Arequipa, Ayacucho, Cusco, Huancavelica y Puno en alerta roja: COEN advierte riesgo de desbordes e inundaciones
El inicio de febrero de 2026 ha puesto al país, una vez más, en alerta ambiental. Mientras el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) emite alertas rojas por el riesgo inminente de desbordes, la realidad en las regiones evidencia que la emergencia no es solo climática, sino política. A la fecha, el incremento de los caudales en ríos críticos de la costa, sierra y selva amenaza a miles de familias que habitan zonas donde la prevención ha sido una promesa de campaña incumplida.
Regiones como Arequipa, Ayacucho, Cusco, Huancavelica, Puno estuvieron entre tres y cuatro días en alerta roja, mientras que Apurimac, Cusco, Ica, Loreto, San Martín y Ucayali presentaron un aumento constante de alerta naranja con hasta cinco reportes, según el COEN.
Para hoy martes, el mapa de riesgo nacional muestra alertas en 15 regiones, desde Amazonas hasta Puno, las cuales permanecen bajo alerta naranja, exigiendo una vigilancia ininterrumpida ante posibles desbordes. Sin embargo, la situación más crítica se concentra en Ayacucho, Cajamarca, Huancavelica y Piura, donde la alerta roja activa todos los protocolos de emergencia.
El mapa del peligro: Ríos en umbral rojo
De acuerdo con los últimos reportes del COEN e Indeci, el río Pisco (Ica) ha superado el umbral hidrológico rojo, alcanzando caudales superiores a los 335 m³/s. El riesgo de desborde amenaza directamente a centros poblados como Quinga, Letrayoc y Huaya Chica, donde la población vigila el cauce con la memoria fresca de desastres pasados.
En el norte, el río Crisnejas (Cajamarca) registró picos de 314.23 m³/s, activando la alerta máxima para localidades como Aguas Calientes y La Grama. En la selva central, el río Huallaga (Huánuco) se mantiene bajo vigilancia estricta tras alcanzar niveles críticos en la estación Tingo María, poniendo en jaque la conectividad y la vida de sectores como Jacintillo y Naranjillo.
Esta situación no es aislada. El Senamhi ha advertido que las precipitaciones en la sierra norte y central continuarán con intensidad, lo que podría empujar a ríos como el Cañete (Lima) y el Ucayali (Loreto) a situaciones de colapso, afectando no solo viviendas, sino también cultivos esenciales para la seguridad alimentaria.
En su reciente visita a La Libertad, el jefe del Indeci, Luis Enrique Arroyo Sánchez, supervisó la situación del río Moche tras la activación de sus quebradas. La autoridad informó a los medios locales que, según las proyecciones actuales, se espera un fenómeno “El Niño” de intensidad «débil», lo que traería consigo aguas cálidas hasta octubre y un invierno menos riguroso que el anterior. No obstante, Arroyo Sánchez enfatizó que esta previsión no debe frenar las labores de prevención: la continuidad de las obras en las riberas es vital para mitigar cualquier riesgo ante la variabilidad climática.

¿Reacción o prevención?
A pesar de que la temporada de lluvias es predecible, el presupuesto destinado a la Partida 0068 (Reducción de Vulnerabilidad y Atención de Emergencias) suele ejecutarse de forma reactiva. Especialistas ambientales señalan que el enfoque del Estado peruano sigue centrado en la respuesta al desastre y no en la mitigación.
Para la exministra de Vivienda, Hania Pérez de Cuéllar, el origen de la tragedia anual en el país no reside exclusivamente en la naturaleza, sino en una gestión territorial deficiente. En declaraciones para La República, Pérez denunció la ausencia de una cultura de prevención sistemática, señalando que, aunque existe la Partida Presupuestal 068 (destinada a la reducción de vulnerabilidad), los fondos suelen utilizarse para reaccionar ante el desastre ya ocurrido y no para evitarlo. «Las autoridades deben asumir su responsabilidad desde el inicio, no solo cuando llega el desastre», sentenció
Esta falta de planificación choca frontalmente con la aceleración de la crisis climática global. De acuerdo con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), los eventos extremos como las lluvias torrenciales y las olas de calor en la región andina serán cada vez más frecuentes e intensos.
Además, la falta de defensas ribereñas adecuadas y la ocupación de fajas marginales —identificadas como zonas de alto riesgo por la Autoridad Nacional del Agua (ANA)— evidencian un sistema que prioriza el ‘cemento’ sobre el ordenamiento territorial. En ese sentido, el más reciente reporte del COEN confirma que más de 30 provincias en Ayacucho, Cajamarca, Huancavelica y Piura permanecen en alerta roja por el peligro inminente de activación de quebradas.
Familias en alerta
Ante este escenario, el COEN ha instado a las familias en zonas vulnerables a no bajar la guardia, monitorear de cerca el comportamiento de los caudales y acatar de inmediato las rutas de evacuación dispuestas por las brigadas y la Policía Nacional, quienes mantienen un despliegue activo para intentar contener el impacto de las aguas.
Los números de emergencia clave son el 115 (INDECI/Defensa Civil) para reportar desastres, 119 (mensajería de voz gratuita) para verificar el estado de familiares, 116 para Bomberos y 105 para la Policía Nacional. El 115 funciona las 24 horas para activar ayuda inmediata.
¡Tu apoyo es esencial para que Wayka continúe haciendo periodismo crítico contra la corrupción política y la desinformación de la prensa tradicional!
Nuestra independencia solo es posible porque no recibimos publicidad de empresas, ni financiamiento de políticos ni de ningún gobierno. En cambio, los seguidores como tú son el motor que sostiene nuestro trabajo.
Con tu aporte, defendemos los derechos humanos y la democracia para los peruanos de a pie; enfrentamos a políticos corruptos, empresas abusivas, la violencia contra las mujeres, la depredación ambiental y el racismo.








