Elecciones 2026: “Buscan invalidar el voto de las regiones del sur, como si no tuviera el mismo valor”
En un escenario electoral marcado por la incertidumbre y el descrédito institucional, las voces desde el sur del país advierten que lo que está en juego no es solo una segunda vuelta, sino la legitimidad misma del proceso entero y de la democracia. Para Marelin Candia Perez, investigadora social miembro de la Red de Investigación Crítica del Sur y activista feminista de Cusco y Madre de Dios, los resultados recientes reflejan tensiones históricas entre Lima y las regiones, así como una disputa por el reconocimiento del voto territorial.
Desde su lectura, la posibilidad de una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez no sorprende del todo, pero sí evidencia una profunda fragmentación política y social. “Detrás de ciertas candidaturas está la exigencia de validar el voto de las regiones del sur, pero también la necesidad de que emerjan otros perfiles políticos, no solo los que han dominado históricamente el escenario partidario”, explica.
En el caso del fujimorismo, Candia señala que su posicionamiento responde a narrativas instaladas desde hace décadas. “Su candidatura se sostiene, en parte, por el miedo a un ‘fantasma comunista’ y por discursos que han reforzado imaginarios vinculados al terrorismo. Eso, sumado al rol de los medios de comunicación, ha contribuido a asegurar su presencia en los primeros lugares”, afirma. Sin embargo, advierte que este tipo de discursos profundiza la polarización y podría desencadenar nuevos conflictos sociales en el corto plazo.
Racismo estructural y resistencias desde las regiones
Uno de los elementos más visibles en este proceso ha sido la intensificación de discursos racistas y clasistas, especialmente desde sectores de Lima hacia las regiones andinas y amazónicas. Para Candia, estas narrativas no son nuevas, pero hoy encuentran mayor visibilidad.
“El racismo siempre ha estado presente, solo que ahora se expresa con más fuerza. El problema es que estas narrativas buscan invalidar el voto de las regiones del sur, como si no tuviera el mismo valor”, sostiene. Esta deslegitimación, agrega, también se reproduce en algunos sectores migrantes que, en contextos urbanos, terminan replicando discursos discriminatorios como mecanismo de adaptación.
Frente a ello, en Cusco y otras regiones se han generado diversas respuestas. Desde acciones formales, como denuncias legales y declaraciones de “persona non grata” contra figuras mediáticas, hasta formas simbólicas de resistencia. “Hay indignación, pero también un fuerte sentido de orgullo regional. Desde acá también cuestionamos los votos de Lima, sobre todo cuando respaldan a partidos que han promovido leyes en contra de la población”, comenta.
El discurso de fraude y la erosión democrática
Otro de los puntos críticos del proceso electoral es la persistencia de narrativas sobre un supuesto fraude electoral. Para Candia, este discurso no solo carece de sustento, sino que debilita uno de los pilares fundamentales de la democracia: la confianza en el voto.
“El voto es lo único que nos coloca en igualdad como ciudadanos. No importa de qué región vengas, vale lo mismo. Pero incluso eso está siendo cuestionado”, afirma. Desde su perspectiva, aunque pueden existir fallas administrativas en cualquier proceso electoral, eso no equivale a un fraude.
La activista advierte que estas narrativas buscan, en el fondo, silenciar el voto de las regiones históricamente excluidas. En ese contexto, las tensiones entre instituciones como el Jurado Nacional de Elecciones y la Oficina Nacional de Procesos Electorales generan mayor incertidumbre y podrían afectar la legitimidad del proceso.
Temor a un nuevo estallido social
Ante la posibilidad de que se desconozcan los resultados o se planteen nuevos procesos electorales, Candia advierte sobre un escenario de alta conflictividad. “Ya hay un resultado visible. Ir en contra de eso afectaría completamente la voluntad popular y podría generar un nuevo estallido social”, señala.
La preocupación no es menor. Recuerda que las movilizaciones de los últimos años dejaron más de 50 personas fallecidas sin que hasta hoy existan sanciones efectivas para los responsables. “El temor es que se repita la historia: protestas, represión y vulneración de derechos”, añade.
Desde una mirada feminista, enfatiza que estos contextos afectan de manera diferenciada a mujeres y poblaciones vulnerables. “Cuando hay autoritarismo, las primeras afectadas somos nosotras. La violencia estructural se profundiza en salud, educación, territorio y acceso a derechos”, explica.
Entre la incertidumbre y la organización
A pesar del panorama, Candia plantea que los momentos de crisis también pueden abrir posibilidades de transformación. Sin embargo, reconoce que existe una sensación de desgaste y preocupación frente al futuro inmediato.
“Hay desesperanza, pero también conciencia de que debemos organizarnos. Nos toca hacer respetar el poder democrático, pero también fortalecer las bases sociales”, afirma.
En un contexto donde las instituciones son cuestionadas y las narrativas de exclusión se intensifican, la activista insiste en que la respuesta debe ser colectiva. “Frente a la incertidumbre, lo único que nos queda es resistir, organizarnos y seguir defendiendo nuestros derechos”, concluye.
Por: Silvia Bardales
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