Por Graciela Tiburcio

“Me dijeron que las personas viviendo con VIH no deben tener hijos. Fui esterilizada porque tengo el VIH”. (Testimonio, RPM+)

Han pasado 35 años desde el primer caso de VIH en el Perú, desde entonces, más de 30 mil mujeres han sido diagnosticadas con el virus de inmunodeficiencia humana. Si bien las mujeres no representan el porcentaje más alto de personas que viven con VIH, son ellas las más afectadas por la discriminación y el estigma al momento de acceder a los servicios de salud sexual y reproductiva.

“Hay mucha discriminación y maltrato en los establecimientos de salud. Si una mujer con VIH está embarazada, le dicen cómo es posible, si sabías tu diagnóstico. Como si una mujer con VIH no tuviera vida sexual”, testifica Gloria Ypanaque, presidenta de la Red Peruana de Mujeres con VIH (RPM+).

Gloria fue diagnosticada en el ‘96 y ha dedicado gran parte de su vida a dar orientación y soporte emocional a las mujeres que viven con VIH a través de la RPM+. Ella misma ha vivido en carne propia el rechazo y los prejuicios del personal de salud cuando veían su historia clínica. “Hubo veces en las que vine a emergencia y no me querían dar una camilla porque me decían que no tenían material para desinfectarla luego. He estado varias veces en una banca de madera afuera”, recuerda.

En sus más de 20 años siendo parte de la RPM+, Gloria ha recogido testimonios de mujeres con VIH que han sido esterilizadas en contra de su voluntad. “Hay prácticas hasta ahora, aprovechan (el personal médico) el momento de la cesárea y no le avisan que ya está ligada. Eso va contra los derechos de las personas, eso es un derecho mío, como mujer decidir cuántos hijos quiero tener, no pueden tomar decisiones sobre mi cuerpo”.

Según un estudio realizado en el 2016 por la Red, 5 de cada 10 mujeres con VIH refiere que el personal de salud le aconsejó no tener hijos, mientras que 2 de cada 10 declaró haber sido coaccionada por los médicos para esterilizarse.

Gloria Ypanaque, vive con VIH por más de 20 años. Es presidenta de la Red Peruana de Mujeres con VIH.

¿Las mujeres con VIH pueden ser madres?

“A muchas personas les han ligado sin consentimiento, les han pedido que firmen un documento cuando ya las iban a llevar a sala para la cesárea, si tú no firmas yo le voy a decir a tu familia, le dijo (el doctor), si tú no te dejas ligar le voy a decir a tu pareja y a la familia de tu pareja” 

Testimonio, Dic.2011 – Lima | ‘Guerras Inacabadas’

La Fundación para Estudios e Investigación de la Mujer precisa que muchas mujeres con VIH no reciben información sobre sus opciones reproductivas. Esto, debido al poco interés que el personal médico tiene de que ellas continúen su vida sexual y reproductiva. Una de sus investigaciones en el 2004, confirman que en muchos casos las mujeres viviendo con VIH son víctimas de esterilizaciones forzadas o se les niega los servicios de anticoncepción.

Al respecto, Carmen Hidalgo Tacuche, médica especialista en enfermedades infecciosas y tropicales del Hospital Carlos Lanfranco La Hoz de Puente Piedra, aclara que “las mujeres con VIH pueden tener hijos sanos. Ellas pueden realizar una vida sexual completamente normal”.

Y es que en la actualidad, la transmisión del virus de manera vertical (madre-hijo/a), está controlada al 98%.  Cifras del Ministerio de Salud revelan que, en los últimos cuatro años, los casos de transmisión materno-infantil representan menos del 1%.

El Protocolo de Atención Prenatal establece tres momentos para prevenir la transmisión vertical en madres VIH+: 1)Tratamiento antirretroviral adecuado, 2) Nacimiento por cesárea a los 8 meses y 3) Suspensión de la lactancia materna. “Al manejar estas tres etapas hay 99% de probabilidades de que nuestros hijos salgan negativos”, sostiene Gloria.

Sin embargo, a pesar de que la transmisión vertical está prácticamente controlada, la prevención del embarazo es aún la prioridad cuando se trata de mujeres que viven con VIH.

Otro síntoma del VIH: El estigma

María Luz Quispe tiene 56 años y 26 viviendo con VIH. La diagnosticaron en el 2000 pero ella sospechaba desde antes, cuando el padre de sus hijos murió en fase sida. Los amigos de su pareja le habían sugerido hacerse la prueba de despistaje, pues sabían que su difunto compañero tuvo una relación paralela con una persona que falleció en las mismas condiciones.

“En esa época la ignorancia me hacía pensar que una persona se infectaba y al mes moría, entonces lo dejé pasar porque había pasado un año y yo no me moría. Luego me diagnosticaron sida, llegué a pesar 39 kilos, a usar pañales. Tenía dos pequeños en ese entonces. Ya había muerto el papá y no me podía morir yo”, relata una renovada María Luz, quien luego de recuperarse con su tratamiento de antirretrovirales, es ahora ‘consejera positiva’ al igual que Gloria.

María Luz, vive con VIH desde hace 26 años.

