La Bienal de Venecia, la exposición de arte más famosa del mundo que se celebrará entre abril y noviembre del 2024, vuelve a estar en el foco de la opinión pública luego de que el diario El País hiciera más visible el descontento de la elección de representante peruano en la bienal de Venecia.

Ya en agosto se había generado una ola de críticas contra el artista que representará al pabellón peruano en dicho evento internacional que destacará a artistas de diversos orígenes, brindando espacio y visibilidad a grupos históricamente marginados, como inmigrantes, expatriados, personas queer e indígenas.

Como se recordará, en agosto de este año, un jurado del Patronato Cultural del Perú —institución privada que convoca a concurso y elige a los representantes de la Bienal— conformado por trece personas (12 limeños y 1 paraguayo), dio como ganador al fotógrafo limeño Roberto Huarcaya.

Tal selección originó una ola de críticas ya que en segundo lugar quedó “Koshi Kené”, un proyecto con título en shipibo-konibo, una de las lenguas originarias del Perú, y liderado por Olinda Silvano, una mujer amazónica cuya trayectoria personal y artística trasciende ya que lleva el kené a todas partes, como Lima y otras ciudades.

«¿Será esta propuesta adecuada para responder a la llamada de la Bienal de Venecia que, por primera vez sugiere traer la mirada interna de los pueblos originarios?», se preguntaba la antropóloga Luisa Elvira Belaunde en una columna sobre la obra «Cosmic Traces» de Huarcaya, la cual se trabajó en la selva y que consiste en capturar sombras de la naturaleza en papeles fotosensibles de gran formato.

Para Elvira Belaunde: «Mientras el fotograma roba las sombras de los seres y produce réplicas de sus formas, el kené no produce réplicas de las figuras externas sino traza los circuitos energéticos que animan a los seres interconectados en las mallas de luz del cosmos. Los diseños kené son verdaderos “rastros cósmicos” que infunden vida alrededor. Son obras de arte creadas por la inteligencia aprendida con las plantas y la cuidadosa destreza de los pueblos indígenas, aquellos que la Bienal de Venecia de 2024 llamó a celebrar».

Por otro lado, la historiadora del arte Patricia Ciriani, miembro del jurado que se opuso a la propuesta de Roberto Huarcaya, declaró al diario El País: «Es como aceptar que no tenemos mucho más que ofrecerle al mundo. Su equipo curatorial es impecable, pero es un proyecto que Huarcaya recicla desde el 2014. Además, es exactamente lo opuesto a la ruta que traza Pedrosa (comisario de la exposición) de revalorar a los artistas marginados e impulsar que los pueblos originarios hablen desde su perspectiva en lugar de hablar por ellos. Qué es lo que hace Huarcaya desde Lima: ir a la Amazonía y tomar una huella fotográfica. Es como otra forma de reproducir la predación de los recursos originarios”.

En agosto, Ciriani había escrito en sus redes sociales: «El Perú pudo hacer historia, y tener a Olinda Silvano como primera artista mujer, primera artista shipiba-coniba, representando al Perú en la primera Bienal de Venecia curada por un latinoamericano, con perspectiva netamente decolonial».

El periodista Marco Avilés también se pronunció en sus redes al respecto: «El jurado, tras dos votaciones reñidas, eligió finalmente a Huarcaya, un fotógrafo limeño con una trayectoria larga en su oficio y como director del centro de la imagen. Es decir, alguien muy afincado en el establishment artístico limeño, lo cual no es para nada malo en sí, pero sí se vuelve un dato problemático cuando se lee en el contexto de la composición del jurado».

Hace días Huarcaya y un miembro de su equipo Alejandro León dieron una entrevista para El País sobre este tema.

“La propuesta curatorial nos habla del otro, de la otredad desde el plano de la migración, pero también de planos no tan literales», dijo Huarcaya para defender su propuesta.

“Respetamos las críticas, pero el tema de la bienal no son los pueblos originarios. Y no es un requisito ni en el concurso nacional ni en la bienal. El tema es ser extranjero en todas partes”, dijo León. Y añadió sobre el título en inglés de la obra de Huarcaya: «Esto puede ser cuestionable y nosotros somos conscientes. Pero el inglés es el idioma que más se usa internacionalmente en el mundo del arte contemporáneo y uno de los idiomas oficiales en Venecia”.

Es necesario recordar que la edición del 2022 de la Bienal de Venecia abordó una temática de gran cuestionamiento sobre la centralidad del «hombre blanco en la historia del arte y la cultura».