Cada peruano, cada peruana es una historia de supervivencia en medio de la pandemia por el coronavirus. Cada voz se ha vuelto imprescindible e inevitable frente al desconcierto y la indiferencia de las autoridades preocupadas en las grandes empresas, en la reactivación económica del que más tiene; mientras la gente debe preocuparse por su economía del día a día para vivir. En las calles, la vida no es fácil. La vida es un miedo constante. El hambre, el síntoma de cada día.

Por Juan Zapata

‘R’ vive en el distrito de Santa Anita, antes de la pandemia del coronavirus tenía un restaurante y una barbería. Con el estado de emergencia, como muchos otros dueños de los locales se vio obligado a cerrar, sin saber cuándo retornaría la posibilidad de reabrir su negocio.

Durante un mes vio cómo sus ahorros se comenzaron a reducir para cuidar de él y su familia. Un mes fue suficiente para R. El hambre y la necesidad lo obligaron a salir a la calle y buscar una forma de generar ingresos. Con sus conocimientos de exportación e importación y un pequeño ahorro que separó para emergencias, logró comprar un lote de mascarillas. Hace un poco más de un mes que las vende en la avenida Grau.  Llega a las 9 de la mañana y camina a lo largo de la avenida, una y otra vez, hasta las 3 de la tarde, en que debe volver a casa.

R se acostumbró rápido a la venta ambulatoria, no siente vergüenza y sabe que es honrado. Pero los cambios son inevitables. Ha dejado de comer a sus horas y ahora tiene que estar alerta para evitar que los fiscalizadores municipales le quiten sus cosas. Trae consigo la mercadería razonable para salir corriendo en caso la situación lo obligue a hacerlo. No se puede arriesgar a perder una sola mascarilla, cada céntimo ahorrado es la oportunidad de sobrevivir.

A diferencia de R, una ciudadana a la que llamaremos ‘L’ por motivos de seguridad, nos cuenta que no tenía ahorros. ¿Cómo quedarse en casa y pasar hambre, frío, esperando acaso la muerte? Ella ha sido ambulante toda su vida y vive el día a día. L aprendió a vender de todo según la época del año: hoy su venta está relacionada al Día del Padre.

Entre el susto de la pandemia y el miedo constante por la llegada sorpresiva de los fiscalizadores, L ni siquiera almuerza. Prefiere tener sus sentidos atentos para no perder su mercadería. El hambre tendrá que esperar, mientras debe hacer malabares para vender o recuperar unos soles. Sin plata no se come. Si pierde ella, también pierden sus hijos. A ambos lados de la avenida Manco Cápac, en La Victoria, cientos de comerciantes ambulantes cuentan la misma historia. 

En los últimos días una escena se repite. Miles de comerciantes ambulantes fueron impedidos por la Policía Nacional junto con los municipios de La Victoria y Lima de colocarse en el puentes de la vía expresa Grau. El operativo provocó enfrentamientos en las subidas hacia los puentes. Poco pudieron hacer los efectivos del orden. Los vendedores ambulantes los superaban en fuerza y número. Las promesas de reubicación tardan y no alcanzan para todos. Tuvieron que acordar una tregua. 

‘P’ trabajaba como mesera en un restaurante. El estado de emergencia la obligó a quedarse en casa con sus hijos sobreviviendo de sus ahorros. Pudo cuidarse durante 70 días hasta que se quedó sin dinero. Ahora ha comprado un lote de pantalones de buzo para mujer. Todos están ordenados en su mochila. Su verdadero tesoro escondido. Se ha propuesto vender por lo menos S/ 20 diarios para poder alimentar a sus hijos. Desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde recorre la avenida Grau buscando alguien interesado en las prendas. Vender un pantalón es la diferencia entre un estómago vacío y uno que al menos aguante el día.

‘O’ ha sido ambulante y también ha trabajado un tiempo en Saga Falabella. Dice que prefiere vender en la calle a sentir que se aprovechan de él en una empresa trasnacional. Ahora tiene un carrito de supermercado lleno de zapatillas que vende en los exteriores del emporio comercial Polvos Azules. Cuenta que él ha logrado escapar de los fiscalizadores que llegan a agredir a todos los ambulantes. Sin embargo, se preocupa por las personas mayores que no pueden correr a tiempo y sufren la violencia municipal que no discrimina edad.

Tiene la esperanza de que alguna vez los monopolios empresariales dejen de llevarse todo el dinero y que en el futuro las personas que han pasado hambre puedan ser parte de una sociedad más justa en la que no sean perseguidos por querer ganarse el pan diario con un trabajo honrado.

El 15 de junio, más de 1 600 comerciantes ambulantes empadronados fueron reubicados en el parque Huayna Cápac en San Juan de Miraflores. Previamente les realizaron pruebas rápidas en las que dieron negativo a COVID-19.

Otros que no fueron empadronados, fueron impedidos de ingresar a esta zona. Muchos se han quedado vendiendo aún en los alrededores de la avenida Paseo de la República y a la vía expresa Grau. Otro grupo se asentó en el parque El Porvenir de La Victoria. La fuerza laboral va migrando dentro de la propia ciudad, mientras la pandemia los arrincona y la indiferencia de las autoridades los pone contra la pared enfrentándolos a un desafío de supervivencia.

Este viernes 19 de junio los comerciantes de la Asociación Mega Corporación Feria Mañanera del Perú presentarán una propuesta que permitirá a 2 mil comerciantes ambulantes reubicarse en un local de 15 mil m2 ubicado en La Victoria. De esta manera intentan solucionar las aglomeraciones en los alrededores de la avenida Grau.

Comerciantes en el parque Huayna Cápac en SJM. Foto: La República
Comerciantes en el parque El Porvenir en La Victoria. Foto: La República