Uno de los deportes favoritos de nuestra opinología criolla es enfrascarse en falsos debates. Debates que se libran con pasión pero que no llevan a nada. A raíz del gesto del nuevo alcalde de Lima, Jorge Muñoz, quien fue en bicicleta a su primer día de trabajo, la tutitósfera ha iniciado uno de estos falsos debates: ¿hay que apoyar la bici o el transporte público?

En este debate de caricatura, los que apoyan la bici son “blancos”, “miraflorinos”, “privilegiados”, y los que apoyan el transporte público son quienes verdaderamente se preocupan por las mayorías populares de nuestra ciudad. En este debate de caricatura, hablar de la bici es hablar de un tema secundario, complementario, casi que intrascendente, y hablar en serio del problema de transporte es hablar de buses y metros.

Yo ruego encarecidamente que me indiquen: ¿qué activista o promotor de la bicicleta ha expresado alguna vez que no es prioritario el gran transporte público masivo?

Pretender que existe una contradicción entre ambos es un falso debate porque ambos son parte primordial de una política de movilidad urbana justa y sostenible.

La verdadera contradicción es entre una política de movilidad sostenible, basada en una combinación de transporte público y transporte no motorizado, y una política de transporte para las élites privilegiadas, que prioriza el auto particular o el taxi.Vamos a explicar ello.

En primer lugar, es muy importante desmentir el sentido común prejuicioso y clasista que ha estado circulando: que la bicicleta es un tema de “blanquitos miraflorinos”. Quien dice esto parece que no sale a la calle. La bicicleta es un medio de transporte popular por excelencia, porque es el más barato de todos. Miles de personas de sectores populares utilizan este medio para ir a sus trabajos y centros de estudio, y todo ello sin condiciones ni infraestructura adecuada. Tengo amigos que usan la bicicleta para ir de Carabayllo a San Isidro, o de El Agustino a Breña y a Independencia, o de San Juan de Lurigancho al centro de Lima, por solo mencionar tres rutas de ciclistas que conozco personalmente. Ellos necesitan que las políticas públicas los incluyan: necesitan ciclovías, señalización y respeto.

Decir que la bici es cosa de “privilegiados” es además desconocer la existencia de movimientos ciclistas en todas partes. Desconocer la existencia de los Agustibikers o Pedaleando VES en Villa El Salvador, por solo mencionar dos colectivos de ciclistas. Ellos demandan políticas públicas que los incluyan.

Movimiento ciclista de Villa El Salvador, Pedalea VES.

Además, existen infinidad de trabajos vinculados a la bicicleta: la usan jardineros, efectivos de seguridad, jóvenes que hacen delivery (no solo existe “Glovo”, por si acaso: delivery en miles de pequeños restaurantes, bodegas y negocios de todo tipo en todos los distritos de Lima). ¿Acaso ellos no necesitan condiciones seguras y adecuadas?

Como ha recordado Mariana Alegre, el paraíso de las bicicletas no está en Miraflores o San Isidro, sino en Grau y en Emancipación, lugares donde millones de limeños de todos los sectores compran y reparan miles de bicicletas todos los días del año.

De hecho, en la última encuesta de Lima Como Vamos vemos que la proporción de personas que usan habitualmente la bicicleta es idéntica en los sectores A/B, C, D Y E.

En segundo lugar, es necesario explicar por qué y cómo decimos que la bici y el transporte público son complementarios y prioritarios en una política de movilidad que reúna las condiciones de ser justa y sostenible.

Por muchas razones, los grandes enemigos del transporte justo y sostenible son el auto privado, y el taxi. Apenas cerca de un 15% de las personas de Lima tiene un auto propio y apenas un 5.1% de personas dice que usa el taxi para ir a trabajar o estudiar.

Y sin embargo, cada vehículo particular o taxi ocupa alrededor de 10 m² de nuestras pistas, un espacio enorme que solo transporta a una o unas pocas personas. Si miramos la calle, veremos que “el tráfico” es básicamente una fila interminable de autos particulares y taxis. No es justo que la minoría utilice la mayor parte de las pistas, bloqueando el paso para quienes van en vehículos que ocupan menos espacio por persona (como el bus o como la bicicleta).

Cuando decimos “hay mucho tráfico”, en realidad estamos diciendo “hay muchos carros”. Despejar la pista de autos particulares significa dejarla libre para que quienes realmente la necesitan. 


Espacio ocupado por 60 personas en auto, bus y bicicleta/Foto: Cycling Promotion Fund.

Pero además, una movilidad enfocada en los autos particulares no es sostenible. Cada motor encendido ensucia nuestro aire con humo tóxico que nos enferma, enferma a nuestros hijos y, además, contribuye al cambio climático global. Todos los días nos quejamos de alergias, asmas y todo tipo de males respiratorios, pero no nos damos cuenta que eso tiene que ver directamente con la pésima calidad de aire que tenemos.

Así pues, la regla básica para una movilidad justa y sostenible es: más gente moviéndose en vehículos que ocupan menos espacio y que no contaminen. Y los dos principales medios que cumplen esas características son el gran transporte público masivo (eléctrico o de bajas emisiones); y la bicicleta.

Ambos se articulan de muchas maneras mutuamente beneficiosas. Se ha hablado ya de los viajes “multi-modales”, es decir, cuando haces un tramo en bici, la dejas enganchada y luego tomas el bus o el metro. Eso está muy bien, y reduciría enormemente el tráfico de tramos alimentadores cortos, aquel que se genera cuando los usuarios van hasta las estaciones o paraderos principales.

Pero hay incluso una ventaja más directa: si la mayoría de viajes cortos, entre distritos cercanos, de entre 5 y 7 kilómetros de distancia, y especialmente en los distritos de Lima Centro (por ejemplo, viajes en Javier Prado, La Marina, Arequipa, etc.) se realizará en bicicleta y no en auto ni taxi, las pistas quedarían libres para los que hacen rutas largas en transporte público. Es una injusticia que quienes no necesitan usar las pistas, porque hacen viajes cortos que perfectamente podrían hacer en medios no motorizados, las ocupen creando tráfico que perjudica a quienes sí las necesitan.

De igual manera, muchos asientos quedarían libres en los buses si los usuarios que van a hacer viajes no tan largos optaran por la bicicleta. Así, se reduciría la saturación del sistema de transporte público.

Como vemos, lejos de ser una contradicción, un mayor uso de bicicleta beneficia a todos, y en particular a los usuarios del transporte público.

En nuestro sentido común, los taxis y autos deberían estar asociados solo con necesidades muy específicas: quienes viajan con varios hijos pequeños, quienes cargan paquetes voluminosos, personas adultas mayores delicadas de salud o personas con movilidad reducida… Incluso en la mayoría de estos casos, el transporte público debería estar adaptado para atender adecuadamente estas necesidades, siendo más inclusivo y amigable.

¿Se necesita invertir en transporte masivo? Sí, y mucho. Completar la red del Metro, tomar en serio el servicio de los corredores, dotándoles de vías exclusivas y aumentando el número de las unidades, completar el trazo del Metropolitano y aumentar el número de unidades, tener un sistema único de recaudo con una tarjeta única, en fin, hay muchísimo por hacer y es prioritario y urgente. ¿Se necesita invertir en ciclismo? Sí, también es una prioridad, ayuda a combatir la saturación de nuestras pistas y del sistema de transporte público, es una solución sencilla y práctica para muchas de las necesidades de movilidad cotidianas y además requiere un nivel de inversión mínimo en comparación de otro tipo de infraestructura.

Lo que no necesitamos es más autos en la ciudad. Ni perder tiempo en falsos debates.