Por Pedro Francke

En Lima hay actualmente 70 mil empleos menos que hace tres años, mientras que si sumamos los jóvenes que se suman al mercado laboral con la inmigración venezolana, hay un millón más de personas buscando empleo en el Perú. El problema es álgido. Sólo 16% de los peruanos cree que la economía ha mejorado con Vizcarra.

En CADE, el presidente Vizcarra anunció que su gobierno “ha diseñado una Política de Competitividad” que va a ser sometida a debate entre los “involucrados”. Según ha referido la prensa nacional, en la versión de este Plan hecha por el MEF se dice “el costo que genera la desvinculación laboral limita el crecimiento del empleo ante un escenario de crecimiento económico”. Son tan conscientes de lo impopular de su propuesta, que no pueden llamar las cosas por su nombre. El MEF también dice que “Perú es uno de los países con mayor rigidez para contratar y despedir trabajadores”, recogiendo lo que hace meses reclama la Confiep y el grupo “El Comercio”.

No es cierto que sea costoso o difícil despedir en el Perú. Cada mes, según informe oficial del ministerio de trabajo, hay 95 mil “transiciones laborales”, como se llama en este informe a todos los que pierden su trabajo, ya sean despedidos o porque se acabó su contrato de trabajo a plazo fijo (la enorme mayoría). A los empresarios peruanos les resulta muy fácil despedir a alguien. Todos lo sabemos.

El fujimorismo apoya esta propuesta empresaurial de flexibilización laboral. Cuando Úrsula Letona era su vocera declaró que “es imposible que generemos competitividad si en el país para el Tribunal Constitucional el despido está prohibido” por lo que “tiene que haber una modificación del fallo del Tribunal Constitucional que consagra la estabilidad absoluta (…) En una economía abierta y de mercado, el despido es una variable que está en la relación laboral”.

¿Es que acaso hacer más fáciles los despidos mejora la competitividad? No. Un estudio publicado por el Consorcio de Investigaciones Económicas y Sociales encontró que el efecto de la reforma de Fujimori facilitando los despidos fue reducir la capacitación y la productividad. En efecto, tantos contratos temporales lo que han provocado es una mayor rotación laboral y que las empresas tengan menos incentivos a capacitar a sus trabajadores, CON LO QUE la productividad empresarial disminuye. “Si se opta por una gran dosis de inestabilidad laboral y mayor rotación con menor duración del empleo, el efecto (…) es una incidencia negativa sobre el gasto en capacitación de las empresas y también sobre la productividad”. Pero nuestros empresaurios priorizan el “cholo barato” DE CORTO PLAZO a una mirada innovadora que apueste al futuro.

Para que haya empleo digno debe promoverse la industria, el agro, los servicios, el turismo y el aprovechamiento sostenible de nuestra biodiversidad. La  competitividad debe basarse en trabajadores bien capacitados, profesionales e ingenieros de alto nivel, crédito e infraestructura de apoyo y un sólido sistema de innovación tecnológica. Como medidas de urgencia, convendría un programa de 200 mil  empleos temporales para el mantenimiento de infraestructuras y limitar los inmigrantes venezolanos que puedan permanecer en el Perú.