De Tacna a Tumbes: frente al retroceso antiderechos, redes feministas apuestan por la prevención primaria de la violencia
Por: Silvia Bardales Q.
Desde la macroregión norte hasta la Amazonía y el sur andino, colectivas feministas vienen apostando por la prevención primaria de la violencia como una estrategia política para transformar territorios atravesados por el machismo y los discursos antiderechos. Leslie Chira, desde el norte del país, destaca que el fondo MAP les permitió “reconocernos como macroregión, identificar necesidades comunes y también a los grupos fundamentalistas que operan en nuestros espacios”, resaltando la importancia de la articulación regional frente al avance conservador. En Tacna, Fedra Rodríguez subraya que trabajar con adolescentes fue clave porque “la información que debería estar garantizada por la escuela muchas veces está negada”, y abrir estos espacios permite cuestionar estereotipos antes de que se conviertan en violencia. Mientras tanto, en Ucayali, Verita Ramos enfatiza que “es muy importante que aprendan a reconocer los tipos de violencia desde muy pequeños”, defendiendo la Educación Sexual Integral desde una perspectiva artística e intercultural. Las tres coinciden en que educar, crear redes y ocupar el espacio público no solo previene agresiones futuras, sino que fortalece la democracia local en un escenario político adverso.
En un contexto marcado por el avance de discursos antiderechos y restricciones normativas que afectan a organizaciones sociales en el país, colectivas feministas y LGTBIQ+ de distintas regiones del Perú culminaron procesos impulsados por el fondo Movilízate, Articula y Participa (MAP), una iniciativa orientada a fortalecer la participación ciudadana y la prevención primaria de las violencias.
Macroregión norte: articular para enfrentar el discurso antiderechos
Desde la macroregión norte, Leslie Chira Barreto, directora de la organización Generación Orgullo e integrante de la Red Norte Feminista Queer, lideró un proceso de articulación con ocho organizaciones de Tumbes, Piura, La Libertad y Áncash. El proyecto se centró en la creación de una Escuela de Argumentación y Debate Feminista, diseñada para enfrentar discursos de odio, desinformación y fundamentalismos que han ganado presencia en el debate público.
“MAP nos permitió no solo trabajar en nuestro territorio, sino reconocernos como macroregión norte, identificar necesidades comunes y también reconocer a los grupos antiderechos que operan en nuestros espacios”, señala Chira. La escuela culminó en octubre de 2025 con un encuentro macrorregional en Piura, donde activistas construyeron acuerdos que hoy se traducen en la Agenda Colectiva por la Igualdad 2026, un documento que busca comprometer a candidaturas regionales y locales con demandas vinculadas a derechos de mujeres y diversidades.
Sin embargo, la implementación no estuvo exenta de tensiones. Chira advierte que el contexto político desde 2023 ha implicado un ‘golpe fuerte’ para las organizaciones emergentes, especialmente tras modificaciones normativas que han restringido el acceso a financiamiento y limitado la capacidad de defensa legal en casos de vulneración de derechos. “Muchas organizaciones hemos tenido que reestructurarnos. Incluso se ha reducido la participación en espacios públicos por temor a hostigamiento o persecución”, explica.
Entre los hechos más concretos que enfrentaron, menciona la vandalización de un mural en La Libertad que promovía el respeto hacia mujeres y diversidades, así como dificultades para acceder a espacios públicos donde realizar talleres debido a resistencias institucionales o falta de garantías para identidades LGTBIQ+. “Aun cuando se aclaran los malentendidos, los espacios se sienten hostiles. Existe una percepción alimentada por normas y discursos que buscan limitar nuestra presencia en lo público”, sostiene.
Para la activista, el mayor aprendizaje del proyecto fue comprender la importancia de la articulación territorial. “Estos fondos no solo financian actividades, sino que fortalecen redes y nos obligan a pensar estrategias comunes frente a un escenario electoral convulsionado”, afirma.

