Por: José Carlos Lama*

Si necesitas conocimiento que te ayude a entender problemas económicos complejos, búscalo en la calle.

“Es simple, son millonarios que quieren tener más dinero” responde el señor Tomás, sin titubear, a la pregunta de la reportera de Wayka sobre si el precio de las medicinas correrá peligro ahora que el conglomerado Intercorp, dueño de la más importante cadena de farmacias Inkafarma compró por 583 millones de dólares al grupo Quicorp S.A., propietario de Química Suiza y las cadenas Mifarma, Fasa -entre otras- acumulando con ello por lo menos el 83% del mercado de ventas de medicamentos abiertos al público.

Otra entrevistada, la señora Celia, logra sintetizar de un tirón el mecanismo teórico de uno de los mayores problemas estructurales de la economía peruana, reflejado hoy en el sector farmacéutico: “los medicamentos comerciales son caritos, por ello las personas van de farmacia en farmacia, averiguando el precio de los genéricos, porque no alcanza el bolsillo, pero no los encuentran”.

No es difícil verificarlo.

 

El ungüento Aciclovir, por ejemplo, que se receta para tratar el herpes, se vende en el Minsa como genérico a 11 soles, en Inkafarma a S/.50,15 y en Mifarma a S/.48,93; ¿el paracetamol de 100mg?, en boticas del sector salud cuesta S/.2,10 el blíster de 10 unidades, en Inkafarma S/.11,20 y en Mifarma 13 soles. Si esto era el “libre mercado” antes del cuasi-monopolio, no queremos imaginar lo que podría pasar en poco tiempo.

Y es que la “boyante” economía peruana cuyos regentes de los últimos 25 años, aseguran sacó de la pobreza a millones de peruanos, ha venido escondiendo en sus entrañas serios problemas estructurales que empiezan a pasarnos factura. Uno de ellos se clava como daga en la necesidad económica de las mayorías: la alta e ilimitada concentración económica. Una concentración que, según la opinión de diversos especialistas tiende irremediablemente a la formación de oligolopolios, monopolios y monopsonios de no incorporar límites y regulaciones a las fusiones y adquisiciones empresariales. “Es como darle una bomba atómica a alguien, pero confiando en que no la va a usar”, dice, el expresidente del BCR, Jorge Chávez, sobre la elevada probabilidad de ocurrencia del abuso de dominio cuando no se ponen límites.

Los límites y regulaciones han sonado hasta ahora en el Perú a sacrilegio para los políticos y funcionarios que desde la década fujimontesinista han ejercido cargos de diseño, dirección y ejecución de políticas económicas. Y es que cuestionar el concepto de “libre mercado” -solo existentes en algunas páginas del Samuelson, siempre precedidos de innumerables premisas y condiciones-, ha servido en los últimos tiempos para tildar desde la opinología corporativa peruana -siempre tan presente en los grandes medios privados- de radicales, estatistas y hasta terroristas a quienes exigen la inclusión de límites al gran capital en recaudo del bolsillo de las mayorías.

A las pruebas nos remitimos.

Gráfica: La República

El paraíso monopólico peruano

“Siempre que vas, no hay (medicamentos genéricos)”, añade el señor Tomás, a la indagación de Wayka sobre el nuevo cuasi-monopolio farmacéutico. Valgan verdades no es muy distinta a la evidencia que (casi) todos hemos venido recogiendo en los últimos veinte años en ese y diversos sectores: leche, gas doméstico, prensa escrita o incluso, cerveza. Y todos lo sabemos, incluidos los opinólogos que se dicen “liberales” cuando no son más que fanáticos que malinterpretan el concepto de “mano invisible” acuñado por Adam Smith hace casi tres siglos.

¿Preocupaciones sin sustento? El investigador de la Universidad del Pacífico, Germán Alarco, comparte un indicador que demuestra que la concentración farmacéutica es mucho más que “creer en fantasmas” como acusa el vicepresidente de Intercorp a los que muestran preocupación por la concentración farmacéutica: “Con la adquisición de Intercorp el índice de concentración IHH de las farmacias tendría un valor superior a 5.000, muy por encima de los 1.800 que el departamento de justicia de EEUU considera como un mercado no competitivo”.

