Por Graciela Tiburcio Loayza

Pamela* había cumplido 15 años cuando comenzó a notar su vientre ligeramente abultado. No menstruaba desde hace tres meses, aunque no le tomó mucha importancia pues, al ser sus primeros periodos, era común tener un retraso. Fue su madre quien prendió la alerta al verla constantemente cansada y con mareos. Tras una espera angustiante, la prueba de embarazo dio positivo. Desde entonces, su vida se enfocaría completamente a la maternidad.

En su casa prefabricada de 10 m2, erigida en medio de un depósito chatarrero en lo que antes era la Parada del distrito de La Victoria, Pamela tuvo que cuidar a su hijo sin la posibilidad de culminar sus estudios escolares. Han pasado dos años desde la fecha en que su madre la llevó a la farmacia para comprar el test de embarazo con las pocas ganancias de reciclaje del día, recordarlo la hace avergonzarse y agachar la mirada.

Fue como si mi vida se interrumpiera. No pude terminar mi colegio porque tenía que trabajar para el bebé. A veces ayudaba a mi mamá con el triciclo (de reciclaje), pero eso no alcanza. Otras veces era mesera. Se complica también, el bebé no puede estar mucho tiempo sin mí. Hubiera sido mejor tenerlo después, ya estando yo más grandecita.

¿Alguna vez te hablaron sobre cómo protegerte para prevenir un embarazo?

No, nunca. En casa no decían nada de eso. En el colegio tampoco. Una vez fui a la posta y vi unos papeles pegados en la pared que hablaban del condón y esas cosas, pregunté por curiosa, ¿no? De chica una es curiosa, pero la señorita enfermera me dijo que no ande preguntando cosas de grandes.

¿Qué edad tenías cuando pasó eso?

14, unos meses antes de enterarme que esperaba a mi bebé. De haber sabido sobre esos métodos anticonceptivos que les llaman, quizás otro hubiera sido mi destino.

Su historia es la de miles de adolescentes. En Perú, la tasa de embarazos adolescentes se ha mantenido en un promedio de 12% durante los últimos 30 años, con cifras anuales que superan los 50 mil partos de jóvenes entre 15 y 19 años. Según las estimaciones, cada hora ocho adolescentes tienen un parto. Esta problemática afecta a todas y más aún a aquellas adolescentes que, como Pamela, viven en situación de pobreza o pobreza extrema.

Ellas enfrentan un escenario mucho más adverso en un país que destina mínimos recursos para los programas de planificación familiar y métodos anticonceptivos. Para todo el 2021, el Ministerio de Salud (Minsa) solo cuenta con un presupuesto de 10 céntimos por persona en estos rubros.

En Perú, el número de adolescentes embarazadas se ha mantenido en 12% por casi 30 años. Foto: Gabriela Modesto/Wayka

Presupuesto nulo

De acuerdo al presupuesto aprobado por la gestión de la exministra Pilar Mazzetti, la administración central del Minsa solo cuenta con un presupuesto de S/ 1 millón 281 mil 54 para “brindar información sobre salud sexual, salud reproductiva y métodos de planificación familiar”. Este monto, dividido entre los más de 7 millones de adolescentes y jóvenes (15-29 años), implica una inversión de 16 céntimos por cada uno.

Si agregamos al resto de personas adultas en edad reproductiva, el presupuesto sería mucho menor. El escaso recurso económico destinado a la planificación familiar en general no es una falencia nueva en el país. Los últimos tres años, los presupuestos han oscilado entre S/ 707 mil y S/ 1 millón y no todos los periodos cuentan con un aporte específico para adolescentes. 

En palabras de Matilde Cobeña, adjunta para la Niñez y Adolescencia de la Defensoría del Pueblo, la inversión del Estado para prevenir el embarazo adolescente es nada. “Es una vergüenza. Este es un problema histórico y pasa cada vez que se aprueba un plan en el país. Se delega a cada institución la responsabilidad de hacer uso de sus propios recursos (ya limitados) para los programas de prevención”, comenta la especialista en entrevista con Wayka.

Este abandono económico provoca que el personal de salud encargado de ejecutar las acciones de prevención tengan que ingeniárselas de mil formas para conseguir recursos suficientes e implementar campañas de educación sexual. Tal como cuenta la obstetra Layla Fernández, coordinadora de la Etapa de Vida Adolescente de la Diris Lima Norte.

“He tenido que recurrir a alianzas con organizaciones particulares para obtener fondos e imprimir los materiales que necesito para trabajar el tema de prevención y llegar a más adolescentes. El presupuesto suele asignarse solo como consejería, pero para adolescentes se necesitan fondos para un programa integral”, detalla la obstetra.