Tacna: prevención primaria desde las aulas
En el sur del país, en Tacna, la experiencia tuvo un enfoque distinto pero complementario. Fedra Rodríguez, integrante de la Multisectorial de Mujeres de Tacna (MULTITAC), coordinó un proyecto de prevención primaria de la violencia en un colegio del distrito Gregorio Albarracín. Durante dos años, trabajaron con adolescentes de tercero, cuarto y quinto de secundaria en talleres vivenciales sobre educación sexual integral, salud sexual y reproductiva, y desmontaje de micromachismos cotidianos.
“Las jóvenes mostraron desde el inicio la necesidad urgente de estos espacios. Información básica que debería estar garantizada por la escuela muchas veces está negada”, explica Rodríguez. Alrededor de 25 adolescentes por año participaron en el proceso, que incluyó la creación de murales, campañas internas y la organización de una feria informativa abierta a la comunidad.
El proyecto logró articular con autoridades educativas, la municipalidad distrital y espacios de la instancia regional de concertación contra la violencia. Para Rodríguez, esta apertura institucional es una oportunidad que debe consolidarse. “No se necesita un presupuesto enorme para generar impacto. Si esta experiencia se multiplicara en más colegios, veríamos resultados significativos en la reducción de violencias”, señala.
Además del trabajo en aulas, el proyecto incluyó acciones de vigilancia ciudadana mediante solicitudes de información pública a instituciones como salud, educación y centros de emergencia mujer, para conocer qué acciones concretas se están implementando en prevención. Los resultados serán presentados en marzo.

Ucayali: arte, interculturalidad y ESI en territorio amazónico
“ESIstiendo” fue la propuesta impulsada por Verita Ramos, directora de la batucada feminista Las Arítmicas en Ucayali. El festival artístico intercultural articuló a población mestiza y shipiba en Callería, Manantay y la comunidad indígena de Puerto Firmeza (Yarinacocha).
El proyecto trabajó con alrededor de 30 niñas, niños y adolescentes por zona —entre los 8 y 17 años— en talleres de Educación Sexual Integral, autoestima, proyecto de vida y prevención de la violencia, integrados con teatro, percusión y muralización. “Es muy importante que aprendan a reconocer los tipos de violencia desde muy pequeños”, señala Ramos, quien advierte que en estas comunidades se identificaron embarazos adolescentes, violencia física y psicológica, así como situaciones de acoso escolar y familiar.
A diferencia de otras intervenciones concentradas en zonas urbanas céntricas, “ESIstiendo” priorizó territorios donde el acceso a espacios formativos suele ser limitado y donde las brechas culturales y geográficas profundizan la desinformación. Ramos subraya que llevar la ESI hasta comunidades indígenas y barrios periféricos implicó reconocer que la prevención también debe ser intercultural y territorializada. El festival incluyó expresiones artísticas con identidad local y promovió que los propios adolescentes produjeran mensajes en sus murales, reforzando así la apropiación comunitaria y la continuidad del trabajo más allá del financiamiento del proyecto.
La iniciativa no solo fortaleció liderazgos juveniles, sino que dejó capacidad instalada: grupos de teatro, batucadas y colectivos de muralismo que continúan activos tras el cierre del proyecto. La articulación fue clave junto a Diversidad Ucayali y la organización indígena ORDEMI. “Lima no es todo el Perú. Las autoridades deberían ser más realistas y pensar qué pasaría si fueran sus propias hijas quienes enfrentan esta violencia”, enfatiza Ramos.

Prevención primaria: una estrategia urgente frente al retroceso
Estas experiencias coinciden en que la prevención primaria —actuar antes de que la violencia ocurra, transformando estereotipos y desigualdades estructurales— es una estrategia clave en un país donde las cifras de violencia de género continúan en aumento.
De cara al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, Rodríguez enfatiza que el desafío sigue vigente. “Tenemos que seguir combatiendo el patriarcado y el machismo desde la educación y la comunidad. La prevención primaria es fundamental para que disminuyan los números y el sufrimiento de mujeres, niñas y adolescentes”.
El proyecto MAP cuenta con el respaldo de organizaciones nacionales e internacionales comprometidas con los derechos humanos y la igualdad de género, entre ellas DEMUS, APRODEH, Wayka y CLADEM Perú, además del financiamiento de la Unión Europea. Estas instituciones impulsan y acompañan el fortalecimiento de la participación ciudadana y la prevención primaria de las violencias en el país.
Para las activistas, el cierre de los proyectos MAP deja redes fortalecidas, agendas políticas en construcción y una certeza compartida: en tiempos de retroceso, la articulación territorial y la educación feminista siguen siendo herramientas indispensables para sostener la defensa de derechos en el Perú.
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