Ya sabemos que en Perú las cosas pueden cambiar de un minuto al siguiente. Noticias que parecían potentes, se vuelven segundas planas a la velocidad de la luz, en un país donde no existe el aburrimiento político, para bien y para mal de la ciudadanía.

En las últimas 72 horas hemos sido testigos de este fenómeno. Tras el cebo lanzado (estratégica y tácticamente, más allá de si te gusta la estrategia gubernamental) por Castillo, hemos visto a los adalides de la democracia peruana hacer una representación de Mario Vargasllosismo 2.0.

Del “nunca con la dictadura” a “votemos por Fujimori” no se regresa. Eso se lo dijimos a Vargas Llosa nosotros y también un vasto contingente de quienes siempre fueron cercanísimos a él, por ideología, relación con el mundo de la cultura o respeto histórico.

Pues bien, en menos de lo que dura un fin de semana, hemos visto una mutación del significante ‘democracia’ con argumentos tan sólidos como los del fujimorismo de la segunda vuelta (o sea, como un suflé pasado) cuando nuestros Vergaras, Palacios, Alvarez Rodrichs, Tafurs y etcéteras, han pasado del “respetemos lo que ha votado el pueblo” al “toca evaluar una vacancia porque ese gabinete ministerial no nos gusta. A ello debo añadir, creo que pueden enmendar y espero que lo hagan.

Se los pido de la misma manera que ellos pidieron a Castillo hacerlo. Porque, si no te gusta un ministro está bien ir a por él, denunciarlo y presionar por su cambio, pero el salto mortal entre eso y proponer la vacancia de un presidente por ministros suyos es, efectivamente, mortal (contra la democracia).

En 72 horas la disputa entre dos polos -intencionada o no por el Gobierno (podemos discutir esto)- se ha logrado. Y tiene que ver, en buena parte, con la novedad de estos tiempos políticos en Perú. Sí, la novedad. ¿A qué me refiero? A que si algo está quedando retratado, a una velocidad abrumadora, es la inexperiencia de buena parte de nuestras “derechas responsables” (que las hay/había) en el ejercicio de la oposición democrática a un gobierno.

Ojo, no creo que sea porque son antidemocráticos de manual (tal vez algunos, no todos), sino a que sencilla y llanamente nunca, jamás, han sido oposición en un país donde con nombres propios distintos y rostros variables, siempre han gobernado los mismos.

Por primera vez, estas derechas tienen entre manos la labor de hacer oposición y, como suele ocurrir con cualquier novato en cualquier espacio, salta la torpeza política a la vista.

Me permito recomendarles, utilizar este Domingo para reflexionar. Todo bien con detenerse y pensar más agudamente ciertos pasos y sobre todo ciertos conceptos. Por ejemplo, que la democracia es aquel sistema en el que la mayoría decide con su voto, quién y cómo gobierna un país. Esto no solo para una juramentación, que después, abra la puerta a renunciar a los compromisos adquiridos durante una campaña electoral como nos malacostumbraron algunos (sí, pienso en Humala).

También, podrían usar este domingo, para elaborar un plan de acción con miras a ser una oposición democrática porque es necesario que exista oposición (y oposiciones) a este, como a cualquier gobierno. Y hay formas de hacerlo dentro de los cauces democráticos, a través de herramientas como la fiscalización institucional, la movilización popular, la articulación de agendas y demandas para conseguir incidencia política, el debate público en espacios de poder como son los medios de comunicación, etc. Sobre esto último, algo podrían aprender de las izquierdas y de los movimientos sociales que llevan décadas siendo oposición con aciertos y errores.

Cuidado con los pasos en falso, con la hipervelocidad, en tiempos que requieren finura y, en ciertos casos, con iniciar caminos vargasllosianos de los que ya no se puede regresar nunca más. Ojalá no pasemos de usar polos con el “yo te vi defender a Keiko” a polos con el “yo te vi pedir una vacancia 72 horas después de una juramentación”.

Finalmente, algo que no habíamos advertido con tanta claridad, es que en esta inexperiencia y torpeza de las derechas, en su ala liberal/moderada (de la ultra se espera menos que nada) puede estar la gran ventaja de que Pedro Castillo inicia su gobierno con una correlación de fuerzas y equilibrios tan delicados, como difíciles a la interna de su gobierno. Hoy, torpemente, la derecha ha contribuido a fortalecer estas alianzas. Ya lo dice el refrán: uno no sabe para quien trabaja.