María Luz es parte de la Comunidad Internacional de Mujeres Viviendo con VIH SIDA (ICW), organización que, junto a ONUSIDA, analizó en el 2016 el índice de estigma y discriminación hacia las mujeres VIH+. Su estudio reveló que las mujeres de diferentes regiones del Perú manifiestan ser discriminadas y/o juzgadas por el personal de salud, específicamente por obstetras.

“No las quieren tocar, si tienen una herida se comunica que tiene VIH y que deben tener cuidado o les dicen qué mala eres, sabes que tienes esa enfermedad y has traído un hijo al mundo, sabes que se van a morir. O les dicen, te diste el gusto pues, ya tienes hijos ahora vamos a ligarte. Así las coaccionan”, especifica María.

Rosario Vicente Rojas, enfermera del Hospital Carlos Lanfranco la Hoz, confirmó a Wayka que los mayores casos de discriminación se dan en el área de ginecología. “Las gestantes se quejan bastante de discriminación por los ginecólogos, no las quieren atender, no les quieren revisar”, relató.

“Se han hecho varios talleres para sensibilizar al personal de salud pero vemos que la parte médica no asiste. La sensibilización a nivel de enfermería y obstetricia se tiene pero a nivel médico no acuden”, añade Rosario con evidente preocupación. “Casi todos los hospitales tienen el mismo problema, el área de ginecología, el área de emergencia a veces. La discriminación se da a nivel nacional y va más allá de los conocimientos del personal, tiene que ver más con sus propias creencias”.

El informe ‘Guerras inacabadas: La  violencia y barreras que afectan la atención de la salud sexual y reproductiva de las mujeres que viven con VIH’, de la RPM+, señala que estas creencias están relacionadas a la mirada machista que tiene la sociedad sobre las mujeres.

“A las mujeres que tienen VIH les dicen que son una cualquiera, es una mujer que anda detrás de muchos hombres y que por eso se contagió”, cuenta Delfina Catip, líder awajún que ha trabajado talleres de sensibilización en su comunidadCuando una mujer que está embarazada tiene VIH, es marginada. Si la gente se entera dicen que esa persona es sidosa y no se puede saludar, no se puede dormir con esa persona, no se puede compartir. Esa persona con esa exclusión se siente indefensa y le hace decaer su fuerza. Algunos dicen que si tiene VIH ya no tienen vida. Es una persona muerta”.

“Incluso para mí al inicio era difícil estar cerca de una persona con VIH, pero los talleres me ayudaron mucho. Tenemos una tarea grande de hacer entender qué es VIH”, agrega Delfina. Su relato, muestra cómo los prejuicios y estigmas, que recaen en las mujeres VIH+ y que las asume como únicas responsables de su condición, están presentes en las diversas comunidades y poblaciones del Perú.

Delfina Catip, representante del Pueblo Awajún y AIDESEP.

La violencia de género es doble en nosotras. Discriminan a nuestros hijos, nos discriminan a nosotras y nos ponen el logo de que somos mujeres promiscuas, seguro mucha discoteca, mucha pollada, mucha fiesta y es por eso que tenemos VIH”, enfatiza Gloria.

Estos prejuicios quedan sin validez al ser contrastados con la realidad, pues la mayoría de mujeres con VIH tenían relaciones estables y en muchos casos monógamas, pero cuyas parejas mantuvieron relaciones sexuales no protegidas, con personas que ya tenían el virus o estaban en alto riesgo de contraerlo, según el informe de la RPM+.

Más del 90% de casos de transmisión de VIH se da por vía sexual, la mencionada cifra pone en palestra la importancia de brindar acceso a los métodos anticonceptivos para prevenir las infecciones de transmisión sexual.

La cultura de usar preservativo es bajísima. Por la cultura que tenemos, no somos capaces de manejar nuestra propia sexualidad y exigir el uso de preservativos. Si llevas un preservativo en tu cartera, eres o una mujer fácil o con cuántos habrás estado. No ejercemos nuestro derecho a decidir cuándo, dónde y cómo iniciar nuestra vida sexual. Es cultural y para cambiar eso, los cambios tienen que venir desde abajo, desde la escuela. Y eso no se va dar si no cambian las políticas públicas que existen”, concluye Gloria.

La Red Peruana de Mujeres con VIH señala que esta epidemia no solo es un tema de salud y que es necesario atenderla desde una mirada integral en la que estén involucradas la educación y los derechos. Además, denuncia que a pesar de los devastadores efectos que tienen el estigma y la discriminación en la vida de las mujeres, estos suelen ser “la última prioridad en las respuestas sociales y políticas país frente al VIH”.

Hasta que el Estado no implemente medidas que abarquen todos los aspectos que afectan la vida y los derechos de las mujeres que viven con VIH, mujeres como Gloria y María Luz seguirán trabajando para crear conciencia y redes de soporte para todas quienes aún viven en silencio.

Vivir con VIH no es una enfermedad, es una condición. Yo tengo VIH, estoy trabajando y no estoy enferma. Muchos piensan que el VIH es lo peor del mundo pero no nos limita en nada”, concluye María Luz. “Mi lema es, yo me voy a morir cuando a mi me dé la gana. Tomé mi tratamiento y continúo con mi vida”.