En un contexto en el que hacer festivales o muestras de cine en un país como el nuestro es sumamente difícil; la presencia del Oufest Perú, Festival Internacional de Cine Gay Lésbico Trans de Lima, enarbola la cualidad de la persistencia. Junto al festival de la Pontifica de la Universidad Católica, es uno de los eventos de cine más antiguos de la capital, y que sobrevive gracias al apoyo privado y el compromiso de su equipo organizador.

Este 2019, el Outfest Perú cumple 16 años, tiempo en que se ha afirmado como espacio de diversidad y activismo, sin recibir apoyos económicos del Estado. Toda una hazaña, más aún cuando hace poco se confirmó que ya no habrá edición del Lima Independiente, otro evento emblemático de cine diferente en el país, y que hizo posible la llegada del ganador de la Palma de Oro en Cannes, Apichatpong Weeresethakul y del portugués Pedro Costa, mejor director en Locarno. En medio de esta mala noticia, que festivales como el Outfest sobrevivan año a año -pese a este desinterés por preservar los espacios culturales del país- se tiene que visibilizar más.

En la jornada de inauguración, el director del festival, Rolando Salazar, dijo algo importante más allá de los agradecimientos usuales a las instituciones que aportan a la realización del evento: que si alguna vez obtienen fondos públicos, esto no modificará su modo de acercarse a la ciudadanía y de programar films. “Seguiremos cabras”, fue en resumen lo que dijo el director ante los aplausos del público asistente. Y esta frase es importante, porque el festival ratifica su posición editorial, de tratar de cambiar un sentido común en una sociedad muy conservadora que suele ver las gestiones culturales de la comunidad LGTBI como anexos de carnavales multicolores. Lo que el Outfest confirma con cada edición es una urgencia por expandir las experiencias de la diversidad en el cine y el audiovisual y no solo desde panfletos o propagandas pro derechos de la comunidad, con apuestas estéticas que escapan al influjo de la agenda de las ONG. Por ejemplo, desde hace algunos años, el Outfest Perú ha tratado de mejorar su sentido de selección de las películas y logró con ellos momentos cumbres, como cuando la maravillosa comedia Mommy is coming (2012) de Cheryl Dunye, la cineasta y activista de Liberia que vive en Filadelfia, obtuvo el premio a mejor película en una edición anterior.

Este año, el punto de quiebre es la visita del cineasta canadiense, Bruce LaBruce, héroe contracultural e icono del queercore, movimiento con filiación al punk y muy crítico con la misma comunidad gay conservadora. Y su The Misandrists es el plato de fondo del festival, ya que se trata de una obra sumamente satírica y controversial sobre el feminismo radical, y que en ojos del canadiense es napalm puro. Un grupo terrorista de mujeres planea ataques contra el patriarcado en algún lugar de Ger(wo)many, y lo hace en las instalaciones de un convento en medio del bosque, regentado por una monja que tiene pinta de sadomasoquista y amante del bondage. Estas mujeres que son expuestas por LaBruce como fetichistas, anarquistas, anticapitalistas, antineoliberales, también frívolas, pero como líderes políticas de esa revolución urgente y que admiran a Emma Goldman y a otras iconos históricas feministas, se ven afectadas por la llegada de un activista marxista, a quien hay que «operar».

En días en que en el Perú, la transfobia asoma como marca de feminismo radical, aparece esta película que podría dar luces para desbaratar o acompañar argumentos y de cómo alguien como Bruce LaBruce lo puede poner en pantalla, sin temor al tomatazo, y al comentario hostil. Y esto es logro, o milagro, del Outfest Perú.