la desigualdad y la emergencia climática.

En distritos como Villa María del Triunfo, Villa El Salvador y San Juan de Miraflores, redes de lideresas impulsan biohuertos comunitarios y familiares que no solo producen alimentos frescos, sino que recuperan espacios abandonados, fortalecen la organización vecinal y construyen resiliencia ante los impactos del cambio climático.

Biohuertos: respuesta desde abajo

Frente a la inacción estatal, organizaciones sociales, lideradas por mujeres,  han impulsado biohuertos comunitarios como estrategia de supervivencia y transformación.

En zonas altas de Villa María del Triunfo —como el A.H. Ampliación Comité Cerro Centinela, el A.H. 8 de diciembre y el A.H. Quebrada Alta de Paraíso— los biohuertos funcionan como “pulmones verdes” en territorios sin parques ni planificación urbana adecuada. Allí se cultivan hortalizas frescas en suelos rocosos o arenosos que parecían improductivos.

En Villa El Salvador, vecinos del A.H. Sector 9 Grupo 3A transformaron en menos de cuatro meses un terreno abandonado —antes usado para arrojar desmonte— en un biohuerto que ya ha producido 50 kilos de hortalizas como berenjenas, rabanitos y beterragas.

Foto: Cortesía

En San Juan de Miraflores, el biohuerto del Parque Orquídeas de la Fortaleza ha alcanzado 90 kilos de producción, utilizando prácticas sostenibles y manejo eficiente del agua.

Estos espacios no solo reducen gastos familiares y mejoran la dieta diaria. También fortalecen la salud mental, promueven ciudadanía ambiental y recuperan el sentido de comunidad.

Liderazgo de las mujeres  frente a la triple crisis. género, clima y alimentación

Detrás de estas experiencias hay un liderazgo femenino articulado y persistente. La Red de Lideresas por la Acción Climática de Villa María del Triunfo (REDLAC), la Asociación de Redes Ambientales de Villa El Salvador (REDAVES), el Colectivo de Mujeres Trabajando frente al Cambio Climático de San Juan de Miraflores (COMUTRAFRECC) y la Red de Agricultores/as Ecológicos Huertos en Línea benefician actualmente a más de 300 familias.

Su trabajo conecta tres dimensiones que suelen tratarse por separado: género, clima y alimentación.

Primero, porque son mayoritariamente mujeres quienes sostienen la alimentación del hogar y quienes absorben el impacto del encarecimiento de los productos. Segundo, porque el cambio climático afecta directamente la producción y disponibilidad de alimentos. Y tercero, porque la agricultura urbana agroecológica no solo produce comida, sino que mitiga impactos ambientales mediante compostaje, manejo fitosanitario sin químicos dañinos y uso responsable del agua.

Además, en un contexto donde estudios recientes han detectado pesticidas prohibidos en frutas y verduras comercializadas en Lima y Callao, garantizar alimentos inocuos se vuelve una prioridad de salud pública.

Incidencia política desde los barrios

Las lideresas no se han limitado a sembrar. También han incidido en políticas públicas. En San Juan de Miraflores lograron la aprobación de la Ordenanza N.° 492-MSJM y en Villa María del Triunfo la Ordenanza N.° 392-MVMT, que reconocen y promueven la agricultura urbana. Hoy vigilan su implementación y trabajan para que Villa El Salvador adopte medidas similares.

Sin embargo, demandan que el Estado —en sus distintos niveles— asuma la agricultura urbana como parte estructural de la política alimentaria y climática. Entre sus propuestas están el impulso a ferias agroecológicas, acceso sostenible al agua, asistencia técnica, infraestructura adecuada y fortalecimiento de la cadena de valor agroecológica.

La alimentación, recuerdan, es un derecho. Y en un país altamente vulnerable al cambio climático, garantizarla no puede depender únicamente del esfuerzo voluntario de las comunidades.

La pregunta que queda abierta en plena campaña electoral es si el Estado, los partidos políticos y gobiernos locales seguirán ignorando estas iniciativas o si, finalmente, incorporará la agricultura urbana y el liderazgo de las mujeres como pilares de una política pública integral frente al hambre y la emergencia climática.

Hambre en la ciudad más grande del país

Las cifras muestran que la crisis alimentaria no es una amenaza lejana. En PerúEn el Perú, el 51% de los hogares vive algún nivel de inseguridad alimentaria (FAO, 2023) y apenas el 13,6% de la población consume la cantidad recomendada de frutas y verduras. En Lima Metropolitana, el problema es aún más complejo: el 98% de los alimentos provienenproviene de otras regiones y el 89% de su infraestructura vial es vulnerable a lluvias intensas, lo que expone a la capital a quiebres en el abastecimiento.

A esto se suma el impacto directo del cambio climático. El país ha perdido más del 53% de sus glaciares en los últimos 50 años (INAIGEM, 2023), comprometiendo la disponibilidad de agua. Eventos extremos como el ciclón Yaku arrasaron 25 mil hectáreas de cultivos en 2023, mientras que las lluvias recientes afectaron más de 18 mil hectáreas adicionales. Cada desastre se traduce en alza de precios y mayor presión sobre los hogares más pobres, que destinan hasta la mitad de sus ingresos para el consumo de a alimentos básicos.

En San Juan de Miraflores, por ejemplo, hasta un 47% de familias en asentamientos humanos dejó de consumir alguna comida diaria desde la pandemia. Las mujeres son las más afectadas: el 50,47% reportó esta situación, frente al 35,08% de los hombres. La emergencia es clara. Sin embargo, el tema apenas aparece en la agenda electoral.

Por: Silvia Bardales Q.

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