Niñas peruanas hacen ciencia desde sus aulas y desafían las brechas de género
Más de 11 mil clubes escolares de ciencia y tecnología impulsados por el Concytec abren espacios para que niñas y adolescentes investiguen problemas de sus comunidades. Aunque representan el 53 % del alumnado registrado en participación de proyectos científicos de estos clubes, todavía enfrentan barreras para acceder a carreras STEM.
Cuando Anghely Visag Ponce, de 14 años, empezó a trabajar con plástico reciclado, encontró algo más que un residuo: una oportunidad para crear. Junto a sus compañeras del club ClareCiencias, del Colegio Claretiano de Huancayo, convirtió ese material en madera plástica para fabricar objetos útiles. El proyecto RE-PLAST llegó hasta una feria internacional en Argentina, pero el aprendizaje más importante ocurrió durante el proceso: investigar, equivocarse, probar de nuevo y descubrir que una idea nacida en el colegio podía llegar lejos.
«Atrévete a investigar, porque una idea que nace de una pregunta puede convertirse en una solución y llevarte mucho más lejos de lo que imaginas», aconseja Anghely a otras niñas del país.
Su experiencia forma parte de una generación de escolares que está transformando la ciencia en una herramienta para responder a problemas concretos. Desde La Libertad, Junín, Piura y Arequipa, estudiantes reconocidas en concursos nacionales e internacionales investigan alternativas para reducir residuos, tratar aguas, producir alimentos de manera eficiente, facilitar la movilidad de personas con discapacidad visual y explorar el universo.
Una mayoría en los clubes, una minoría en la ciencia profesional
Las cifras del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Concytec) muestran el alcance de estos espacios. En 2024 se registraron 11.119 clubes de ciencia y tecnología, con 110.886 estudiantes y 11.720 docentes asesores, según informó la institución en marzo de 2025.
Además, el Reporte de proyectos científicos de Clubes de Ciencia y Tecnología, proporcionado por el responsable nacional de los Clubes de Ciencia y Tecnología, Ulianov Sulca, registra 23.822 escolares involucrados en proyectos: 13.105 alumnas y 10.717 alumnos. Es decir, las mujeres representan el 53 % de quienes participan en las iniciativas registradas. El dato corresponde a ese registro de proyectos y no al conjunto de estudiantes de todas las carreras científicas del país.
La mayoría femenina en estos clubes contrasta con las desigualdades que persisten fuera de las aulas. Según UNICEF Perú, solo el 34 % de las personas investigadoras registradas en el país son mujeres; además, apenas el 8 % de quienes trabajan como programadores web son mujeres. La organización también advierte que los estereotipos, la falta de referentes, las responsabilidades de cuidado y las oportunidades formativas insuficientes limitan el acceso de niñas y adolescentes a las áreas de ciencia y tecnología.
Investigar para transformar su entorno
En Piura, Ángeles Sánchez, de 15 años, aprendió a observar los problemas de su comunidad como oportunidades para innovar. Con el club Innova Santacrucinos, participó en un proyecto que estudia el consumo de tecnopor por larvas de Tenebrio molitor, con monitoreo mediante Arduino. Las dificultades para conseguir materiales y registrar correctamente los datos se convirtieron en parte de la investigación.
Sus compañeras también conectaron la ciencia con necesidades cotidianas. Anahi Vargas trabajó en una propuesta para tratar aguas residuales mediante plantas; Camila Rivas desarrolló un sistema de acuaponía vertical para aprovechar mejor el agua y el espacio; y Treysi Mio diseñó un prototipo tecnológico para detectar obstáculos y facilitar el desplazamiento de personas con discapacidad visual.
En Arequipa, Luciana Amidey y Alba Villavicencio se acercaron a la astronomía y a las competencias científicas internacionales. Para Luciana, participar en espacios de investigación también significó conocer a científicas peruanas y reconocer cuánto falta para difundir sus aportes.
El talento necesita oportunidades
La brecha no es exclusiva del Perú. La UNESCO señala que las mujeres representan apenas el 35 % de quienes se gradúan en disciplinas STEM y alrededor de una de cada tres personas investigadoras en el mundo. En América Latina y el Caribe, UNICEF advierte que menos del 30 % de las personas graduadas en estas áreas son mujeres, y vincula la desigualdad con normas sociales y estereotipos que influyen en las decisiones educativas y profesionales.
Las experiencias de las escolares peruanas muestran que la curiosidad existe, pero necesita acompañamiento, materiales, financiamiento y oportunidades para continuar aprendiendo. En sus testimonios aparecen obstáculos concretos: acceso irregular a internet, falta de presupuesto, dificultades para realizar pruebas de laboratorio y poco tiempo para coordinar las actividades escolares.
Aun así, sus consejos apuntan a no renunciar ante el primer error. «No necesitas ser una genio para investigar; necesitas atreverte a probar una idea y descubrir hasta dónde puede llegar», propone Luciana Roncal Tazza, integrante de ClareCiencias.
Los clubes escolares demuestran que las niñas no son únicamente futuras científicas: ya investigan, experimentan y crean soluciones. El reto para el Estado y las instituciones educativas es que esa participación no dependa del esfuerzo de cada estudiante o de los recursos de su colegio, sino de políticas sostenidas que garanticen igualdad de oportunidades para aprender, investigar y construir el futuro científico del país.
¡Tu apoyo es esencial para que Wayka continúe haciendo periodismo crítico contra la corrupción política y la desinformación de la prensa tradicional!
Nuestra independencia solo es posible porque no recibimos publicidad de empresas, ni financiamiento de políticos ni de ningún gobierno. En cambio, los seguidores como tú son el motor que sostiene nuestro trabajo.
Con tu aporte, defendemos los derechos humanos y la democracia para los peruanos de a pie; enfrentamos a políticos corruptos, empresas abusivas, la violencia contra las mujeres, la depredación ambiental y el racismo.








