Doris Rosas Juño
Radio Uno de Tacna en colaboración con Wayka

Cuando P.L supo que estaba embarazada, tenía cinco meses. No se le notaba y ella corría y cargaba peso con normalidad. Tenía trece años, estudiaba en un colegio privado, estaba en tercero de secundaria y tenía enamorado.

Dos años después, su vida es muy diferente.

P.L. se levanta muy temprano para alimentar, cambiar y peinar a su hija. Luego, se coloca el uniforme de colegio y asiste a clases. Ahora estudia en un colegio nacional, porque su familia ya no pudo pagar la institución donde estaba antes. Dejó de estudiar un tiempo cuando tuvo a su hija y no sabe si va a poder graduarse este año, porque falta frecuentemente para cuidarla o para trabajar.

En 2018, la Dirección Regional de Salud (Diresa) Tacna atendió a 165 gestantes adolescentes. Gloria Monroy Cárdenas, obstetra responsable de la estrategia sanitaria de salud sexual y reproductiva en esta región, indica que algunas adolescentes son obligadas a abandonar sus estudios como castigo por quedar embarazadas.

“Muchas veces la expresión es ‘Mis padres dicen que me dedique y ya pues, yo cometí la falta y yo me tengo que dedicar al niño’. Como que el estudio es un premio, y como ellas han cometido falta, simplemente las retiran… cuando lo que deberían hacer es concluir el estudio”, explica Monroy.

La obstetra también señala que la decisión de hacer que las adolescentes se retiren del colegio está motivada por la vergüenza, porque no quieren que amigos o familiares las vean acudiendo embarazadas.

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Fuente: Dirección Regional de Salud de Tacna.

EL ESTIGMA

“¿Qué dirán ellos? ¿Qué van a decir?”, le gritó su mamá a P.L. cuando supo sobre el embarazo. “Yo me sentía mal, encerrada en un círculo, sin saber qué hacer”, cuenta la adolescente.

También tenía temor que otras personas sepan de su condición y le preocupaba qué iban a decir los demás de ella. “Al final dije, ya, todos se van a enterar tarde o temprano, a ellos qué les importa si la que se hace cargo soy yo nada más”, explica P.L.

Según indica la obstetra Monroy, ese miedo puede tener un impacto negativo en la salud de las adolescentes. “Como ocultan lo más que pueden el embarazo, acuden al control prenatal tarde. No se alimentan bien, vienen con bajo peso”, indica.

Por vergüenza, a lo largo de su embarazo, P.L. solo acudió a tres controles. Cuando llegó el momento del parto acudió al Hospital Regional de Tacna “Hipólito Unanue”. Fue ahí que una enfermera le dijo algo que P.L. no ha olvidado:

“¿Para qué abres las piernas? Tienes que aguantar las consecuencias”

Después, ya con su hija en brazos, P.L. recuerda que otra enfermera la maltrató porque no podía dar de lactar. “Tienes que agarrar, me dijo, y me apretó fuerte el seno. Tienes que hacer que tome, tiene que succionar”, cuenta la menor.

Tacna

ADOLESCENTES EN RIESGO

De acuerdo al Sistema de Registro del Certificado de Nacido Vivo del Ministerio de Salud (Minsa), en 2018 nacieron 12 niños cuyas madres son menores de 14 años, y 380 bebés nacidos de adolescentes de 15 a 19 años.

Según precisa Monroy, de Diresa Tacna, la cifra de embarazos adolescentes en la región ha ido bajando lentamente en los últimos años. Sin embargo, aclara: “Estamos avanzando con la información pero todavía no es suficiente. Lo que estamos bajando es mínimo todavía, no podemos cantar victoria”.

La funcionaria señala que a veces existen limitaciones de personal, que tiene que movilizarse a los colegios para brindar consejería. En cuanto a los adolescentes que acuden a la Diresa Tacna, Monroy aclara que aprovechan para darles toda la información posible. “Hablamos de drogas, de inicio de relaciones sexuales, de licor… no es solamente ‘ah bueno, le doy el condón y que se vaya’”, indica.

Tiempo antes de quedar embarazada, a P.L. también le dieron folletos sobre píldoras, implantes y otros métodos anticonceptivos. Pero nunca fue a recibir consejería a un centro de salud, porque tenía miedo de que su nombre quede registrado en una ficha. Una vez intentó conversar con su mamá sobre el tema, pero recibió una respuesta cortante y ya no lo volvió a intentar.

María Ángela Velarde, obstetra encargada del área de salud sexual y reproductiva del Instituto Peruano de Maternidad Responsable (INPPARES) Tacna, explica que muchos adolescentes tienen miedo de acudir a un centro de salud.

“Cuando vamos a dar charlas, ellos se ponen a pensar que pueden pedir información y no piensan que alguien los cuestionará”, cuenta Velarde.

A través del centro juvenil Futuro, de INPPARES Tacna, la obstetra ha podido conocer casos de adolescentes mayores de 14 años a quienes les pidieron la presencia de sus padres cuando fueron a un centro de salud para recibir información o un preservativo.

Sin embargo, la Norma Técnica de Norma Técnica de Planificación Familiar del Minsa precisa que cualquier adolescente mayor de 14 años tiene derecho a pedir métodos anticonceptivos sin la obligación de asistir con sus padres.

INFANCIA INTERRUMPIDA

La primera vez que P.L recibió orientación en salud sexual y reproductiva fue medio año después de tener a su hija. “Me puse el implante, me conversaron, me hicieron planificación familiar para ya no tener hijos. Nos hicimos la prueba de VIH y nos salió negativo”, indica la menor que hoy tiene 16 años.

Afirma que su enamorado la apoya, pero la mayor responsabilidad la tienen ella y su familia. Cuando llega del colegio, juega con la pequeña de dos años, le da de comer y a veces la lleva a la cabina de internet para poder hacer sus tareas.

P.L. tiene 16 años pero dice que “ya no puede hacer vida de soltera” y casi no sale con sus amigas. En el colegio donde cursa quinto año de secundaria, no sabían que estaba embarazada. P.L. empezó a faltar casi todos los días.

“A veces tengo que ir a vender, ¿qué hago? ya no puedo ir al colegio. Ella (su hija) se me enferma, me gasto 200 soles en el pediatra… ya no puedo ya. A veces mi mamá necesita ayuda, tengo que faltar porque es mi mamá y me apoya a mí, me da de comer, me da un techo (…) No me alcanza el día”, explica.

Cuando su mamá le comentó a los profesores que P.L. tenía una hija, comenzaron a darle apoyo en los cursos.

En medio de todo, P.L. tiene la meta de seguir la carrera de Odontología. Pero sigue faltando al colegio, su abuela está internada en el hospital y cada vez tiene más deudas.