Al final, todo esto sí afecta directamente a la vida de las adolescentes, pues tienen menos opciones de encontrar información sobre educación sexual en los centros de salud. Si ya era difícil para ellas obtener información confiable y certera sobre sexualidad, con el inicio de la pandemia el acceso a atención médica en salud sexual y reproductiva se restringió aún más.

COMUNICADO N° 33 | DIRIS
La poca inversión para los programas de planificación familiar afecta la capacidad de los centros de salud para prevenir el embarazo adolescente

Sin prevención

La saturación de los centros de salud por el COVID-19 y el cierre de los consultorios especializados para adolescentes —donde obtienen información sobre sexualidad, psicología, orientación vocacional, etc.— ha repercutido considerablemente en el número de jóvenes que hacían uso de los servicios de planificación familiar. Por ejemplo, en Lima Norte se pasó de atender a 21 mil adolescentes por año, a solo 7 mil en 2020.

Esto debido a que de los ocho consultorios que antes de la pandemia estaban operativos, ahora solo funcionan dos. Los otros seis aún no pueden atender en horario continuo ni ofrecer el servicio médico completo. A nivel nacional, el panorama pinta igual. De acuerdo a data obtenida por Wayka, de 3 mil servicios diferenciados para adolescentes a nivel nacional en 2019, ahora solo hay 300.

Fernández comenta que el cierre de estos espacios médicos se debe, precisamente, por las estrategias que dispuso el Minsa en 2020 para atender la pandemia, las cuales no tomaron en cuenta los servicios de salud sexual y reproductiva. Recién en diciembre del año pasado, el Minsa aprobó la Resolución Ministerial N° 1046-2020 que detalla el paquete básico de cuidado integral que deben recibir las y los adolescentes en pandemia.

La norma precisa que la atención sobre planificación familiar y la entrega de métodos anticonceptivos para adolescentes debe brindarse en todos los establecimientos de salud, tengan o no un consultorio especializado. Sin embargo, en la realidad, esto no se cumple. Una evaluación de la Defensoría del Pueblo y el Fondo de Poblaciones para las Naciones Unidas (UNFPA) realizada en 2020, evidenció que el 48% de centros de salud desconocían las normativas que disponen la atención integral para adolescentes.

El desconocimiento de las normas, provoca que no se garantice el acceso a información sobre sexualidad. En varios casos, es el mismo personal sanitario quien niega la atención, como fue el caso de Pamela. En pandemia, esta negativa, sumada a la suspensión de los centros especializados, provocan un impacto mayor en la vida de las adolescentes.

De acuerdo al registro obtenido por Wayka mediante solicitud de acceso a la información al Minsa, 12 mil 265 adolescentes interrumpieron su suministro de métodos anticonceptivos en 2020. De 100 mil adolescentes que recibían anticonceptivos a nivel nacional en los centros de salud, el número se redujo a 89 mil.

Para Carmen Murguía Pardo, Analista del Programa en Adolescencia y Juventud del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), las consecuencias del restringido acceso a métodos de prevención durante la pandemia se verá a mediano plazo si no se prioriza la atención en salud sexual y reproductiva. La información, de la mano con métodos anticonceptivos y educación sexual logran prevenir el embarazo adolescente, tal como ya ha sucedido en los colegios El Nazareno y Benito Juárez con la reducción de los casos de embarazo.

La directiva n° 1046 del Minsa establece que, durante la pandemia, las y los adolescentes tienen derecho a seguir recibiendo orientación en salud sexual y reproductiva y métodos anticonceptivos. Imagen: Minsa

Cifra engañosa

Si bien Guillermo Atencio, encargado de la dirección de salud sexual y reproductiva del Minsa, informó que, en el 2020, el número de adolescentes embarazadas se redujo en 2%, esto no se debería a las políticas y programas de prevención implementadas por el Estado. Sino más bien, podrían deberse a la cuarentena y las restricciones de socialización que aún se mantienen.

Tanto Murguia como Cobeña, concuerdan que la cifra informada por Atencio debe analizarse a profundidad para determinar los factores reales que influyeron en ese descenso. Además resaltaron que de nada sirve anunciar como un logro la reducción de la tasa de embarazo adolescente, si en las zonas más vulnerables aún se registran numerosos casos, como Loreto donde hubo más de 3 mil partos en 2020.

Wayka solicitó una entrevista con Guillermo Atencio en reiteradas ocasiones y diferentes vías; pero la encargada de comunicaciones del Minsa, Margarita Arias, respondió que no podían atender nuestra solicitud por el cambio de gestión ministerial y que lo harían más adelante. Mientras esperamos que el Minsa responda nuestras consultas, otras miles de adolescentes como Pamela se convierten en una cifra más de la tasa de embarazo que Perú no puede atender.