El peligro de los dibujitos: cuando la cultura juvenil incomoda a la política
Por: Lía Zevallos Malasquez
Maestrante en psicología comunitaria, PUCP
¿Quién imaginaría que un pirata de One Piece o el personaje rosado de The Backyardigans podrían inquietar más a un congresista que el exacerbo de la inseguridad ciudadana ? Durante el debate sobre el retiro de fondos de las AFP, la congresista Martha Moyano lanzó una advertencia: “los dibujitos no son tan delicados, ni tan niños, ni tan inocentes”. La frase, digna de un guión animado, se volvió meme al instante, pero reveló un temor más profundo: que la juventud haya convertido lo que antes era entretenimiento en un nuevo lenguaje político.
No se trata del anime o de los dibujos animados en sí. El verdadero miedo es a que símbolos culturales y virales se transformen en banderas de resistencia, códigos de identidad y espacios de organización. En el caso de la bandera de One Piece, su apropiación, se ha convertido en un emblema contra la corrupción y la opacidad de la gestión pública. Para una generación entera, esos símbolos son herramientas de reconocimiento mutuo y de acción colectiva, tan legítimas como una marcha en la plaza.
Ese entendimiento no surge de la nada: hablamos de una generación que ha crecido en medio de crisis sucesivas: pandemia, recesión económica, violencia política y la muerte de más de 50 compatriotas en protestas recientes. El descontento juvenil no es pasajero, ni caprichoso, se traduce en acumulación de heridas y una respuesta a la sensación de que el Estado no escucha.
Si en décadas anteriores las guitarras del rock o los murales callejeros fueron lenguajes de protesta, hoy lo son TikTok, los memes y las banderas de anime. Las ágoras digitales reemplazan a los mítines de antaño, y la creatividad se convierte en combustible político. Surge entonces una pregunta incómoda: ¿qué nuevas formas de participación estamos ignorando, simplemente porque no se parecen a las de siempre?
El impacto no será solo cultural, sino también electoral. En los próximos comicios, 2,5 millones de juventudes votarán por primera vez, es decir, alrededor del 10 % del electorado. Según el estudio ¿Cómo vota el Perú? de Arellano Consultoría y RPP, un 66 % de juventudes cree que su voto contribuye a mejorar el país. Existe voluntad de participar, aunque con tensiones: el 87 % se informa principalmente en redes sociales, un ecosistema atravesado por la desinformación y la desconfianza hacia las fuentes.
La política peruana tiene entonces un dilema: puede seguir caricaturizando estas expresiones, o puede empezar a leerlas con seriedad. Los “dibujitos” no son una amenaza a la democracia. Lo que sí la amenaza es una clase política incapaz de comprender a un electorado emergente que exige ser escuchado en sus propios términos.
Las juventudes no son espectadoras, tienen agencias y sus acciones pueden covertir memes en agendas, personajes animados en símbolos de lucha y plataformas digitales en espacios de organización. El peligro no está en los “dibujitos”. El verdadero peligro es que la política peruana siga sin entender lo que representan.

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