La creciente incursión evangélica en el ámbito político es una tendencia en la región que está logrando liderar las preferencias electorales. Y es que los líderes evangélicos más conservadores han encontrado en las derechas políticas de cada país, a los aliados perfectos para combatir lo que ellos llaman “ideología de género”.

Un reciente artículo publicado en el New York Times por el especialista en ciencias políticas Javier Corrales, analiza cómo el ascenso de los grupos evangélicos – que constituyen casi el 20% de la población latinoamericana – le está brindando nuevos votantes a los partidos políticos más conservadores.

En dicha publicación, Corrales señala que “los grupos evangélicos están resolviendo la desventaja política más importante que los partidos de derecha tienen en América Latina: su falta de arrastre entre los votantes que no pertenecen a las élites”. Esta teoría no es difícil de comprobar, basta con ver el actual Congreso peruano, en el cual algunos pastores evangélicos ostentan curules y se enorgullecen de tener una agenda de trabajo contra las políticas de igualdad de género.

Dos ejemplos de políticos evangélicos en el Perú son Julio Rosas, congresista y ex integrante de Alianza para el Progreso; y Juan Carlos Gonzales Ardiles, parlamentario por Fuerza Popular. El primero fue pastor de la Alianza Cristiana y Misionera, iglesia a la cual también perteneció su hijo, uno de los dirigentes del colectivo fundamentalista “Con Mis Hijos No Te Metas”, Christian Rosas; mientras que Gonzales Ardiles es pastor de la Comunidad Cristiana Agua Viva, iglesia liderada por la familia Hornung-Lazo, quienes son investigados por lavado de activos tras la investigación de Wayka que reveló la millonaria compra del Coliseo Amauta, que les pertenece desde el 2009.

Tanto Rosas como Ardiles lograron llegar al Congreso por partidos políticos conservadores que lograron captar el voto evangélico, debido a la presencia de ambos. Votos que, en su mayoría, provinieron de los sectores con menores ingresos económicos del Perú.

¿Del púlpito al Gobierno?: el caso Costa Rica

El mecanismo evangélico de aglomeración de poder se repite en otros países de Latinoamérica. El ejemplo más reciente es el de Costa Rica, cuya ciudadanía tendrá que decidir, el próximo 8 de mayo, tener como presidente a Fabricio Alvarado, predicador evangélico; o a Carlos Alvarado, ex ministro del partido oficialista que tiene antecedentes de corrupción.

Fabricio Alvarado, evangélico candidato a la presidencia de Costa Rica.

Al parecer, tal como va la tendencia electoral en el país centroamericano, es el evangélico, Fabricio Alvarado, quien tiene las de ganar, pudiendo convertirse en el primer líder evangélico en asumir las riendas de una democracia en la región. Su victoria constituiría, en sí misma, una afrenta directa al autoreconocimiento de Costa Rica como régimen laico y al avance en materia de derechos humanos, igualdad de género y lucha contra la discriminación, sobre todo contra las mujeres y la población LGTBI.

Alvarado logró captar el voto de la población más conservadora al aprovechar el rechazo que generó el dictamen de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que validó las uniones matrimoniales de las parejas del mismo sexo para los Estados miembros del organismo internacional. Haciendo uso de sus habilidades como predicador, convenció y obtuvo el apoyo de quienes están contra la diversidad sexual y de género.

Similar situación ocurrió en Brasil. El actual alcalde de Río de Janeiro, una de las ciudades más amigables con la comunidad LGBTI, es el evangélico Marcelo Crivella. Mientras que el Congreso brasileño está compuesto por más de 90 parlamentarios evangélicos que han frustrado diversos proyectos legislativos que favorecían los derechos LGBTI y que desempeñaron un rol importante en la destitución de la ex presidenta Dilma Rousseff.

En el sur, Chile repitió una situación similar. Las elecciones del año pasado dieron como ganador a Sebastián Piñera, quien tuvo como asesores a cuatro pastores evangélicos, gracias a los cuales pudo ganarse el voto de la población más creyente y conservadora.

Sobre las recientes preferencias electorales, Javier Corrales señala en su análisis que “los evangélicos están cambiando ese escenario (político). Están consiguiendo votantes entre gente de todas las clases sociales, pero principalmente entre los menos favorecidos. Están logrando convertir a los partidos de derecha en partidos del pueblo.”

Perú pareciera seguir dicha corriente regional de poder político evangélico, porque además de los cinco congresistas públicamente declarados evangélicos: Juan Carlos Gonzales Ardiles, Tamar Arimborgo, Glider Ushñahua (Fuerza Popular), Moisés Guía Pianto (Peruanos por el Kambio) y Julio Rosas; en las próximas elecciones municipales, el pastor evangélico Humberto Lay postulará nuevamente a la alcaldía de Lima, obteniendo en este momento un expectante segundo lugar según un reciente sondeo electoral. De lograrlo, sumaría con dicha cuota de poder a la promoción de la agenda evangélica peruana anti derechos.

 

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