La economía peruana está plagada así, desde hace años, de sectores como el farmacéutico con tendencia a la monopolización. A continuación, un breve recuento:

  • Farmacias y boticas de venta al público: entre el 83 y el 95% de la facturación de las 16 mil boticas y farmacias estará en manos ahora del grupo Intercorp, un escenario gris, como señala el catedrático de la PUCP, José Távara: “Las farmacias de la gran cadena pueden establecer acuerdos con los laboratorios para no difundir el uso de genéricos o de medicamentos más baratos (…)”. Peor aún cuando ya hubo un nefasto antecedente de concertación -en 2016 Indecopi sancionó con 9 millones de dólares a Inkafarma, Mifarma y otras cadenas por concertar precios en 36 medicamentos. Vale preguntarse, como Crisólogo Cáceres de Aspec: “¿quién puede confiar en una empresa que ya concertó precios con otras para elevarlos?”.
  • Prensa escrita: en un país que es, según una reciente encuesta internacional de Ipsos, el cuarto país del mundo que más distorsiona la realidad, el papel de los medios es fundamental. Pero si los mismos se encuentran repartidos en pocas manos se pone en jaque el mismo concepto de democracia, convirtiéndola en poco más que una dictadura mediática que puede aupar políticos corruptos, pasar por alto contaminación -si es que hacerlo afecta sus intereses publicitarios- o fabricar basura televisiva que distraiga a las masas de problemas de fondo, como la corrupción o el atropello de derechos humanos. El grupo El Comercio, concentra, desde el 2014, el 78% del mercado de ventas de diarios del país -86% en Lima-: El Comercio, Trome, Correo, Perú 21, Publimetro, Depor, etc.
  • Aviación comercial: tras la fusión de la chilena Lan y la brasilera Tam, Latam tiene entre el 58 y 62% del mercado, seguida de Peruvian Airlines (hoy en manos de la irlandesa Aergo), con 13%; tres cuartas partes del mercado al que se suma el 6% de Star Perú que se ha fusionado con la chilena Latin American Wings, como reseña Hildebrandt en sus trece.
  • Grifos: con la reciente adquisición de Pecsa por parte de la cadena Primax -del Grupo Romero- esta suma cerca de 1100 estaciones, representando el 30% del mercado de grifos. Una operación reciente, que habría tenido que ser evaluada previamente, como ocurrió en España, donde el Ministerio de Industria no permitió que una cadena de grifos tenga más del 30% por región, lo que afectó las intenciones de Repsol en 35 provincias del país.
  • Bebidas envasadas: la corporación Lindley controla, desde septiembre de 2015, el 67% del mercado de bebidas y gaseosas, cuando el último paquete accionariado fue transferido por US$ 972 millones. Dicha transnacional viene acumulando, según reporta el investigador Jorge Manzo Zaconetti, una serie de abusos, prácticas antisindicales y múltiples sanciones de Indecopi.
  • Productos lácteos: el grupo Gloria de los Rodríguez-Banda tiene “(…) un abuso de dominio con los ganaderos lecheros, porque les impuso un precio y ellos no tenían alternativa”, comenta el investigador Francisco Durand, autor de Los Doce Apóstoles de la Economía Peruana (2017). Análisis coincidente con un estudio realizado por la economista Tilsa Oré en 2014, en el que se reseña que el grupo Gloria controla el 75% del mercado de productos lácteos con marcas como Gloria, Ideal o la tan cuestionada Pura Vida. Además, Gloria posee el 83% de tierras azucareras (86 mil 335 hectáreas) adquirida en los últimos tiempos a siete grandes empresas.
  • Industria de alimentos: Durand (2017) recoge la información pública reconocida por el conglomerado Alicorp -del grupo Romero-, que dice ostentar el 95% del mercado de mayonesa, 91% de salsas frías, 76% de mazamorra, 62% de margarina, 51% de los aceites de cocina, 45% de los fideos, entre otros.
  • Harina de Pescado: cuatro empresas (Hayduk, Tasa, Pesquera Diamante, Exalmar) manejan más del 70% de la producción que principalmente se exporta como alimento para cerdos en Europa y Asia en lugar de contribuir a combatir la anemia y desnutrición infantil en el Perú. En este mercado altamente concentrado, las empresas pagan menos de 5 dólares por tonelada de anchoveta extraída del mar peruano.
  • Banca: cuatro bancos concentran el 95% de la utilidad neta del sector y el 83% de créditos y depósitos, perjudicando a los ciudadanos, como acaba de reportar el FMI y anteriormente el Banco Central de Reserva, al recoger la oferta “competitiva” de terror: 30% en tasas de interés promedio de tarjeta de créditos y 48% en créditos de consumo, poniendo al Perú a la cabeza de la región en las mayores tasas activa y pasiva, junto a Brasil. El grupo Romero además, adquirió a través del BCP, la financiera Edyficar (sector medio) y Mi Banco, lo que le permite ya tener el 23% del sector microfinanzas.
  • Fondos Mutuos: Son cuatro las sociedades administradoras de fondos mutuos que acumulaban, a noviembre de 2017, el 93% del mercado: Credicorp Capital (40,9%), BBVA Asset Managem (20,9%), Scotia Fondos (17,2%), Interfondos (14,1%).
  • Cerveza: Backus y Johnston actualmente tiene el 99% del mercado cervecero con las marcas Cristal, Pilsen, Cusqueña, Corona, entre otras, según el anuario The Top 10,000 companies 2017. Lo peculiar es que, -como recoge Hildebrandt en sus trece- tanto Pedro Pablo Kuczynski como Fernando Zavala asumieron cargos de peso en dicha corporación tras haber sido favorecida con un multimillonario bloqueo a una ley de Javier Diez Canseco que otorgaba a las acciones de inversión, el mismo valor que a las acciones comunes, lo que elevaba en más de S/. 2 mil millones la compra del 100% de las acciones de Backus por parte del gigante anglo-sudafricano SAB Miller. Cientos de millones de dólares que dejaron de recibir las AFPs que tenían dichas acciones. Puerta giratoria en estado puro.

