Redacción Wayka

En la segunda semana de setiembre, dos mujeres que habían sido reportadas como desaparecidas han sido halladas muertas. Sus historias confirman, una vez más, que muchos casos de desapariciones están vinculadas a una modalidad utilizada por los agresores para encubrir feminicidios.

Marleny Estrada estuvo reportada como desaparecida desde el 11 de julio. El cadáver se encontraba enterrado en su misma casa y fue hallado el pasado 4 de septiembre. El principal sospechoso del feminicidio es su esposo, Segundo Apaza Polloqueri, quien huyó llevándose a los dos hijos menores de edad. La Policía aún no lo captura.

Alejandrina Rosales desapareció a finales de julio en Áncash. Su cuerpo fue encontrado el 9 de septiembre a 7 kilómetros del pueblo de Piscobamba. Las investigaciones aún no dan con el asesino.

Los feminicidios no son casos aislados, sino que responden al contexto de violencia de género que viven las mujeres. Las historias de estas tres peruanas se suman al de Alisson Olivos y Solsiret Rodríguez, ambas reportadas como desaparecidas para encubrir sus feminicidios.

La Defensoría del Pueblo hace énfasis en estos hechos, pues 1 de cada 10 mujeres reportadas como desaparecidas, aparece muerta.

«La desaparición de mujeres está vinculada a otras formas de violencia. Algunas son encontradas muertas y, a veces, el mismo victimario reporta la desaparición fingiendo preocupación», comentó Eliana Revollar, adjunta para los derechos de las mujeres de la Defensoría del Pueblo en conversación con Wayka.

Según el último informe defensorial, en lo que va del 2020 ya son más de 3 mil mujeres, niñas y adolescentes reportadas como desaparecidas.

El Gobierno no ha vuelto a dar luces sobre los avances en la implementación del Registro Nacional de Personas Desaparecidas. Durante su discurso para el voto de confianza, el premier Walter Matos aseguró que la primera semana de octubre, esta plataforma estaría lista luego de 17 años de retraso.

A dos semanas de la fecha prometida, a las mujeres las siguen matando sin que las autoridades se inmuten por sus caminos sin rastro.