Por Pedro M. Llanos

Aldo Mariátegui (AM) sostiene en una reciente columna que la pobreza aumentó el 2017 porque “la riqueza ha disminuido (o, en el mejor de los casos, se ha quedado estática frente al aumento poblacional)”. Y la causa de esta disminución absoluta o relativa de la riqueza estaría en que Marco Arana y el Frente Amplio (FA) impidieron el desarrollo de varios proyectos mineros. Más allá de que esta idea sobreestime sobremanera las capacidades de organización y movilización de la organización política de Arana, creo que sería altamente educativo revisar si estas ideas resisten un análisis detallado.

En primer lugar, para que la riqueza nacional se reduzca, la variación del PBI real per cápita debió haber sido negativa en algún momento de los últimos años. Un rápido examen a las estadísticas disponibles nos muestra que este no ha sido el caso: aun cuando ha habido una desaceleración en el crecimiento, el PBI per cápita en soles reales del 2007 ha crecido a un promedio de 2% anual entre el 2014 y el 2017. Desde allí se empieza a desmoronar el argumento de AM: aun considerando el crecimiento poblacional, la riqueza ha seguido aumentando y, a pesar de ello, se ha producido un rebrote de la pobreza.

Perú (2004-2017): PBI real per cápita y Variación Porcentual respecto al año anterior
(En soles de 2007 y porcentaje)

Fuente: BCRP; INEI. Elaboración propia.

El segundo argumento es que específicamente ha sido la “parálisis” del sector minero lo que ha generado este nuevo avance de la pobreza. Sin embargo, podemos ver que mientras el PBI minero per cápita se mantuvo relativamente estable en términos reales en el periodo de mayor reducción de la pobreza (2005-2014), su reciente boom productivo, que procura compensar con una extracción más intensiva la caída de precio de los commodities, ha coincidido con el repunte de la pobreza. En el sentido opuesto, pareciese que la pobreza se reduce cuando despega el sector manufacturero, y cuando éste entra en crisis, la reducción de la pobreza se frena. Cabe destacar que desde este punto de vista macro, el activismo del FA y Marco Arana parecieran tener muy pocos efectos tangibles sobre la marcha general de la actividad minera (y de la pobreza).

Perú (2004-2017): PBI real minero y manufacturero
per cápita e incidencia de pobreza monetaria
(En soles de 2007 y porcentaje)

Fuente: BCRP; INEI. Elaboración propia.

En base a estas primeras ideas, podemos realizar un rápido análisis de correlación y hallar que la variación de la pobreza monetaria y la variación del PBI extractivo (minero e hidrocarburífero) no se encuentran asociadas a nivel estadístico. Al parecer, mejores predictores de la reducción de la pobreza podrían ser la marcha PBI per cápita de la manufactura o el de la economía en general (que incluye a otros sectores clave como son la construcción o los servicios).

Perú (2005-2017): Análisis de Correlación entre Crecimiento
de Sectores Económicos y Reducción de la Pobreza

Fuente: BCRP; INEI. Elaboración propia.

La razón detrás de esto es que lo que mejor predice las diferencias en los niveles de pobreza entre las regiones es la extensión del trabajo asalariado. Contrarias a las ilusiones populistas de izquierda y de derecha que romantizan a los pequeños emprendedores o a los pequeños agricultores, es el trabajo dependiente el que se correlaciona con menores tasas de pobreza. Y dado que la minería genera muy pocos empleos directos, no es casualidad que regiones bastante virreinales (i.e. que combinan minería y agricultura tradicional) se encuentren entre las más pobres.

Perú (2015): PEA Asalariada e Incidencia de Pobreza Monetaria
(En porcentajes)

Fuente: INEI. Elaboración propia.

Entonces, si en algo podemos concordar con Aldo, es que “el mejor programa social es un buen puesto de empleo, no una repartija de poco dinero”. Precisamente por eso, es necesario apoyar a sectores económicos distintos al sector minero, ya que éste, a pesar de sus inversiones y utilidades millonarias, emplea a muy poca mano de obra (alrededor de 1% de la población ocupada a nivel nacional). Sectores como la manufactura, el comercio, y la construcción tienen como ventaja no solo la generación de muchos puestos de trabajo, sino que además son sectores con productividad laboral intermedia (i.e. generan la riqueza que tanto echa de menos AM) y aportan importantes sumas de dinero al tesoro público.

Perú (2016): Productividad Laboral y Participación
en el Empleo Total según Ramas de Actividad Económica
(En Miles de Soles de 2007 y porcentajes)

Fuente: Informe Anual de Empleo en el Perú ENAHO 2016. Elaboración: MTPE

 

En suma: peores que cualquier “invasor extranjero” que Aldo M pueda evocar en sus columnas son los opinólogos sin más luces e ideas que decirle “chicheñó” a lo que el mercado mundial nos dice que hagamos (i.e. exportar oro, cobre, espárragos y uvas). Los países que se han desarrollado son aquellos que se han rebelado ante la teoría de la “ventaja comparativa” y se han resistido a ser meras despensas de alimentos y materias primas para otras potencias económicas. Experiencias como las de China o Corea del Sur demuestran lo que los pueblos que han emprendido un camino autónomo de industrialización pueden lograr en términos de crecimiento y desarrollo humano. Solo aprendiendo de ellos podremos abandonar la mohosa consigna de “Perú: País Minero” para dar paso a una aspiración real de progreso y prosperidad compartida: “Perú: País Industrial”.

 

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