Quiénes y por qué han permitido este paraíso monopólico

En América Latina todos los países regulan la concentración empresarial, menos Haití y Perú, por lo que no llama la atención que Perú aparezca en el puesto 92 (de 137) en el ranking sobre efectividad de las políticas antimonopolio elaborado por el Foro Económico Mundial.

Y es que el paraíso monopólico peruano no viene de la nada. Como reseña el investigador Francisco Durand en varias de sus publicaciones, ello es producto de una confluencia entre intereses de grandes grupos de poder económico con los de funcionarios públicos y representantes políticos que son “capturados” una y otra vez con financiamiento electoral u ocupando sillas en sus directorios tras su paso por el Estado: la famosa “puerta giratoria”.

Las iniciativas normativas para pararle la mano a este juego de monopolio peruano moderno -que entre 1991 y 2016 movió más de US$ 81 mil millones- han sido diversas desde hace años en el Perú, pero hasta ahora no se concreta ninguna regulación como en las grandes potencias: “en Estados Unidos y Europa no sucede (la alta concentración económica) porque el ordenamiento legal vigente se opone a que haya posiciones de dominio. ¿Para qué? Para que no se pueda abusar de la posición de dominio (…) allá los legisladores prevén que quien tenga una posición de dominio lo más probable es que abuse de ella”, comenta el investigador Humberto Campodónico.

Qué pasó con las iniciativas antimonopolio

Las iniciativas antimonopolio datan del 2005, con una propuesta apoyada por Indecopi y siete años después, con un proyecto de ley propuesto por Jaime Delgado. Pero no es hasta bien entrado el 2016, con tres iniciativas legislativas -de Yonhy Lescano (Acción Popular), Jorge Del Castillo (Apra) y Marco Arana (Frente Amplio)- que por fin, y solo tras el reciente escándalo farmacéutico, pareciera irse en el sentido correcto.

¿Por qué no han avanzado estas iniciativas?

El Pleno del congreso, de mayoría fujimorista, acordó en 2016 no someterlas a debate y pasarla a la Comisión de Economía, presidida -en ese momento- por la congresista Mercedes Aráoz, quien, a sugerencia del ministro de Economía, los envió al grupo de trabajo de Pro Inversión y Generación de Empleo. El congresista Lescano ensaya una interpretación: “(…) ¿por qué no salió la ley? Porque Fernando Zavala era el premier y la presidenta de la comisión de economía era Aráoz, y en la otra orilla estaba el señor José Chlimper (…) aquí existe una verdadera componenda”. Según reseña Américo Zambrano, de Hildebrandt en sus trece, la puerta giratoria es el meollo del asunto: “un vocero del gobierno afirmó que Zavala dejó de ser director de Interbank cuando asumió el premierato, (pero) no ha aclarado si ha vuelto como miembro del directorio del Interbank, la casa matriz de este negociado con visos monopólicos”.

