Jesús Cossio

El fundador del cómic periodístico publicó el 2020 este libro que desde hace unos meses circula ya en librerías locales. Si en anteriores cómics Sacco nos mostraba las complejidades de los conflictos en Palestina y los Balcanes, para realizar “Tributo a la tierra” (Reservoir Books), se adentró en los alejados territorios del noroeste de Canadá recogiendo testimonios sobre los conflictos ambientales que surgen entre las industrias extractivas del petróleo, el gas y diamantes y la población nativa, teniendo como fondo el proceso de colonización padecido por las tribus aborígenes de Norteamérica desde la llegada del hombre blanco hace unos siglos.

Afortunadamente (y como es habitual en sus libros) Joe Sacco evita cuidadosamente el panfleto y los clichés. Partiendo de una sólida investigación que incluye entrevistas a habitantes de esas tierras agrestes -algunos a favor, otros en contra de las industrias extractivas-, activistas ambientales, líderes indígenas, jóvenes tratando de reconectar con los restos de su cultura, entre otros. Esos testimonios ganan fuerza gracias a los excelentes retratos que el autor hace de ellos. Hay una protagonista esencial: la naturaleza, la “tierra”, retratada en páginas notables (acaso las mejores del autor a la fecha) en la que vemos su cualidad agreste, hermosa, silvestre, contrastada con la huella de los humanos — tuberías, pozos, excavaciones, carreteras.


Leer y mirar las facetas de los conflictos ambientales en Canadá y sus innegables similitudes con Perú puede ser el mayor punto de interés para las y los potenciales lectores de este libro. Aunque personalmente las partes que más me conmovieron son las que narran el intento de asimilación cultural que realizó (léase: perpetró) el gobierno canadiense sobre generaciones de tribus nativas durante más de medio siglo. Recoge un puñado de historias sobre las escuelas de asimilación de Canadá, un cruel mecanismo “educativo” que separó a miles de niñas y niños de sus padres para internarlos en centros que tenían el propósito de borrar su herencia cultural y occidentalizarlos (por ejemplo, se les prohibía sus prácticas religiosas y hablar su idioma original). Páginas duras de leer pero necesarias para aprender de este caso de crueldad masiva elevado a política pública  – apenas hace unos meses se han descubierto centenares de tumbas clandestinas en algunas de esas antiguas escuelas de asimilación. 

“Tributo a la tierra” es un libro sobre resistencia. Así lo expresan los fragmentos dedicados a las historias de vida de mujeres y hombres que sobrevivieron a la pobreza, adicciones y violencia doméstica que la marginación contra los nativos americanos ha generado históricamente en Canadá y que ahora tienen el propósito de reivindicar las tradiciones que el Estado quiso extinguir o buscan trabajar colectivamente en los problemas que no se resuelven únicamente con el dinero que las compañías extractivas ofrecen para explotar sus territorios: resistiendo también en nombre de lo que queda de naturaleza, animales y plantas ante aquello que Adrianne Rich llama “ese agujero sin excavar llamado civilización”.