Jesús Cossio comenta sus impresiones de «La niña no mirada», exposición de los dibujos de Marisa Godínez realizados entre el 2017 y 2021. La muestra se mantiene hasta el 27 de marzo en la Sala Luis Miró Quesada Garland, de Miraflores.

Jesús Cossio

Se exhibe en la Sala Luis Miró Quesada Garland de Miraflores la serie de dibujos “La niña no mirada” de Marisa Godínez, ilustradora que ha tenido largos periodos de silencio creativo desde que publicó a inicios de la década de 1980 en Monos y Monadas y luego espaciadamente en folletos de Flora Tristán a lo largo de esa década. Hasta su inclusión hace unos años en la antología de humor gráfico “Buuuum!”, era difícil acceder a sus viñetas e ilustraciones, satíricas en un sentido melancólico y poco deudor de la coyuntura política de actualidad.

Afortunadamente esta muestra (con la curaduría de Alfredo Villar y Jorge Villacorta) nos presenta una treintena de dibujos actuales, todos en tinta china y plumilla con ocasionales toques de color. Doble acierto, entonces: ver una muestra que entiende el dibujo en su cualidad expresiva y evocativa  respetando su autonomía como lenguaje; y reencontrarnos con las imágenes de Marisa Godínez, hasta hace poco invisibilizada en los recuentos de autores de su generación. 

La serie aquí presentada permite acompañar a la autora en la exploración de sus temas recurrentes: el matrimonio, la maternidad y la niñez. El matrimonio como cerco patriarcal y sancionador del modelo masculino de proveedor y sostén de la mujer a costa de la autonomía existencial de ésta; la maternidad como espacio contradictorio de ternura y de mandato social; la niñez como lugar del primer desconcierto frente al mundo y los otros/otras. Godínez no los trabaja en clave de humor tradicional, prefiere ya la imagen que se equilibra entre la melancolía y una pátina satírica, ya la ilustración fantástica (incluso surrealista) que no abandona la referencia costumbrista ni disgrega la alusión a la clase media de álbum familiar


En una de sus prosas, Borges afirma que la ambigüedad es una riqueza. Algunos de los más bellos dibujos de Marisa Godínez demuestran la certeza de ese dictamen: una madre protege a sus hijos con sus brazos convertidos en tupido follaje, que a la vez enmaraña la movilidad (y acaso, la voluntad) de éstos; dos mujeres esperan acompañadas de una espléndida rosa a la que también parecen sostener y proteger. Otras ilustraciones sugieren algo inquietante, sutil, que interpela a quien mira pero no lo amenaza: niñas y niños que se cubren el rostro para la foto carnet, negando esa falsa identificación del rostro neutro asociado a los apellidos (la sanción social, nuevamente). Lo orgánico también figura en un grupo de dibujos de plantas y helechos, y el motivo de la vegetación es recurrente en casi todas las ilustraciones de la serie como símbolo de aquello que se transforma, que vive, de un modo callado e inmóvil —crítica al rol tradicional de la mujer en el capitalismo conservador. 


Recomendable visitar esta serie de dibujos, y con mayor razón quienes trabajen con el dibujo y las imágenes para así aprovechar en estudiar sobre originales la buena técnica de Godínez con la tinta china aplicada a texturas y tramas. La muestra se mantiene hasta el 27 de marzo en la Av. José Larco 450 de Miraflores todos los días a partir de la 1:00 p.m.