¿Y la comisión de Defensa del Consumidor del Congreso? Hasta antes del escándalo, era un saludo a la bandera, como se comprobó en noviembre último, cuando su presidente, el fujimorista Miguel Castro, prácticamente expulsó al representante de la OPS/OMS en el debate sobre el etiquetado de la llamada “comida chatarra”, donde se sabe, se cuecen grandes intereses de la industria alimentaria.

Hasta ahora nuestros representantes no han querido ir mucho más allá del artículo 61° de la actual Constitución que dice a la letra: “(…) el Estado facilita y vigila la libre competencia. Combate toda práctica que la limite y el abuso de posiciones dominantes o monopólicas. Ninguna ley ni concertación puede autorizar ni establecer monopolios (…)”; solo una ley que limita la concentración empresarial en el sector eléctrico, la Ley 26876, lo que merece, como suscribe el expresidente del BCR, Jorge Chávez, “un jalón de orejas (al Congreso) porque ha demorado años en aprobar un proyecto de ley que ha estado recontra masticado y discutido”.

¿Solución a la vista?

El escándalo mediático farmacéutico ha sido de tal magnitud que ha empezado a forzar a diversos actores de la farándula neoliberal peruana a empezar a traicionar su fundamentalismo de larga data.

Por ejemplo, la ministra de Economía, Claudia Cooper, que hace tan solo cuatro meses se oponía a regular las concentraciones con el sambenito de siempre: “la inversión privada en el Perú que es la que crea empleo formal, es justamente la que se va a sentir afectada por este tipo de norma”, hoy, ante la avalancha de críticas, por fin aceptó que hay que hacer algo al respecto: “Un sector como el nuestro tiene que atacar cualquier iniciativa de abuso de posición de dominio (…) eso no genera competencia, no genera mercados eficientes, y no genera crecimiento”.

Por su parte, el presidente de la comisión de Defensa del Consumidor del Congreso, alertado por el escándalo, disfrazó de indignada solidaridad una reciente columna suya en un medio de la concentración privada: “por encima de los intereses económicos de las empresas, los legisladores estamos en la obligación de hacer prevalecer los derechos fundamentales que podrían ser afectados con la reciente compra de la cadena de farmacias antes mencionada, como podría ser el derecho a la salud”.

El escenario más optimista se avizora con la discusión en la comisión de Economía del Congreso de la República desde el próximo 28 de febrero del anteproyecto de ley para regular las concentraciones y fusiones elaborado por el congresista Jorge del Castillo -que dice haber recogido opiniones técnicas diversas-, el que se sumaría a la discusión en marzo a los presentados en la comisión de Defensa del Consumidor por Marco Arana y Yonhy Lescano.

El presidente de Indecopi, Ivo Gagliuffi, señaló a Semana Económica que necesitará de 5 a 6 millones de soles anuales para implementar el control previo -y entre 3 y 5 millones cada año- inversión mínima, según especialistas, en relación a los beneficios millonarios que podría recibir la población peruana al evitar los efectos dañinos de los monopolios.

Mientras tanto, ¿habrá que seguir padeciendo los efectos de estas concentraciones sin límite?

Dos medidas básicas podemos tomar los ciudadanos mientras se aprueba una buena ley de control previo de fusiones y adquisiciones: estar informado respecto a las marcas de los cuasi-monopolios y oligopolios para elegir otras opciones no concentradas y exigir que nuestros representantes (congresistas) realmente representen nuestros intereses y de una vez por todas, pongan límite a la alta concentración económica. Sigamos atentos.

————

 José Carlos Lama es Doctor y Máster en Ciencias Políticas por la Universitat Autònoma de Barcelona e Ingeniero Químico por la Universidad Nacional de Ingeniería. Tiene además estudios de posgrado en Economía (PUCP) y en Dirección de Proyectos Medioambientales (EOI) y ha sido consultor experto en cooperación técnica internacional (Fondo Contravalor Perú Alemania). Es docente e investigador en desarrollo con enfoque comunitario sostenible en Aldea-Comunidades y codirector del medio comunitario Wayka.